9 de julio 2018 - 5:00hs
La ya debilitada libertad de comercio sufrirá un duro golpe a escala mundial por la guerra sin balas desatada por Donald Trump contra China. Está en juego el primer lugar como potencia económica, todavía en poder de Estados Unidos pero con China pisándole los talones. El gigante asiático lleva las de ganar porque mientras su economía está en vigoroso crecimiento desde hace décadas y puede reemplazar más fácilmente ventas y compras en otros países, Trump enfrenta graves problemas para reacomodar la del suyo. Habrá aumento interno de precios por reemplazo de importaciones más baratas que sus equivalentes locales, con efecto inflacionario y afectando el consumo. Empresas estadounidenses ya encaran trasladarse a otros países, contrariando los planes de Trump, para evitar las restricciones chinas a sus exportaciones, lo que conlleva pérdida de empleos.

El proteccionismo de Trump empezó con el retiro del Tratado Transpacífico, su decisión de renegociar su acuerdo de libre comercio con Canadá y México por considerar que beneficia en exceso a sus socios y su amenaza de abandonar la Organización Mundial de Libre Comercio (OMC). Aunque la OMC ha sido desde hace años un organismo de escasa eficacia, de concretarse esta medida se trastocará el concepto de comercio mundial que rige desde hace seis décadas. Profundizó su tendencia con la imposición de un arancel del 25% a la importación de acero y aluminio de naciones aliadas, como la Unión Europea y Canadá. Y la agravó la semana pasada con su anuncio de igual arancel a las importaciones de una larga lista de productos chinos, que considera de ingreso desleal y un robo a la tecnología estadounidense. Incluye vehículos, equipos de comunicaciones y piezas para aviones entre otros rubros, que representan un total anual de alrededor de US$ 50.000 millones.

Pekín anunció de inmediato represalias, con imposición de aranceles a importaciones de su rival por US$ 30.000 millones anuales, incluyendo vehículos y productos agrícolas y alimenticios como la soja. Este último rubro perjudicará agudamente a los productores de Estados Unidos, lo cual puede beneficiar ocasionalmente a Uruguay, que tiene sus fichas jugadas a China como mercado creciente para productos alimenticios y si restablece su alicaída producción de soja, así como a otros grandes exportadores en la región. Pero es un magro consuelo ante un enfrentamiento que trastocará el comercio mundial.
Más noticias

El desenlace de la confrontación entre Washington y Pekín llevará todavía muchos meses en dilucidarse. Si el mercado de Estados Unidos absorbe las nuevas medidas sin un encarecimiento excesivo de los precios internos y sin pérdida sustancial de empleos, Trump puede recoger algunos resultados favorables de las restricciones de las importaciones de China, los países europeos, Canadá y otras naciones. Pero China está en mejores condiciones para salir airosa debido al acceso de sus productos a otros mercados y su capacidad para proveerse a menor costo de lo que le deje de comprar a Estados Unidos. En cualquier caso habrá un cambio radical en todo el mundo en las prácticas comerciales, lo que, al margen de ganancias para uno u otro contendiente, obstaculizará los avances hacia el deseable concepto de un mundo en el que bienes y servicios se puedan comerciar libremente.
Temas:

economía china Estados Unidos Canada Comercio consumo

Seguí leyendo

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos