Agro > EL SECRETO DEL REGRESO

Canelones vuelve a ser un departamento ovejero

El fruto de investigación productiva + investigación social y el caso del productor que cambió hortalizas por ovejas

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11 de agosto de 2019 a las 05:00

A media hora del centro de Montevideo, en Bella Vista –un paraje próximo a Los Cerrillos–, Edgardo Marchicio dejó de cultivar hortalizas y pasó a criar ovejas. Le fue bien y no es el único que apostó a explotar pequeñas majadas en una zona del país donde el ovino casi había desaparecido. Ya son decenas y hace dos meses dieron un paso clave: crearon la Asociación Nacional de Pequeños Criadores de Ovinos (Anpco). Y ahora quieren contagiar a otros.

Andrés Ganzabal lleva 38 años diseñando y validando tecnologías. Es profesional del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y fue quien los entusiasmó. En la Estación Experimental Wilson Ferreira Aldunate del INIA, en Las Brujas, explicó que ese emprendimiento es fruto de un proceso extenso iniciado en la generación de tecnología, “o sea en el rol típico del investigador”.

Ganzabal ingresó a lo que hoy es el INIA en 1982, en la Estación Experimental La Estanzuela (en Colonia) y a inicios de la década de 1990 la junta directiva le encomendó trasladarse a Canelones con un objetivo claro: desarrollar la producción animal en una zona tradicionalmente hortifrutícola.

En aquellos años los sistemas eran básicamente extensivos y con el foco en la lana, capitalizando precios muy buenos. Pero surgieron obstáculos: la caída de la corporación lanera australiana, la expansión forestal, el avance de la soja y el arroz y el crecimiento de la lechería. Eso desplazó a la oveja y el stock cayó bruscamente, de 26 millones de cabezas en 1992 a 6,3 millones en la actualidad.

“Sabíamos que trabajando a la oveja de otro modo podíamos promover el desarrollo social, algo que siempre nos preocupó. Y hoy más que nunca, con base en los resultados, vemos que el desarrollo social y la oveja van de la mano”, afirmó.

 

Pastoreo por franjas, la técnica para alimentar a la majada.

 

En el camino hubo mojones clave, como haber desarrollado una tecnología atractiva para la pequeña escala, con la introducción en la década de 1990 de la raza Frisona Milchschaf, de altísima precocidad sexual –a los seis meses se encarnera, pariendo con un año–, alta producción de leche y habilidad materna que permite criar dos corderos de 35 kilos en cuatro meses –más que su propio peso– y productora de lana blanca. Todo eso comiendo solo pasto.

Esa raza “no se parecía en nada a lo que se criaba acá, ni a los Merino del basalto ni a los Corriedale del resto del país que eran del 80% al 90% de la majada”. Por lo tanto, era muy difícil convencer al ovejero tradicional de probar esa raza de cola y cabeza pelada y con ubre enorme, para mejorar la eficiencia. Pero no tanto en Canelones.

“El objetivo fue promover la ovinocultura en predios familiares, con foco en la intensividad, en la eficiencia, promoviendo el desarrollo social”, expresó.

Con la tecnología definida, no alcanzaba con publicarla para que sea adoptada. Se recurrió a la imaginación y la creatividad para generar una motivación y se pasó de una investigación productiva a una social, para detectar herramientas útiles para que eso que en los libros y en las estaciones experimentales funcionaba muy bien pudiese tener los mismos resultados a nivel comercial.

Dado que la mejor manera de que el productor se convenza de la utilidad de nueva tecnología es que la vea en funcionamiento, se llegó a otro mojón clave: con base en algunas experiencias en 2004 se comenzó a trabajar en los llamados fondos rotatorios ovinos.

Las primeras ovejas fueron entregadas a un productor en San José, se sumaron los casos y hubo una ayuda extra: la valorización de los corderos como producto de esos sistemas. Los precios internacionales subieron y fue clave la venta directa como sistema comercial, permitiendo una ganancia mucho mejor. La buena tecnología y los buenos precios por el cordero fueron los motores de una revolución que sigue.

Un acuerdo con la Comisión Nacional de Fomento Rural expandió la movida a 27 sociedades de fomento de todo el país. Más de 250 productores han recibido ovejas y un alto porcentaje sigue en el sector con base en el material genético original. Y muchos han llegado al sector sin haber estado antes en él, en otro valor agregado al proceso. A eso se añade que el Movimiento de la Juventud Agraria extendió esto a 23 clubes agrarios y, en otro valor adicional, llegando a gente joven, de 15 a 23 años básicamente. También fue muy importante el esfuerzo alineado con otras instituciones, como es el caso de la Agencia de Desarrollo de la Intendencia de Canelones, con los que INIA ha firmado un acuerdo colaborativo para trabajar en un mismo sentido en este rubro, remarcó Ganzabal.

“Podemos hablar de un éxito muy importante con una estrategia que valida la tecnología generada por INIA y que, de la mano de la investigación social, conformó una herramienta eficiente”, dijo.

 

Edgardo Marchicio en el predio donde vive y trabaja, cerca de Los Cerrillos, en Canelones.

 

 

De horticultor a ovinocultor

Marchicio trabaja en un campo de seis hectáreas. Solo explota ovinos y tiene un ingreso extra por trabajos que realiza en otros predios hortícolas. Posee 45 madres y dos carneros Frisona Milchschaf. En 2018 señaló 70 corderos, un altísimo porcentaje. De esa raza destaca su precocidad y prolificidad. Dice que el 80% tiene mellizos, que hay varios trillizos y que lo raro son ovejas con una cría.

Produce corderos que vende a fin de año, con pesos de carcasa de 17 a 18 kilos. También vende reproductoras “muy buscadas”, incluso “desde afuera del país”. Otro ingreso, menor pero suma, es la venta de lana a una barraca.

En Canelones muchos habían descartado a la oveja por varias adversidades, entre ellas robos y depredadores. Marchicio solucionó la inseguridad con dos perros Maremma –otro desarrollo tecnológico emprendido desde el INIA–. Los tiene desde hace siete años y así evita ataques y hurtos en el predio donde vive y produce.

Allí le dedica solo dos horas por día al ovino, un poco más si hay que dar una toma o esquilar. “Doy de comer pradera, hago verdeos de verano e invierno y produzco alfalfa para fardos. Aprendiendo los secretos el manejo es sencillo”, dijo mientras usaba redes electrificadas para alimentar por franjas.

Opinó que la Anpco “es algo muy bueno”. Permite que los que arrancan reciban consejos y eviten errores. Él eligió una raza, pero hay equipos de trabajo para orientar a los nuevos productores sea cuál sea la raza o si se usan cruzas. “Recomiendo al ovino, como lo principal o como complemento, cada productor debe ver cómo lo integra”, mencionó. Y remarcó que “por algo será” que Canelones y Montevideo son los únicos lugares donde la oveja crece.

 

Cambio cultural 

El socio de la Anpco paga $ 150 de cuota anual, algo simbólico, decidido en la primera junta directiva porque son productores con obligaciones en otras asociaciones, pero sobre todo porque se prefirió pedirles por estatuto un aporte social, algo distintivo de una entidad que tiene como norte la solidaridad y promover un cambio cultural en el medio rural. El aporte varía en función de la experiencia. Los que integran la directiva dada esa responsabilidad ya hacen un trabajo social. A los nuevos se les pide que se capaciten, que pongan su predio para una reunión o se incorporen a un fondo rotatorio. A los más experimentados, que capten socios, presten algún carnero y orienten sobre cómo iniciarse y proceder en temas sanitarios, en la esquila preparto o en la venta. Andrés Ganzabal comentó que la asamblea constitutiva  de la gremial fue en mayo de 2019 y que la primera junta la integran 32 miembros. Parece difícil funcionar con tantos, pero se buscó una alta representatividad. Están en Canelones, sobre todo en Las Brujas, Rincón de El Colorado y Los Cerrillos, pero hay en Maldonado, Flores y San José. La meta es difundir los objetivos y contagiar a los de otras zonas con algo “distinto y bueno”.

 

Una frase de Wilson en la cartelera
Además de cocardas, souvenirs, fotos y material de trabajo, en un rincón de la oficina de Andrés Ganzabal se lee una frase que el ex ministro de Ganadería Wilson Ferreira Aldunate pronunció en 1963, que resume la visión de este investigador: “La estabilidad social de la República está indisolublemente unida a la presencia de una numerosísima clase de pequeños y medianos productores rurales familiares”.

 

La frase de Wilson en la oficina de Andrés Ganzabal.

 

Las cifras
  • 1.000 productores existen en Canelones explotando majadas de 20 a 30 ovejas en promedio, cuando hace 15 años eran menos de la mitad.
  • 2 perros Maremma tiene Marchicio y con eso solucionó el daño por hurtos y depredadores.

 

Una de las madres que acaba de parir trillizos.

 

 

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