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Ad Astra: Brad Pitt se calza el traje de astronauta y sirve de guía en una epopeya espacial deslumbrante

"Ad Astra: Hacia las estrellas" es un viaje visualmente impactante por el universo que logra juntar a "2001: Odisea en el Espacio" con "Apocalypse Now"

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24 de septiembre de 2019 a las 05:04

Las preguntas son cientas, miles, y es imposible que no arremetan todas de golpe cuando el cielo nocturno se nos viene encima. Levantamos la cabeza, mantenemos la mirada fija en la oscuridad y no podemos evitar que las ideas se encadenen una tras otra y el pensamiento inicial se dispare a las estrellas. El espacio exterior es la última gran frontera de la humanidad, una línea de meta que no se ve y que jamás vamos a poder alcanzar, un vacío sin fin para el que no tenemos respuestas y con el que, sin embargo, convivimos y soñamos desde siempre. Nos atrae. Nos repele. Nos aterra. Y nos llama. Y hasta qué punto nos llama, que terminamos por crear la ciencia ficción para tratar de imaginarnos cómo serían esas eventuales aventuras entre planetas y galaxias. Desde Julio Verne a Andréi Tarkovski, cientos de autores intentaron mostrarnos sus visiones de lo que hay fuera de la Tierra, y las variaciones de sus viajes interestelares son tan grandes como particulares. Hay similitudes, claro, porque hay algunos códigos que han sido replicados hasta el cansancio.

En los últimos años, el espacio ha estado especialmente presente en la cartelera de cine. El repaso, tecleando en Google, se hace al toque y los resultados son varios: Gravedad, Interestelar, Life, El primer hombre en la Luna, Misión Rescate, Pasajeros y muchas más. Y eso sin contar las franquicias de Alien, Avengers y Star Wars, todas escenificadas en el espacio sideral.

La última de la lista es Ad Astra: Hacia las estrellas. Se estrenó el jueves pasado en Uruguay y tiene a Brad Pitt en los comandos de la nave y en el traje de astronauta. Está dirigida por James Gray, debutó en el festival de Venecia, y es uno de los viajes más introspectivos y espectaculares del año.

Al infinito y más allá

El futuro es cercano, o eso nos dice la placa con la que comienza la película. La humanidad ha logrado, al fin, expandirse por el sistema solar. Hay antenas que conectan la tierra con la estratósfera, hay vuelos comerciales a la Luna –sí, como en 2001: Odisea del Espacio–, hay estaciones científicas en Marte, hay territorios disputados por las naciones en el medio del vacío negro y hay muchas respuestas a las grandes preguntas, menos a una: en este futuro todavía no tenemos claro si estamos solos en el universo o no.

En ese marco aparece Roy McBride (Pitt). Él es un astronauta condecorado al servicio de la empresa espacial más grande de Estados Unidos y, después de la aparición de unas extrañas señales que llegan desde Neptuno y que amenazan a la Tierra, le encargan una misión: ir a buscar la fuente de las emisiones casi al final del sistema solar. La fuente no es otra que su padre –Tommy Lee Jones, en un breve pero gran papel–, antes héroe explorador de la humanidad, ahora un renegado que se oculta de la civilización en los confines del espacio.

Ad Astra tiene múltiples capas. Se puede leer, por un lado, como un desglose espacial del concepto de “matar al padre”, en el que el hijo deja de ver a su progenitor como un modelo a seguir y comprende, al final, su humanidad y su capacidad de fallar. En la película, el viaje para encontrar a McBride padre es largo, sinuoso y está plagado de obstáculos que hacen que el personaje de Pitt cuestione sus creencias, el conocimiento que tiene de sí mismo y de sus relaciones, pero sobre todo expone los traumas y el peso permanente de la desaparecida figura paterna en su vida. El rostro de Pitt, sobre el que la cámara está situada de manera constante, es el lienzo sobre el que se pintan todas estas tribulaciones. Y el actor, que cada vez actúa mejor, confirma que el 2019 lo encuentra en uno de sus mejores momentos.

La búsqueda del padre también tiene, en Ad Astra, otra gran influencia que el cine conoce bien. James Gray, su director, ha dicho que una de las inspiraciones para la película fue El corazón de las tinieblas, la reconocida novela de Joseph Conrad en la que se basó Francis Ford Coppola para crear Apocalypse Now. Tiene sentido. Hay demasiadas similitudes y ecos de la saga de Willard y Kurtz en esta película, desde la situación de tener que meterse en territorio desconocido para ir a buscar al héroe renegado y traidor, hasta algunas de las pruebas a las que el personaje de Pitt se ve sometido.

Pero aunque Ad Astra tiene una fuerte carga filosófica y existencial, y su estructura narrativa es lenta tirando a densa, de manera sorprendente logra presentar pequeñas escenas de acción que son tan funcionales a la trama como entretenidas. El comienzo, con una explosión y una caída libre, es sublime. Uno de los mejores arranques del año, seguro. Y una fantástica batalla en el lado oscuro de la Luna entre vehículos oficiales y piratas espaciales obliga a pensar en las posibilidades de desarrollo que tiene este mundo creado por Gray. A ver, tampoco es que haya inventado la pólvora –hay mucha inspiración en lo que ya hizo Kubrick en 2001, como suele suceder en cada película espacial que nos llega–, pero aun así resulta de lo más rico y verosímil.

Un párrafo aparte merece la fotografía de Hoyte Van Hoytema, que debe ser de los mejores directores de fotografía que hoy están trabajando en Hollywood. Por momentos su trabajo es extremadamente sobrio y en otros quita el aliento. La luz y la oscuridad se alternan en un baile de tonos y colores para encuadrar. La tecnología ha hecho que las imágenes del espacio creadas por computadora se vean cada vez mejor, pero explotar la belleza de esta artificialidad es un trabajo difícil. Van Hoytema regala imágenes bellísimas que merecen ser vistas en la pantalla más grande. La mejor, quizás, es una que enfoca al sol, una esfera minúscula y distante, que apenas llega a iluminar los helados anillos azules de Neptuno.

Ad Astra tiene algunos fallos –el personaje de Liv Tyler, por ejemplo, que no tiene mucho que hacer– y hay que hacer varias concesiones científicas para digerir algunas cosas poco creíbles que suceden ahí arriba, pero el balance es positivo. El universo se abre de nuevo en esta película como el misterio más grande de la historia, pero también como un espejo que refleja los tormentos y las búsquedas de un hombre que quiere, sobre todo, respuestas. Así como nosotros, que levantamos la cabeza al cielo y nos preguntamos si habrá o no algo allá afuera. Cualquiera sea la respuesta es igual de aterradora.

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