El comportamiento en la vida cotidiana > Latinoamérica 21

Ayer, hoy y mañana

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12 de junio de 2020 a las 05:02

A los “adultos mayores” (se me escapó la terminología reciente) nos gusta hablar y comentar el pasado. Sin embargo, por un principio de dignidad y cortesía, he comenzado esta nota con un título pleno de poesía, al menos para mí.

Ayer lunes 8, las informaciones llegadas del otro lado del Plata, nos brindaron noticias en abundancia sobre un extraño hecho. El gobernó municipal porteño había levantado una prohibición. A partir de las veinte y hasta las ocho de la mañana del lunes, los habitantes metropolitanos podían salir de sus viviendas para expansionarse en las vías públicas y paseos.

A la televisión le faltó tiempo para mostrar imágenes. Padres y madres con sus hijos, jóvenes de ambos sexos y adultos mayores invadieron de inmediato los sitios públicos. La temperatura exterior no llegaba a los diez grados. No obstante y las fotos no mienten, los trajes de baño, (la malla de baño pertenece al pasado) produjeron lucimiento y también unos cuantos resfríos. Pero las porteñas y los porteños gozan ahora del derecho de pasear y practicar ejercicios físicos en la bien llamada “vía pública” y en horas de la noche.

A mí y en particular, me ha llamado la atención la invitación para el ejercicio físico en lugares públicos de ocho de la noche y hasta las ocho de la mañana siguiente. Se aproxima el invierno y no nos olvidemos de términos con corrección porteña. En Buenos Aires, bien cubiertos con tapados y camperas, no se nos ocurra decir que hace frio. Nos responderán: “Sí, está fresco”.

Pero deseo cerrar esa nota con la observación que hace a nuestra vida de relación. Antes y no fue en tiempos del Diluvio Universal, cando participábamos de una cena elegante de una boda o una celebración empresarial, la cartulina con el menú que se serviría en la mesa, era sencilla. Tengo en el archivo, una copia del agasajo que ofrecieron mis padres en el casamiento de una hermana mía. Dice sobriamente: Primer plato: ¨Copa de palta con langostinos. Blanco de pavita con guarnición. Tarta helada “.

En las clases de protocolo siempre he insistido en una idea. Si vamos a un restorán a cenar, es lógico que podemos preguntar cómo es el plato que nos ofrecen. En cambio, invitados a una casa de familia o en un agasajo en un restorán, nos limitaremos a comer lo que nos han servido. Y ¿quienes tienen una dieta especial? La respuesta puede parecer dura pero no lo es: agradecerán la invitación pero no asistirán por motivos de salud.

Por otra parte, transcribiré el menú de una boda reciente: “Salmón con salsa de palta. “Medallón de lomo”, con cebollitas acarameladas y puré de batata a la antigua”. “Aro de merengue con frutas de estación con helado  de frambuesa”.

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