Hay pocos instrumentos de tan compleja ejecución que uno no se hace la idea lo que significa darle al fueye y entonar al mismo tiempo. Este detalle, para nada menor, lo convierte en un músico único, como instrumentista y cantante. Por algo se ganó el padrinazgo de
Aníbal Troilo, de cuya muerte se cumplieron 40 años el pasado 18 de mayo. "Pichuco" fue mucho más que su mentor. "A lo mejor vos sos el hijo que nunca pude tener", le confesó alguna vez al joven Juárez y eso es suficiente para empezar a entender el vínculo entre ambos.
Los restos de Rubén Juárez fueron incinerados y, a pedido del artista, según declaró su hijo Leandro durante el velatorio en la Legislatura porteña, se esparcieron en las cuatro ciudades que el músico más amó: Buenos Aires, Villa Carlos Paz (donde residía desde 2002), Madrid y Montevideo. Sí, Montevideo fue uno de los lugares que Juárez más quiso en el mundo.
Montevideo fue un reducto entrañable para él, ya que en esta ciudad compareció en decenas de trasnochadas, que se iban forjando como una fiesta de la amistad y una trampa para el espíritu y la salud. En Uruguay la presencia de Juárez (la mayoría de las veces) no estaba asociada a una actuación formal y su consiguiente remuneración económica, sino que lo atraía el cariño que había prodigado y cosechado de este lado del río.
Le gustaba mucho tocar, pero también disfrutaba que otros cantaran. Era un tipo generoso, dicen quienes compartieron reuniones y asados con él. No le costaba cumplir cuando la barra pedía algún tema. También improvisaba como pocos, rey de ritmos sincopados y melodías dentro de melodías. Jugaba con los clásicos hasta el hartazgo, los redescubría a cada instante y marcaba su vigencia.
En esos escenarios improvisados de noches montevideanas, Juárez cantó con Lágrima Ríos y muchas veces con Gustavo Nocetti, su ahijado oriental en Buenos Aires. No son pocos los parroquianos que cuentan que las mejores versiones de Juárez las escucharon allí, con un brindis sincero y un grito de guerra como corolario del rosario de canciones: ¡viva el tango!