Si hace siete meses alguien hubiera vaticinado que en febrero Donald Trump estaría primero en la interna republicana y que Jeb Bush estaría afuera de la contienda por la Presidencia de Estados Unidos, le habrían dicho que se hiciera ver por el médico. Así de inopinado, y hasta descabellado, es este escenario republicano que ha emergido tras las primarias del sábado en Carolina del Sur, donde el millonario outsider arrasó otra vez en las urnas; y el patricio, hijo de un expresidente, hermano de otro –y hasta hace unos meses, candidato cantado para enfrentar a Hillary Clinton en las presidenciales–, se hundió de un modo tan estrepitoso que debió abandonar la campaña.
Ascenso de Trump y caída de Bush
Marco Rubio es ahora la última esperanza para detener al magnate neoyorquino