27 de agosto de 2013 17:43 hs

Cuando Tim Burton eligió a Michael Keaton para ser Batman a finales de la década de 1980, miles de fans del héroe de DC Comics enviaron cartas a la distribuidora Warner para expresar su rechazo, sin embargo, la película recaudó más de US$ 250 millones solo en Estados Unidos.

Claro que entonces no existían las redes sociales, que han propiciado la insólita oleada de rechazo a la decisión de que Ben Affleck sea el octavo hombre murciélago en la secuela de Man of Steel, de Zach Snyder, en la que se verá la cara con Superman.

El 71% de los tuiteos en contra y una popular iniciativa en la red de recogida de firmas Change.org pidiendo que Warner retire a Affleck del proyecto han generado un gran revuelo en internet y los medios en general, pero no es la primera vez que un candidato a Batman desata el rechazo entre los seguidores del héroe.

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Keaton al final convenció, a pesar de sus peleas con el traje, que le daba claustrofobia, según confesó en alguna entrevista, y la película de Burton dio al personaje ese aire oscuro en el que años más tarde incidiría Christopher Nolan.

Pero antes de llegar al cine, el personaje creado por Bob Kane y Bill Finger en 1939 tuvo otra vida en las seriales de televisión. Lewis Wilson fue, en 1943, el primer actor en ponerse la capa para una serie de 15 capítulos en la que se enfrentaba a un villano japonés que convertía a la gente en zombis.

Debido al éxito de audiencia, Columbia Pictures produjo una segunda parte, Batman y Robin, en la que Robert Lowery hizo el papel principal, esta vez con menor impacto.

Más popularidad alcanzó Adam West en otra serie que la cadena estadounidense ABC tuvo en antena entre 1966 y 1968, con un tono cómico que se mantuvo en la adaptación a la gran pantalla que dirigió Leslie H. Martinson con prácticamente el mismo reparto.

Eso sí, ninguna de esas series, con un tratamiento más bien ligero, fue tenida en cuenta por Tim Burton en su primera entrega cinematográfica ni en la secuela que aceptó dirigir en 1992.

Batman Returns, a la que Keaton dijo sí solo tras conseguir un buen aumento de salario, logró unos nada despreciables US$ 162 millones en taquilla. Las críticas, sin embargo, hicieron hincapié en su desmesurado tono pesimista.

Así que ni Burton ni Keaton siguieron en el barco y Warner fichó a Joel Schumacher para ponerse detrás de la cámara en 1995 y a Val Kilmer como héroe, en una secuela más luminosa que fue bien en taquilla, aunque no puede decirse lo mismo de las relaciones entre director y protagonista, que no fluyeron demasiado.

Fue entonces cuando Schumacher reclutó a George Clooney para su Batman & Robin (1997), una decisión que el actor acabaría lamentando. Tras el batacazo de la película con la crítica y el público, Warner tardó ocho años en volver a poner en acción al sperhéroe sin superpoderes.

El encargado de la resurrección fue Christopher Nolan que, con Christian Bale como protagonista, regresó a la oscuridad y a la introspección psicológica en un proyecto que acabó en trilogía y que tuvo un éxito de público y crítica sin precedentes.

Pero es precisamente esa buena acogida lo que también ha ejercido la presión a la que se está enfrentando desde ya Ben Affleck, que empezará a rodar el año próximo, con vistas a estrenar en 2015.

Tal vez, entre tantas descalificaciones, el también director de Argo haya leído algún tuit de aliento, como el que escribió hace unos días el propio Val Kilmer: “Denle una oportunidad a Ben”.

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