Por Christine Murray
Cómo el fentanilo cambió la operación de cárteles de la droga mexicanos
En menos de una década, los traficantes han creado un negocio muy rentable para alimentar la demanda estadounidense del opioide sintético
En menos de una década, los traficantes han creado un negocio muy rentable para alimentar la demanda estadounidense del opioide sintético
Por Christine Murray
Un domingo de mayo por la mañana, después de salir de un restaurante en el oeste de México, Sergio Emmanuel Martínez, el nuevo director de aduanas del mayor puerto del país, fue secuestrado.
Al día siguiente, apareció muerto junto a una autopista, lo cual lo convirtió en el cuarto funcionario de aduanas del puerto de Manzanillo asesinado en menos de dos años.
Manzanillo es un ajetreado centro de comercio mundial, pero también un punto de entrada de sustancias químicas procedentes de China que se utilizan para producir el opioide sintético fentanilo.
Al igual que otros centros de envío de la costa del Pacífico, su importancia para el negocio de la droga ha aumentado considerablemente con el auge del fentanilo, desencadenando una violenta batalla entre cárteles por el control del puerto. El presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que la muerte de Martínez estaba relacionada con las medidas adoptadas para frenar las importaciones ilegales.
En la última década, el fentanilo se ha convertido en la principal causa de muerte de adultos jóvenes en EEUU. El narcotráfico mexicano también se ha adaptado al cambio de las drogas de origen vegetal por las sintéticas, creando una nueva rama del negocio ilícito, optimizada y muy rentable, con menos trabajadores y menores costos, pero igualmente violenta.
El cambio ha provocado fricciones en dos de las relaciones más importantes de Washington, con China y México. También se está convirtiendo rápidamente en una prioridad para los republicanos estadounidenses de cara a las elecciones presidenciales de 2024, con candidatos que presentan propuestas de medidas cada vez más radicales contra ambas naciones.
Detener el suministro no es tarea fácil.
El puerto de Manzanillo maneja 9,500 unidades equivalentes a 20 pies (TEU, por sus siglas en inglés) al día, incluyendo alrededor del 30 por ciento de las importaciones marítimas del país. Incluso sin las amenazas y la corrupción, a las aduanas mexicanas — ahora bajo el control de la marina — les resultaría difícil encontrar las minúsculas cantidades de insumos químicos necesarios para fabricar fentanilo entre esta enorme carga, según los expertos. Para complicar aún más las cosas, muchos de los ingredientes también pueden utilizarse con fines legales, al igual que el propio fentanilo, una droga de gran potencia.
Todo el fentanilo necesario para abastecer a EEUU durante un año pesa el equivalente a 5 toneladas y cabría fácilmente en un camión, según los investigadores de la Rand Corporation. Esta cifra contrasta con las 125 toneladas de heroína e incluso más de cocaína.
Desde el puerto, los productos químicos se llevan a los estados del norte de México y se mezclan y prensan, convirtiéndolos en pastillas, según los expertos. A diferencia de las extensas plantaciones de amapolas o marihuana, que dependen de una producción climatológica adecuada, los "laboratorios" de drogas sintéticas pueden instalarse rápidamente en casas y pasar desapercibidos incluso en zonas urbanas.
En lugar de emplear a decenas de miles de trabajadores agrícolas, toda la industria del fentanilo en México podría funcionar con "cocineros", cuyas cifras se encuentran probablemente en los centenares, y que en su mayoría no son químicos cualificados. El crecimiento del fentanilo parece haber afectado sobre todo a la producción de heroína, a la vez que el cultivo de amapola en México sigue muy por debajo de sus niveles máximos, según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.
En un rudimentario laboratorio en las colinas de Sinaloa, dos adolescentes con guantes de látex trabajaban ante una mesa repleta de polvo de fentanilo, previamente cocinado en condiciones incontroladas, según un reportaje de la cadena mexicana Televisa. Llenaban 21,000 cápsulas a la semana y cobraban unos US$330.
"No es mucho dinero, pero en todas partes se paga muy poco. También es aburrido", dijo uno de los enmascarados, que fabricaban la droga para el cártel de Sinaloa.
Desde allí, las drogas eran transportadas a través de la frontera terrestre por "mulas", que suelen ser mujeres estadounidenses, según una reciente acusación en EEUU. A algunas las llevan en aviones privados. Luego, el fentanilo se distribuía utilizando redes estadounidenses similares a las de otras drogas, según los expertos.
El fentanilo causa actualmente la mayoría de las más de 85,000 muertes anuales por sobredosis de opioides en EEUU y Canadá. Mientras que el número de víctimas de muchas otras drogas afecta a países de todo el mundo, las muertes por sobredosis de fentanilo — desarrollado originalmente en la década de 1950 como analgésico — se concentran en Norteamérica.
Aunque la epidemia estadounidense se vio alimentada por la prescripción excesiva de opioides por parte de los médicos, el fentanilo también se mezcla ahora con muchas otras drogas ilegales. Los cárteles de la droga mexicanos ahora incluso lo mezclan con otras sustancias, como el tranquilizante para animales xilacina.
Legisladores estadounidenses de ambos partidos dicen que México debe hacer más para cortar el suministro de fentanilo, y algunos incluso sugieren una intervención militar estadounidense contra los cárteles. En su reunión de junio con el presidente chino, Xi Jinping, para distender las relaciones, el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, insistió en la necesidad de cooperar en este asunto. Tanto México como China, que dice haber tomado "medidas sin precedentes" para controlar el fentanilo y sustancias similares, sostienen que la demanda de drogas de los consumidores estadounidenses es la verdadera fuente del problema.
México, en particular, dice que ya está pagando un alto precio. El cambio de los cárteles de la droga al fentanilo para abastecer Norteamérica, que según una acusación reciente de EEUU comenzó alrededor de 2014, ha alimentado la violencia en el país, donde los homicidios alcanzaron cifras récord de 2018 a 2020 y apenas ahora han disminuido ligeramente.
El fentanilo había sido una fuente de conflicto entre los dos grupos preeminentes del país, el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), dijo Falko Ernst, analista principal de México en el International Crisis Group.
Partes del altiplano rural y pobre de México, donde se cultivaba la amapola para fabricar heroína, también han sufrido una recesión económica conforme los consumidores pasaron a consumir fentanilo.
Decenas de miles de campesinos de Guerrero, Sinaloa y otros estados tienen ahora ingresos apenas una décima parte de los que obtenían en el momento álgido del auge de la heroína en EEUU, entre 2015 y 2017, según Romain Le Cour Grandmaison, experto de la organización sin fines de lucro Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional.
A pesar de las evidencias que demuestra lo contrario, el presidente López Obrador afirma que el fentanilo no se produce en México. Al mismo tiempo, su gobierno se comprometió recientemente a adoptar una serie de nuevas medidas para "reducir drásticamente" la entrada de precursores químicos, incluyendo el refuerzo de la vigilancia en sus puertos.
En Manzanillo, el Cártel de Sinaloa y el CJNG se disputan el control de la ciudad portuaria. En 2019, dos sicarios armados en motocicletas intentaron matar a Griselda Martínez, alcaldesa de Manzanillo, quien es del partido Morena de López Obrador.
Los guardaespaldas la salvaron, y ahora vive en un edificio del gobierno lejos de su familia, protegida por una docena de funcionarios armados.
"Tener un equipo de guardias de seguridad te quita la vida", dijo, y añadió que sus agresores aún no habían sido capturados. "No debería ser así".