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Arturo Xalambrí: uno tan loco como el Quijote

El Quijote del Plata, del Ballet Nacional del Sodre, cuenta la historia del coleccionista cervantino más importante de Uruguay

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08 de octubre de 2018 a las 05:00

Uruguay será testigo de uno de los estrenos más importantes del Ballet Nacional del Sodre (BNS), El Quijote del Plata, que nació de la galera de la creatividad cuando se tuvo que improvisar una alternativa a la gala que estaba planificada para este año. Con octubre como mes que recibe al Festival Cervantino de Montevideo, desarrollar alguna obra en este marco resultó la excusa perfecta, sobre todo si la temática cervantina tenía algún punto de conexión con el país. Es ahí donde aparece en esta aventura, el nombre del uruguayo Arturo Xalambrí (y el porqué de que este Quijote sea del Plata).

Con la firme convicción de que los libros eran la escalera al cielo, Xalambrí (1888-1975) dedicó su vida a alimentar una extensa biblioteca las obras de y sobre Miguel de Cervantes. Tenía un acervo aproximado de 3 mil ejemplares cervantinos; casi un tercio de ellos pertenecía a distintas ediciones de El Quijote de la Mancha. con todo, fue el mayor coleccionista cervantino de América Latina. De hecho, gracias a su colección –que actualmente está contenida en el Centro de Documentación y Estudios de Iberoamérica (CEDEI) de la Universidad de Montevideo– fue que en 2015 se nombró a Montevideo como ciudad cervantina.

El dramaturgo Santiago Sanguinetti se enfrentó al desafío de tener que narrar en base a la historia de alguien que no conocía, pero al investigarlo –según contó en conferencia de prensa– supo enseguida que se trataba de un “enorme y quijotesco personaje”. Más allá del dato numérico y la importancia a nivel intelectual de su colección, subyace la sensación de que Xalambrí no fue un mero coleccionista de libros, sino que llevó a tal grado su pasión por el papel que logró transformar eso en un ideal de vida. Y una vida regida por ideales, es una vida –para bien o para mal–, justificada.

Quien dijo que el Quijote estaba loco y quien piense ahora –luego de enterarse que tenía un mapa de su biblioteca con la ubicación de más de 12 mil libros– que Xalambrí también lo estaba, quizá debería cuestionarse: ¿qué es la locura?, ¿perseguir un ideal?

 

Primer encuentro

Una edición de 1897 de El Quijote de la Mancha con ilustraciones de Pahissa que le regaló su madre a los 9 años significó el punto de encuentro entre Xalambrí y la lectura sentida. Desde entonces tomó al valeroso y excéntrico caballero creado por la pluma de Cervantes como un referente que lo acompañaría de por vida. Tanto así que su propia existencia se fundió en la esencia misma de este personaje. Sumamente católico, se vio siempre motivado bajo su lema (y frase tallada en una de sus estanterías): “Idealiza la realidad, cristianiza el ideal, alcánzalo”, pero lejos de todo posible conservadurismo, su pasión por un Quijote tan libertario, dejó en evidencia que se cultivó fuera de todo dogmatismo limitante.

Su pasión por la lectura se transmitió a las siguientes generaciones. Adriana Xalambrí, sobrina nieta, hija de su único (y mimado) sobrino varón, contó a El Observador que para ella “decir Quijote, es decir Arturo Xalambrí”. Ella, que cuando Arturo murió apenas pasaba los 10 años, recuerda su niñez visitando a su tío abuelo en la última casa donde residió en San José de Carrasco. Recorrer su biblioteca “legendaria” suponía un paseo en sí mismo porque, además, el bibliófilo siempre estaba dispuesto a mostrar libros y contar historias a todos los niños de la familia. “Te transmitía las ganas de leer y el amor por los libros que es algo que está bastante presente ahora en muchos de la familia”, expresó Adriana. Quizás ese haya sido uno de los finales felices en su historia que, además, era fanático de los cuentos de hadas.

Xalambrí se casó por segunda vez luego de que falleciera su primera esposa y madre de sus dos hijas. Según contó su sobrina nieta, las dos parejas “le aguantaron la locura por la colección y su amor por la biblioteca”. Amor que se traducía en distintos ámbitos familiares como, por ejemplo, a la hora de elegir el nombre para una de sus hijas a la que le puso Wilborada, como la Santa Patrona de los bibliófilos. Casualmente, Wilborada estudió Letras. Su otra hija, Cecilia Teresa Xalambrí, era monja de clausura. Otro dato curioso tiene que ver con su padre, el zapatero de los presidentes que tuvo como clientes entre otros, al dictador Lorenzo Latorre y el general Máximo Santos.

La colección

Su colección quijotesca abarca un espectro temporal que va desde la edición de 1611 de Velpius de Bruselas (su volumen más antiguo y valioso de El Quijote) –a la que accedió gracias a su amistad con el coleccionista cervantino barcelonés, Juan Sedó Peris-Mencheta–, hasta ediciones de fines del siglo XX.  En japonés con bellísimas ilustraciones de un Quijote samurai, en castellano antiguo sobre grabados, en braile, sobre papel de corcho, en volúmenes extensos, en versiones cortas para niños y en más de 20 idiomas: a Xalambrí no le faltó casi ningún Quijote por descubrir. Incluso mandaba a traducir en los idiomas en que no existían versiones, como hizo, por ejemplo, con el capítulo 74 del cual obtuvo una réplica a mano en neo latín.

Desde el año 2000, todos esos libros, y gran parte de la colección cervantina que Xalambrí albergó en su casa, están al cuidado del CEDEI lugar al que su hija, Cecilia Teresa, decidió donarlos. “Cuando falleció Arturo era muy complicado mantener la biblioteca. Como no estaba catalogada, no podía ser abierta para que fueran investigadores y se empezó a perder el sentido porque nadie la usaba”, explicó Adriana Xalambrí. Y agregó: “La hija con las monjas clarisas –que eran las dueñas en ese momento de la biblioteca–, decidieron hacer la donación para que la tuvieran quienes la pudieran conservar y fuera usada”. De hecho, la colección cervantina se encuentra en un estado de conservación casi óptimo considerando que se trata de libros con cientos de años encima.

Daniela Vairo, bibliotecóloga encargada del CEDEI, destacó el valor artístico y patrimonial de los ejemplares y opinó que hoy es casi inimaginable que alguien pueda lograr una colección así. ¿Cómo hizo Xalambrí para conseguir todos esos libros? Según contó Vairo, el coleccionista tenía contacto con intelectuales y personalidades de Europa y América con los que se comunicaba a través de cartas. Y así, tejiendo redes de cortesía y amistades sostenidas bajo el amor hacia la palabra, este uruguayo recibió gran parte de las obras.

Segundo encuentro

“Cuando vimos en agosto la propaganda (de El Quijote del Plata) casi nos da un infarto”, dijo Adriana Xalambrí que contó que para su familia, el hecho de que el nombre de su tío abuelo figure en una obra del BNS es algo muy importante y valioso. Hasta ahora, la leyenda de esta personalidad uruguaya circulaba en ciertas movidas intelectuales o muestras y charlas puntuales, pero que sea convertido en un personaje de ballet, le da la visualización y reconocimiento que nunca tuvo. Además, la obra saldrá de Uruguay, lo que supone que el nombre de Xalambrí calará en distintos rincones del mundo. “Lamento que mi papá no esté vivo para verlo”, expresó con una importante carga emotiva su sobrina.

En esta ficción, que recreará el lecho de muerte de Arturo Xalambrí en el que sus dos hijas le leerán fragmentos de El Quijote para mantenerlo con vida, él y el hidalgo caballero se fundirán progresivamente, hasta el momento donde no se sepa quién es el Quijote y quién es Xalambrí. Y al final de cuentas ese seguimiento que este apasionado lector hizo de ese personaje en lo que suponían ser, mundos paralelos, terminó convergiendo realidad y ficción y hoy, ambos se encuentran en un mismo escenario, abrazados por la danza. 

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