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Cómo leer la fortuna

A Uruguay le han tocado tres rivales físicamente poderosos, rápidos, y con sólidas defensas, capaces de encriptarse en el área y dificultar la labor de los delanteros

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04 de diciembre de 2017 a las 05:00

Bajo la dirección de Óscar Washington Tabárez la selección uruguaya disputó ya tres mundiales. En ninguno le tocó un grupo fácil, pero siempre logró pasar a la segunda ronda. En 1990 los rivales fueron España (empate), Bélgica (derrota) y Corea del Sur (victoria). En 2010: Francia (empate), México (victoria) y Sudáfrica (victoria). En 2014: Costa Rica (derrota), Inglaterra (victoria) e Italia (victoria). Uruguay llegó al Mundial de 1990 como uno de los favoritos (lo era para el cantante Rod Stewart), pero comenzó pronto a desinflarse, tras el penal errado por Rubén Sosa.

El triunfo contra surcoreanos fue agónico. La tendencia a la baja se confirmó en el partido de la ronda siguiente contra los italianos, en el cual Uruguay tuvo un pobrísimo desempeño. En Sudáfrica y en Brasil le tocaron dos grupos muy difíciles, pero sorteó la prueba sin muchos contratiempos; el único partido que perdió (por goleada) fue contra el rival que parecía más vulnerable. Los costarricenses le pasaron por encima a la celeste. Es decir, a los dos últimos mundiales llegamos con nerviosismo por la calidad de los rivales.

Para este, en cambio, los preparativos estarán marcados por un tranquilo optimismo, pues, a decir verdad, ha tocado el grupo en apariencia menos difícil. Y la afirmación "en apariencia" resulta para el caso correcta, pues, no hay rivales fáciles en los mundiales ni estos se caracterizan por tener exámenes accesibles, como los que para alegría nuestra nos tocaban en el liceo.

El característico nerviosismo previo ahora ha sido sustituido por el optimismo, el cual puede confabularse con la excesiva confianza y resultar nefasto: los entusiasmos desmesurados para este tipo de gesta pueden ser letales. A Uruguay le han tocado tres rivales físicamente poderosos, rápidos, y con sólidas defensas, capaces de encriptarse en el área y dificultar la labor de los delanteros. Pintan para ser partidos en los que la diferencia entre una selección y otra será solo un gol.

La mesura, el estudio milimétrico de las virtudes y debilidades del rival, una excelente preparación física y la concentración absoluta serán los ingredientes que harán la diferencia, el boleto para convertir en realidad la ilusión del premio mayor.

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