29 de julio de 2011 18:27 hs

Una lluvia de meteoritos golpea un planeta árido. Azota la tierra encendiendo cráteres. El sonido así nace, uniéndose uno a uno armónicamente creando una canción. A cada impacto se crea un organismo, que crece y se reproduce, haciendo brotar cristales en el piso.

Así comienza el video de Crystalline de Björk, dirigido por Michel Gondry, colaborador de la cantante desde la realización del video Human Behaviour de 1993 y conocido por la imaginería onírica de la película Eterno resplandor de una mente sin recuerdo.

Crystalline es una muestra de lo que propone Björk. Sin embargo, es parte de un sistema mucho más grande. Con la intención de unir música, tecnología y naturaleza, la cantante desarrolló Biophilia, un álbum tradicional unido a una idea transgresora. Cada una de sus diez canciones será acompañada de una aplicación para iPhone y iPad. Cada una de estas intenta a través de la tecnología hacer visible lo hasta ahora invisible: la música, representada con diferentes temas de la naturaleza, desde un virus a relámpagos. Las formas cambiarán, las velocidades se acelerarán, siempre al ritmo de la música. Se trata de una simbiosis de elementos dispares, casi opuestos, unidos de una manera intrincada y sincronizada; atractiva para la vista y el tacto.

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Las diez aplicaciones se unen en una aplicación madre. El programa Biophilia es una galaxia, donde las canciones son constelaciones tridimensionales de diferentes formas y colores. Aquí es posible navegar entre ellas, siendo guiados por una brújula en forma de nota musical, mientras suena la canción principal del álbum, Cosmogony.

La aplicación ya se encuentra en la tienda de iTunes gratuitamente, pudiéndose adquirir Crystalline a U$S 1,99. También, puede encontrarse una breve presentación de esta aplicación en YouTube en el canal Bjorkdotcom.

Uno de los cometidos principales de Biophilia es el aprendizaje a través de la interactividad, ampliando de esta forma las posibilidades de experimentación y motivar la creatividad. Las aplicaciones permiten modificar el orden y la forma en que la canción está escrita, brindando a su paso conocimientos básicos sobre la teoría musical como escalas, métrica y acordes. Este aspecto de las aplicaciones está orientada tanto para niños como para adultos. Aquí la curiosidad manda.

Para llevar este proyecto a cabo, Björk se reunió con reconocidos desarrolladores y expertos que trabajaron con ella desde octubre del año pasado, elaborando el concepto y la forma en que este sería presentado. Todo el trabajo terminó siendo financiado por los propios creadores, repartiéndose las ganancias y apoyándose en Apple para la adaptación del proyecto a sus dispositivos y la distribución de las aplicaciones.

Sin embargo, los avances tecnológicos de Biophilia no solo se centraron en iPhone y iPad, sino también en el diseño y elaboración de nuevos instrumentos musicales. Cuatro péndulos oscilan rítmicamente.

Torres gigantes que a medida que atraviesan el aire producen sonido.

Andy Cavatorta, egresado de MIT, se encargó de realizar lo que llamó gravity harps: dos estructuras de madera que sostienen cuatro péndulos de tres metros compuestos de arpas cilíndricas que rotan, haciendo sonar una de las once notas que posee. Durante la canción Solstice, las arpas emiten un sonido delicado que contrasta abruptamente con el tamaño de los péndulos.

Otro de los instrumentos elaborados fue el “gameleste”, un híbrido entre el “gamelan”, instrumento indonesio que incluye elementos de percusión, como el xilofón y tambores; y el “celeste”, similar al piano, pero que golpea placas de metal en lugar de cuerdas.

Realizado por Björgvin Tómasson, creador islándico de órganos, el “gameleste”, al igual que las gravity harps, es controlado por un iPad.

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