A Montevideo lo esperaba un show atípico de Beck. Comenzó con una porción acústica para luego desenroscar con su distorsión una enorme serie de hits que supieron levantar de su asiento a todo el público del Teatro Metro. Hubo covers de clásicos -de esos que todos saben de memoria-, hubo una de sus canciones nuevas, coreografías y palabras de ánimo para un público que ya estaba comprado por el carisma del artista.
Es que Beck podrá ser un raro, un Loser, un rapero blanco que baila como robot o un sufrido cantante de folk, pero por sobre todas las cosas es un músico que sabe ofrecer un excelente show.
Desde el comienzo con The Golden Age indicó que sería un show diferente a los que venía ofreciendo en la región. El marco también era diferente: se trataba de un teatro, no en un festival masivo como lo fue en San Pablo o en un estadio como sucedió en Chile. También, como el mismo músico indicó, fue su primer show en el país, y por eso, su público se merecía un show más extenso.
Y la promesa fue cumplida. En alrededor de hora y media recorrió su carrera con hits. Desde su tercer tema -su debut comercial- Mellow Gold con el infaltable Loser, a I Won’t Be Long, uno de sus más recientes temas.
Fue Loser, que con su estribillo “soy un perdedor” hizo que el público se sacara la rigidez que impone un teatro y se parara para corear con más fuerza, a pesar de que un rato antes Devil’s Haircut ya le había sacado la timidez a varios.
Luego de eso, Qué Onda Güero y Debra invitaron al baile. Fue en esa última que Beck aprovechó para dirigirse al público y pedirle a cada uno que sean sus amigos. Al final, se ganó unos mil amigos uruguayos.
En ese quiebre también presentó a su excelente banda: el bajista Justin Meldal-Johnsen, el baterista Joey Waronker, el tecladista Roger Joseph Manning Jr. y el guitarrista Smokey Hormel, todos colaboradores del músico desde hace años.
Más allá de su repertorio, Beck también ofreció mashups de sus temas con otros que ya forman parte del cancionero popular: Tainted Love, ese clásico que Soft Cell hizo conocido en los 80, lo unió con Modern Guilt; hizo lo mismo luego con I Think I’m in Love y I Feel Love, de Donna Summer; y por último, Billie Jean de Michael Jackson se transformó en Sissyneck.
El último bloque del show ofreció de forma condensada el extremadamente variado catálogo de Beck: la balada desconsolada de Lost Cause, el blues desértico de Fourteen Rivers Fourteen Floods, una versión acelerada y distorsionada de Girl, el rock alternativo de E-Pro y por último, un último baile hip hopero: Where It’s At.
Antes que sonaran los últimos acordes, Beck se fue del escenario, dejando que la fiesta del Metro siguiera sin él y que los aplausos y reclamos del público, luego que las luces se prendieran, se diluyeran en las charlas animadas de la vereda. Algunos dicen que es uno de los mejores shows del año. Tienen razón.