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29 de marzo 2023 - 5:03hs

Hace ya una década que el presidente Xi Jinping lanzaba la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés) y pasados los años, el ahora reelecto por un nuevo mandato de cinco años da impulso a esa política.

El gobierno del Partido Comunista de China inició el 2023 con la determinación de recuperar las tasas de crecimiento del PIB que se desaceleraron con las restricciones de la pandemia del Covid-19. En efecto, en 2022, China tuvo una recuperación que le permitió crecer a un ritmo del 3% anual y para 2023, ese país de 1.400 millones de habitantes se propuso aumentarlo al 5%.

El BRI es una pieza clave en el juego del Go que Beijing se propone para recuperar tasas de crecimiento aún mayores que el 5% aunque ya no aparecen en el horizonte las de dos dígitos que tuvieron en los primeros años del siglo.

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Las interconexiones con cuatro continentes significaron una inversión que Beijing estima en la friolera de un billón de dólares tanto al interior de China como en más de un centenar de naciones con las que mantienen lazos comerciales e inversiones productivas.

Como parte de este impulso, en estos 20 años, el gobierno de China invirtió U$S 240.000 millones en préstamos de rescate a 22 países subdesarrollados o en vías de desarrollo para evitar que caigan en cesación de pagos. Desde ya, se trata de naciones que están incluidas en el BRI.

Un informe publicado el martes pasado y elaborado por el laboratorio de investigación estadounidense AidData, el Banco Mundial, la Harvard Kennedy School y el Instituto Kiel para la economía mundial fueron quienes dieron esa cifra tomando tanto los datos del Estado chino como de sus propios informes.

Para consolidar las vías marítimas y terrestres así como para aumentar su expansión geopolítica, China no solo vende productos a precios más bajos que sus competidores occidentales sino que cuenta con recursos financieros propios como para dar salvatajes que hasta hace unos años eran solo posibles por organismos multinacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).

China logró convertirse en la segunda economía del planeta y está en camino de consolidar una posición hegemónica en sociedad con muchos países bajo la consigna de un “mundo multipolar”. En ese sentido, el informe AidData, el Banco Mundial, la Harvard Kennedy School y el Instituto Kiel pone de relieve que muchos países no precisan recurrir al FMI y al BM como prestamistas “de última instancia” sino que se respaldan en las finanzas chinas.

La contrapartida es evidente. Por un lado, debilitar la política unipolar de Washington que desde 1991 logró ponerse en el centro de la escena tras la implosión de la Unión Soviética y, al mismo tiempo, consolidar una relación privilegiada con la Unión Europea.

Hoy las inversiones chinas en las principales potencias europeas muestran una potencia que se ganó un espacio decisivo en esos países desarrollados aliados de Washington. Invierten en empresas automotrices, en puertos, en empresas tecnológicas con mecanismos tan variados con los joint ventures o directamente el rescate de empresas como el Puerto de Hamburgo, gestionado por privados y que le vendieron una parte a China para que la Ruta y la Seda puedan entrar directamente por la tercera economía del planeta y la primera de Europa.

El informe dado a conocer el martes apunta a que los fondos de rescate fueron a socios más cercanos a Beijing y que integraron la vieja Ruta de la Seda como Sri Lanka, Pakistán y Turquía.

Este ambicioso crecimiento impulsado por Xi Jinping permite la integración de China con otros países asiáticos, así como africanos, latinoamericanos y europeos a través de la construcción de puertos, aeropuertos, parques industriales e infraestructura ferroviaria.

Estas instalaciones permiten a China acceder a otros mercados y crear nuevos destinos para sus empresas. El informe destacó que estos préstamos se han intensificado entre 2016 y 2021, cuando se concretó el 80% del monto total de 20 años.

El BRI cuenta con la adhesión de unos 130 países según Beijing. Para tener un punto de referencia, la Organización de las Naciones Unidas cuenta con la membresía de 193 naciones.

El BRI cuenta con la participación de 30 países europeos, 37 asiáticos, 54 africanos y 14 de América Latina. En el sur de este continente, firmaron su adhesión tanto Uruguay como Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Uruguay y Perú.

Las usinas que critican al gobierno chino dicen que Beijing alienta el endeudamiento disfrazado de rescates, para general dependencia, cosa que el gobierno chino rechazó el martes.

"China nunca ha obligado a nadie a tomar dinero prestado, nunca ha obligado a ningún país a pagar, no pone ninguna condición política en los acuerdos de préstamos y no tiene ningún interés político" en este sistema, aseguró Mao Ning, portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores.

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