Una isla del mar Mediterráneo que parece arrinconada sobre el suroeste asiático, más cerca de Asia que de Europa. Un lugar estratégico para todas las culturas y civilizaciones y pueblos que rondaron la zona desde el principio de los tiempos. Un pueblo de gente fogosa. Un pedazo de tierra paradisíaca, con olor a arena y mar. Un territorio repartido entre los mayoritarios griegos y turcos. En el contexto continental, un país chico, una economía pequeña que, sin embargo, removió los cimientos de una Unión Europea (UE) que va rescate tras rescate apagando incendios. El de Chipre también es digno de contar.
Chipre tiene una población de poco más de un millón de habitantes, con un territorio de solo 9.240 kilómetros cuadrados y con un PIB de 23.500 millones de dólares, lo que representa únicamente el 0,5% del total de la zona euro. La Comisión Europea y el Banco Central Europeo (BCE) estimaron que la economía de la isla se derrumbará 8,7% este año y seguirá cayendo en 2014, momento en que el PIB se reducirá en otro 3,9%. Para entonces, la deuda pública llegará al 106%, cuando en 2012 cerró en 86% del PIB. La desesperación llevó a que unos 6.000 clientes del sistema financiero sacaran millones de euros al extranjero en la primera quincena de marzo, antes del cierre bancario impuesto el 16 de abril.
Chipre es también un laboratorio financiero. El sector bancario es “siete veces más grande que el PIB, con casi un 40% de depositantes no residentes y con características de centro bancario off shore”, aseveró un análisis de El País de Madrid. Según datos de 2012 del Banco Central de Chipre, ese es el porcentaje de los 70.150 millones de euros en depósitos en la isla que proceden del exterior y, de éstos, la mayoría es de propiedad de ciudadanos o empresas extracomunitarios, indicó en la misma línea otro reporte de la web española rtve.es.
Entre los ciudadanos o compañías extracomunitarios sobresalen los rusos. Los representantes de la vieja Rusia tenían y tienen mucho dinero colocado en Chipre, y la presión de sus empresarios y también del gobierno lo ha sentido la isla. Tan es así que Moscú contribuirá al rescate de los chipriotas, pese a que Rusia no forma parte del bloque económico europeo.
En marzo, el tembladeral hizo que el euro cayera a su menor nivel en cuatro meses, provocó la caída de las principales bolsas europeas, revivió el debate de la utilización del euro –como sucedió con los otros rescates en Irlanda, Portugal, Grecia y en parte España– y, como consignó El Economista de México, sitio especializado en finanzas, por primera vez “desde que comenzó la crisis global en 2008, la autoridad europea ha propuesto la expropiación de una parte de las cuentas de ahorro para financiar el pago de la deuda”.
Estado de depresión
Estos síntomas eran bastante claros desde el pedido de salvataje en junio por parte de Nicosia, pero la UE y sus instituciones pasaron un tiempo antes de tomar cartas en el asunto. Para febrero, cuando salió un nuevo gobierno de las urnas, según El País de la capital española, la principal gestora de fondos de renta fija del mundo, PIMCO, ya había estimado que Chipre necesitaba 10.000 millones de euros. El bloque europeo, sin embargo, pasó más de un mes negociando hasta llegar a un primer acuerdo en la madrugada del sábado 16 de marzo. Un pacto que, al final, se cerró en falso.
Ese acuerdo entre los 17 países del euro, entre los que se incluye a Chipre, y el Fondo Monetario Internacional (FMI) implicó para la isla la imposición de un gravamen sobre depósitos bancarios, la aplicación de una quita a todos los depósitos privados del país, para recaudar 5.800 millones de euros. La dura medida significaba que todos los ahorristas, grandes y chicos, bancarían parte del rescate isleño. Las manifestaciones de ira no se hicieron demorar, en Nicosia y en el resto de los dos tercios del país grecochipriota.
Esa misma mañana del 16 de marzo, los chipriotas se volcaron hacia los cajeros automáticos para sacar plata, a la vez que demostraban su descontento con quienes se cruzaran. Las largas colas y las largas caras de la ciudadanía se profundizaban cuando se enteraban que solo podían extraer hasta 1.000 euros diarios. En concreto, la medida europea implicaba un impuesto extra de 9,9% sobre los depósitos de más de 100.000 euros y uno de 6,75% para los depósitos de menor monto.
Al tiempo que el nerviosismo crecía, el Parlamento de Chipre rechazó la propuesta, negó esa tasa y salió a negociar, nuevamente, un pacto con el Eurogrupo. El acuerdo, que The Economist tituló como “un pacto mejor, pero aún doloroso”, se concretó en otra madrugada de tensión, la del 24 al 25 de marzo. La presión de la eurozona poco tuvo que ver con aquello que los pueblos, los legisladores y su Parlamento, son libres de elegir según sus convicciones. Acá lo que contaba era la convicción del señor Euro.
Más dolor a menos personas
Ante la histeria generalizada, la UE acomodó el cuerpo y propuso un plan alternativo, y terminó optando por “aplicar un dolor más intenso, pero en un número inferior de depositantes”, a decir de la publicación británica. Los depósitos inferiores a 100.000 euros no tendrían una tasa extraordinaria, pero en cambio en los superiores el impuesto se elevó a 15,6%, todo con el cometido de recaudar esos 5.800 millones de euros reclamados a Chipre –o 7.000 millones como meta ideal–. El rescate en sí, los 10.000 millones, lo pondrían las instituciones europeas y el FMI. Pero la isla tenía que hacer su parte.
Aunque aún se desconoce la proporción de la pérdida para esos grandes ahorristas, se calcula que en algunos bancos será en torno del 30%, en otro del 60% y en algún otro del 80%. El pacto con la UE supuso además que el Banco de Chipre siguiera viviendo y a salvo de una liquidación, suerte que no corrió la segunda institución bancaria del país, el Laiki, que desaparecerá. Otra medida fue restringir los movimientos de capitales para evitar la fuga de depósitos. Alemania, el modelo y el capitán del barco europeo pese a quien le pese, y su canciller Ángela Merkel, se mostraron satisfechos por el acuerdo alcanzado con los chipriotas. Los rusos, los más interesados en esta historia entre los países extracomunitarios, renegociaron las condiciones del crédito que le brindaron a Chipre hace dos años. “Chipre importa porque es también una advertencia contra los paraísos fiscales. La decisión de las autoridades europeas de castigar a los ahorradores en bancos chipriotas puede ser vista como una sanción contra la negligencia de las autoridades de la isla y un intento de frenar los abusos cometidos por un sistema financiero hecho a la medida de la economía subterránea de Rusia.” –Luis Miguel González. Director editorial de El Economista de México.
“El Eurogrupo cree que la corresponsabilidad de la banca en la ayuda es un ejemplo para otros países con problemas en el sistema financiero. Por su parte, el BCE dará liquidez a la banca chipriota”, indicó el análisis de rtve.es.
Tres días después del humo blanco entre Nicosia y la UE, y luego de pasar 13 jornadas bajo llave –para evitar la fuga de capitales–, los bancos reabrieron sus puertas ante la expectativa mundial sobre lo que iba a suceder. La prensa y las autoridades del continente esperaban un loquero y una actitud agresiva de parte de la población. Una multitud de periodistas se apostó en toda la capital chipriota para observar, filmar y escribir sobre ese espectáculo.
Sucedió todo lo contrario. Sí, se formaron innumerables colas en los bancos y cajeros, y en el ambiente se respiraba cierta ansiedad, pero lejos de los incidentes de mediados de marzo. Solo se permitía el retiro de 300 euros diarios y eso no pareció ofuscar a los chipriotas pese a que hacía casi dos semanas que no podían sacar plata. La gente incluso se indignó con los periodistas que aguardaban por líos en las calles. En los últimos días, la apacibilidad parece retornar a la isla, aunque las nubes negras de la recesión se agolpan en el horizonte. Abril transcurrió entre la posibilidad de levantar las restricciones a los casinos para expoliar la economía del país, entre el anuncio del FMI que aportará 1.000 de los 10.000 millones de euros del rescate financiero y entre críticas de un lado y otro más allá de haber alcanzado un acuerdo. En el fuego cruzado, el presidente del BCE, Mario Draghi, dijo que el salvataje a Chipre “no es un ejemplo”. Muy pocos podrían no estar de acuerdo.