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Bogliacino, el coloniense que jugó entre las estrellas del fútbol

A los 39 años disfruta el fútbol en el torneo de ascenso y en la tranquilidad de Punta del Este

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16 de septiembre de 2019 a las 05:00

Mariano Bolgiacino se fue con Peñarol a una gira por Europa, en 2003, y ya no volvió a Uruguay con el resto del plantel. Estaba el rumor de que se podía quedar a jugar en España, y se confirmó: Las Palmas, que estaba en la segunda división, sería su nuevo equipo. Con la ropa que llevó para ese viaje se quedó hasta que le llegó la valija de Uruguay. Era la primera experiencia en un continente con el que de ahí en más se relacionaría la mayor parte de su carrera futbolística.

El entrenador de Peñarol en ese momento era Diego Aguirre, quien había dirigido a Bogliacino en Plaza Colonia –cuando debutó como entrenador– y lo llevó a los carboneros. El volante solo jugó un semestre en el que no tuvo muchos minutos.

En Plaza, Bogliacino estuvo desde los cuatro años y vivió el paso de fútbol amateur al profesional. El jugador estuvo en Colonia hasta los 22 años, aunque en el medio tuvo un pasaje por la Segunda división para defender a Villa Teresa.

El futbolista puede hablar con propiedad sobre el crecimiento del club patablanca, porque cuando hace 16 años pasó a Peñarol, el club de Colonia llevaba solo tres años en el profesionalismo: “Había mucha voluntad, pero un montón de carencias para un cuadro profesional”, recordó el futbolista a Referí, que reconoce que el club se transformó en una vidriera que se le abrió a los jóvenes.

Eran épocas en las que los jugadores de Plaza se tenían que llevar su ropa a los entrenamientos y en los que el fútbol y el trabajo eran cosas distintas. Bogliacino, por ejemplo, trabajaba de cadete en una oficia.

Giocatore italiano

En Europa no se quedó solo. Cristian “Killy” González, que estaba en Defensor Sporting, también pasó a jugar a Las Palmas y fue quien le llevó la ropa desde Uruguay, en aquella gira que comenzó con Peñarol y que terminó transformándose en jugador de elite europeo.

González –el zaguero que ya se retiró del fútbol– fue “una gran ayuda” para Bolgiacino en su nueva vida europea. Pero no la pasaron bien porque el club tenía problemas económicos. “Nos pagaban cuando podían, no había dinero”, lamentó.

La revancha no tardó en llegar. Tras esa mala experiencia en España, el volante volvió a Uruguay y estuvo en Plaza Colonia un mes hasta que su representante le dijo que se volviera a Europa a un equipo de jugadores libres que le serviría de vidriera para mostrarse ante los profesionales.

Se fue junto a Nicolás Amodio y Germán Domínguez y vivieron en San Benedetto del Trono. Allí se sumaron a Sambenedettese, un equipo de tercera división que actualmente dirige Paolo Montero.

Ese año Napoli también jugaba en la C y a su club le tocó enfrentarlo cuatro veces. “Les hice dos goles y anduvimos bien en ese campeonato”, comentó Bolgiacino quien al año siguiente pasó a jugar, por cinco años consecutivos, en el equipo celeste en el que Diego Maradona fue ídolo en la década de 1980.

Apenas transcurría 2005 y eran sus primeros años en el fútbol italiano, donde permaneció hasta 2016. En Napoli estuvo más de cinco años. Luego pasó por Chievo Verona, Bari, Lecce y Martina Franca.

El coloniense jugó un año en la C del fútbol italiano, dos años en la B y luego en la A. “El Napoli se estaba armando en ese momento. Ahora ya está en otro nivel”, señaló el futbolista que, cuando llegó a la primera categoría, se empezó a cruzar con jugadores de primer nivel mundial.

Al principio se deslumbraba de enfrentar a estrellas del fútbol como Kaká, Paolo Mandini o Gennaro Gattuso en el Milan. O a Guianluigi Buffon, Fabio Cannavaro y Alessandro Del Piero en la Juventus. O a Francesco Totti en la Roma. O a Zlatan Ibrahimovich en el Inter.

“¡Jugué contra todos estos!”, dijo a Referí desde Punta del Este, la ciudad que eligió para vivir. “Estando ahí no te das cuenta de los equipos y jugadores contra los que jugás”, dijo.

Bolgliacino se adaptó “rapidísimo” a la vida europea donde vivió junto a su esposa y, luego, con sus tres hijos italianos. A su pareja la conoció en uno de los recesos en el que viajó a Uruguay y comenzaron a salir. Ella es abogada de profesión y tenía que hacer unos cursos en España. Cuando los terminó se fue a Italia y no volvió más a Uruguay.

El sueño uruguayo

El último equipo en el que Bogliacino jugó en Europa fue similar al primero. “El club tenía muchos problemas económicos. Aguanté medio año y nos vinimos”, comentó el futbolista sobre su paso por Martina Franco. En 2016, entonces, terminó su experiencia internacional y volvió al club en el que jugó desde los cuatro años.

“Siempre fue un sueño volver a vivir en Uruguay”, explicó el futbolista que regresó al patablanca por seis meses, pero se quedó durante tres años y estuvo en el Torneo Clausura 2016 que Plaza ganó en el Campeón del Siglo.

El volante se encontró con un equipo diferente, con una institución que ya tenía otra madurez y un largo recorrido en el profesionalismo. El club tenía otra infraestructura, una de fútbol cinco e inauguraron un complejo deportivo.

Plaza Colonia campeón del Torneo Clausura 2016 en el Campeón del Siglo

El problema que se planteó por esos días fue que su familia vivía en Maldonado y él en Colonia. Por lo tanto, solo podía ir después de los partidos del club para estar con su esposa y sus hijos. “La patrona no me aguantaba más”, dijo el futbolista.

“Tenía la chance de seguir jugando en Colonia, pero decidí venirme para estar con mi familia y para que mi esposa pudiera ejercer lo que ella estudió, y lo que le gusta. Y yo podía dar una mano con los nenes”, contó Bogliacino.

Su esposa abrió un estudio de abogados en Maldonado y viaja dos veces por semana a Montevideo. Él, en tanto, tenía la esperanza de seguir siendo profesional. “El año pasado me sentí bien, terminé jugando muchos partidos, y pensé: si me llaman voy a seguir”, comentó.

Con 39 años, Mariano Bogliacino lleva 20 como futbolista profesional, con una historia llena de recuerdos en la elite del fútbol mundial, en las grandes ligas de Europa y despuntando el placer de la pelota en Deportivo Maldonado, disfruta de sus hijos y se asombra de sus logros en la cancha. “Mi sueño siempre fue jugar al fútbol, pero nunca me imaginé hasta donde iba a llegar”.

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