Bailarines del Ballet Nacional Sodre (BNS) consultados por El Observador narraron los conflictos, familiares y sociales, a los que se tiene que enfrentar el varón que baila ballet durante gran parte de su vida por haber elegido una disciplina que comúnmente se asocia a las mujeres, al color rosa, los tutús y las posiciones delicadas.
En muchos casos, la incomodidad del machismo deja a grandes talentos por el camino. Otras veces, el convencimiento y la pasión logran vencer los prejuicios y permiten a los hombres avanzar en sus carreras artísticas. Las dificultades, según ellos, no son más ni peores que las que deben sufrir las mujeres que se dedican al rubro, sino que son diferentes.