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La banca está expuesta indirectamente a clientes con exposición a Rusia.

Economía y Empresas > ANÁLISIS

¿Cómo afronta la banca europea el conflicto en Ucrania?

El potencial contagio al sistema financiero europeo por parte de las subsidiarias de bancos rusos en Europa parece estar bastante acotado

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05 de abril de 2022 a las 05:04

Por Olga Gouveia, BBVA Research-Especial El Observador 

Es la segunda vez en un período de apenas dos años que nos enfrentamos a una crisis compleja y que ha sido extremadamente difícil de prever. Primero fue la pandemia, de la cual nos estábamos recuperando de forma gradual, y a continuación la invasión de Ucrania por parte de Rusia. 

Anticipar el futuro es muy complicado; sin embargo, como dice el proverbio inglés (“desea lo mejor, pero prepárate para lo peor”), prepararse para el futuro es la obligación de cualquier buen gestor.

En el negocio bancario no podría dejar de ser de otra forma y, en parte por requerimientos regulatorios, el sector es un ejemplo claro de preparación permanente ante escenarios adversos. Los bancos gestionan riesgos y están acostumbrados a planes de contingencia, pruebas de estrés (“¿y si…?”), identificar riesgos emergentes, etc. En definitiva, asegurándose de que tienen el capital, la liquidez, la infraestructura, los procesos y la capacidad de resiliencia para afrontar escenarios más complejos que el escenario más probable. Por eso, no es de extrañar que haya sido uno de los sectores con mayor capacidad de reacción y ejecución, al principio y durante la pandemia. 

A pesar de un 2020 difícil, la banca mostró señales muy positivas en el 2021 con la recuperación económica y la vuelta a niveles de rentabilidad prepandemia, con ratios de liquidez y de solvencia holgados y con una calidad de activos que evolucionó mucho mejor de lo anticipado. Todo ello, considerando la grave crisis sanitaria y el cierre temporal de actividad que experimentaron muchos negocios. Antes del estallido del conflicto, las perspectivas eran bastante alentadoras, teniendo en cuenta que la recuperación estaba afianzada y, por fin, se vislumbraba la ansiada subida de tipos de interés. 

Pero llegó la guerra, que generó una respuesta decidida y sin precedentes por parte de Occidente, poniendo en marcha una serie de sanciones a Rusia, incluyendo el congelamiento de las reservas del Banco Central ruso. La banca —al intermediar transacciones financieras de todo tipo, custodiar activos, guardar depósitos, y ofrecer préstamos— juega un papel clave en la implementación de estas medidas.    

Olga Gouveia, BBVA Research.

Pero, ¿cómo de expuesta está al conflicto? La exposición directa es limitada porque se redujo considerablemente desde 2014. Según información del Banco Internacional de Pagos, a septiembre de 2021 ascendía a US$ 121.000 millones. De esta, la exposición de los bancos europeos se cifra en US$ 91.000 millones, lo que equivale a 0,2% de sus activos y 4% de su capital, lo que es perfectamente manejable incluso si hubiese que afrontar pérdidas elevadas. No obstante, está concentrada en tres sistemas bancarios —el austriaco, el italiano y el francés—, que tienen a su vez tres bancos con filiales en Rusia, que son, por tamaño, el 10º, 11º y 12º en el país. Además de la presencia local, hay exposición directa a través de préstamos transfronterizos asociados, entre otros, al comercio internacional o a la financiación de proyectos de infraestructuras.

Adicionalmente, la banca está expuesta indirectamente a clientes con exposición a Rusia, a países vecinos al conflicto, a fondos gestionados de clientes con exposición al país, a otros intermediarios financieros, o al deterioro macroeconómico generalizado en Europa. La cuantificación de estos impactos es compleja por la incertidumbre asociada a los efectos de segunda y tercera ronda. Por otro lado, el potencial contagio al sistema financiero europeo por parte de las subsidiarias de bancos rusos en Europa parece estar bastante acotado, una vez que las autoridades europeas intervinieron rápidamente liquidando o implementando otras medidas de resolución.

En resumen, a pesar de exposiciones reducidas, es probable que asistamos a un deterioro crediticio en las carteras de los bancos, un aumento del riesgo operacional vinculado a las sanciones y una reducción de la rentabilidad para los bancos más expuestos que, en algunos casos, podrá erosionar parte de su capital. Aun así, el punto de partida es fuerte y, según el BCE, no peligra el ratio de capital de ningún banco.

Eso sí, la guerra traerá cambios —en la economía, seguridad, defensa europeas— que pueden impulsar cambios en el sector financiero; por ejemplo, culminando la Unión Bancaria, avanzado en el mercado de capitales europeo, o promoviendo la emergencia de “campeones” europeos.

 

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