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15 de agosto 2023 - 5:04hs

La ayuda puede venir de los lugares más insólitos. Y siempre será bienvenida. Por eso, cuando los incendios forestales ocurridos en el archipiélago hawaiano arrasaron las comunidades costeras durante la semana pasada, algunos de los más reconocidos chefs del país se pusieron en marcha para ayudar a paliar el desastre. Y cacerolas y espumaderas en ristre, se metieron en las cocinas.

Sheldon Simeon, considerado como el “embajador de la cocina hawaiana”, dijo a la agencia de noticias AFP: “Sabemos que la comida es medicina, y poder darle a la gente una comida caliente, es mucho mejor aún. Hacemos algo que los conecte con Hawai en vez de ofrecerles un enlatado. Ojalá sea el comienzo del proceso de sanación”.

Durante la semana pasada, los incendios destrozaron el turístico pueblito de Lahaina, en la costa oeste de Maui. Hubo más de 90 muertos, miles de evacuados y cientos de desaparecidos entre sus 12.000 habitantes. Las autoridades informaron que sólo pudieron rastrillar el 3% del área carbonizada, por lo cual estiman que el número de fallecidos seguirá aumentando. Quienes sobrevivieron a las brasas, continúan en la región sin acceso a recursos, electricidad ni conexión telefónica.

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Son más de 1.400 los residentes que perdieron todo en el voraz incendio que impactó más de 2.700 estructuras. Sobreviven en refugios, en las casas de los familiares alejadas de las llamas o en sus autos.

Con reproches y frustración ante la inexistencia de una respuesta oficial, los habitantes de las zonas costeras enfrentan la tragedia gracias a las donaciones y las iniciativas comunitarias. Entre esas iniciativas, destaca la de las estrellas de la cocina como Simeon, la celebridad culinaria Lee Anne Wong (dueño de un restaurante destruid por el fuego) y el chef Taylor Ponte.

Para alimentar a los desamparados y a quienes continúan en Lahaina en precarias condiciones, estos tres cocineros, entre otros, trabajan en tres guardias en las instalaciones de la escuela de gastronomía de la Universidad de Hawai con el apoyo de decenas de voluntarios.

Simeon es contundente: “Algunos de nuestros chefs perdieron sus casas en el incendio, y están aquí cocinando para su comunidad, reflotando el espíritu ‘aloha’”.

Juntos, los equipos preparan y empaquetan 9.000 porciones diarias de comida.

Taylor Ponte, que trabajó en restaurantes y cocinas con alta demanda toda su vida, fue contundente ante AFP, en uno de los pocos minutos libres que le deja la intensa actividad: “Nunca vi una cantidad tan masiva de alimentos. Tenemos ganaderos que dejan 4.000 libras (unos 1.800 kilos) de carne. Acabamos de recibir 2.000 libras de salmón de Alaska. La gente deja cientos de libras de sandías. Es fantástico”.

Por su parte, Simeon dijo que “preparar entre 7.000 y 9.000 porciones a diario da mucho trabajo, y hay que ser creativo con lo que se tiene. La respuesta de los productores, por suerte, es abrumadora. La gente sólo quiere dar, y nosotros como chefs, creamos y preparamos comida”.

Si bien los menús se adaptan a los insumos, el grupo de chefs siempre aporta el toque local. El almuerzo del domingo, por ejemplo, fue un curri tailandés con mahi local. Y para la cena se prepararon macarrones con queso, bolognesa y salsa de tomate.

En la escuela de cocina de Kahului, distante 50 kilómetros de Lahaina, el ritmo es frenético. Las decenas y decenas de bandejas de comida pasan de mano en mano llenando pequeños envases que luego son colocados en hieleras para su mantenimiento. Luego se calientan en una enorme cocina donde las hornallas están siempre prendidas.

Los miembros del Ejército de Salvación y otras redes de voluntarios trasladan luego los alimentos hasta los refugios.

Ni bien terminan de preparar los almuerzos, ya es hora de comenzar con la cena. La llegada de más voluntarios garantiza el descanso para los chefs, sin embargo, las guardias siguen siendo largas.

Nadie se queja. Con su delantal azul, sonriente, Ponte fue categórico: “Nosotros sólo estamos cansados, pero los sobrevivientes, además del mismo cansancio, están hambrientos y sin hogar. Y agregó: “De cualquier manera, los chefs, en realidad, nunca dormimos”.

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