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29 de marzo de 2012 21:28 hs

Excéntrico, extravagante. Querido y odiado. Idolatrado y cuestionado. Mediático. Su vida no parece admitir términos medios, y el fútbol, en el que dejó una huella como dueño de Milan, lo reconoce por su porte de ganador en todos los terrenos de Europa. Es por esa razón que Silvio Berlusconi, el multimillonario y poderoso dueño del grupo empresarial familiar Fininvest, regresó ayer –después de su salida forzada de la política– por la alfombra roja a la presidencia de Milan.

El club informó que su Consejo de Administración nombró “por aclamación” presidente honorario a Berlusconi. Y no es para menos. Además de los 50 millones de euros que dice que su familia invirtió por temporada en los últimos años, Berlusconi marcó un antes y un después en un club al que llegó en medio de una de sus peores crisis y lo transformó en uno de los poderosos de Europa. Lo salvó de la bancarrota en 1986, cuando lo compró, y fue el único presidente que tuvo el club desde entonces. Asumió el mismo año y se mantuvo en el sillón presidencial hasta que las funciones como primer ministro italiano lo obligaron a dar un paso al costado. Pero en su sillón no se sentó nadie. Lo esperaba. Durante su ausencia al club lo manejó una comisión, y el último año se integró su hija. Pero el sillón lo seguía esperando a él. Y ayer volvió, después de expresar su disgusto por el empate 0-0 ante Barcelona en el partido de ida de cuartos de final de la Liga de Campones que jugaron el miércoles en San Siro.

En los 26 años que Il Cavalieri lleva en Milan, el club ganó ocho Scudettos, cuando en los 87 años anteriores había conquistado 10. Además, con Berlusconi ganó cinco Liga de Campeones; antes había logrado dos. Eso solo para comprender a través de los números la transformación que logró en el club milanés.

Berlusconi fue el mismo que cuando desembarcó en el club se propuso transformarlo desde la base y reconstruyó el complejo deportivo de Milanello (ver Movidas grandes). El mismo que en su primer contacto con los jugadores, luego de haber adquirido el club, llegó en helicóptero al entrenamiento. El mismo que en 2009 les dijo a unos turistas, y que fue reproducido en la prensa italiana: “Si este año no hemos ganado el Scudetto es solo por culpa de Ancelotti (el entrenador que le había dado siete títulos),” y añadió: “Con los hombres que tiene Milan, podíamos tranquilamente estar por delante de Inter”. O el que al arribar en 1986 le dijo al goleador Paolo Rossi que se iba a quedar muchos años, y pocos meses después lo hizo marchar. O el que cuando el año pasado se habló de la salida del argentino Carlos Tévez de Manchester City, dijo: “A Tévez no lo quiero, no es mi tipo, y de todos modos cuesta demasiado”.

El Milan de Arrigo Sacchi, de Capello o de Ancelotti. El de Gullit y Van Basten, de Weah, Kaká y Shevchenko. Volvió Berlusconi a su sillón exclusivo y es casi seguro que también vendrán las copas.

Sus datos
Berlusconi nació el 29 de setiembre de 1936 (75 años) y compró Milan en 1986 (49 años).
13 títulos europeos y mundiales. Bajo su conducción, Milan ganó 2 Copas Intercontinentales (1989 y 1990); 1 Mundial de Clubes (2007); 5 Copas de Campeones/Liga de Campeones (1989, 1990, 1994, 2003, 2007); 5 Supercopas Europeas (1989, 1990, 1995, 2003, 2007).
15 en Italia. A nivel local, desde 1986 conquistó 8 Scudettos (1988, 1992, 1993, 1994, 1996, 1999, 2004, 2011); 1 Coppa Italia (2003); 6 Supercoppa de Liga (1989, 1992, 1993, 1994, 2004, 2011).

Movidas grandes
Cuando adquirió el club en 1986, su gran preocupación fue hacer de la concentración de Milanello un lugar modelo para el fútbol. Preguntó cuál era la institución que tenía la mejor infraestructura y funcionamiento, le dijeron que era Real Madrid, y mandó a su entrenador de juveniles, Fabio Capello, para que estudiara e investigara con el fin de desarrollar un proyecto similar en Milan.

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