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Cómo queremos que nos recuerden

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11 de abril de 2020 a las 13:41

Una nueva etapa para Consultor Tributario, ahora acompañando la edición del fin de semana de El Observador, y una excelente oportunidad para renovar la gratitud con su director, Ricardo Peirano, querido amigo, celebrando esta también nueva etapa, que apuesta con realismo por un periodismo independiente, que siempre busca la excelencia, en momentos desafiantes donde eso es más que nunca imprescindible. Y agradeciendo también como corresponde a Thomson Reuters y todo su equipo por el apoyo de siempre.

En esta edición no podríamos dejar de aludir a las extraordinarias circunstancias en las que estamos inmersos, fruto de la crisis sanitaria, económica y social provocada por la pandemia del covid-19. Por ello recibimos para este número la destacada contribución de Fabián Birnbaum, experto tributario, a propósito de las lecciones que esta pandemia puede dejar en un fenómeno fiscal que, como el sanitario, también exige hoy respuestas globales.

Porque, precisamente, es a reflexiones profundas a lo que nos invita este tiempo de distancia social. Como escuchaba hace pocos días decir en un seminario a Juan Antonio Romera, líder en motivación que ha colaborado con las principales empresas del IBEX 35, nos toca un tiempo para priorizar, para no quejarnos, para vivir con más conciencia y para agradecer por tanto que Dios nos ha dado. Sobre todo, un tiempo para valorar el recuerdo desde una doble perspectiva igualmente importante: recordar tanto que hemos vivido y por lo que podemos sentirnos agradecidos, por un lado, y, aún más importante, un tiempo para pensar seriamente qué recuerdo queremos que tengan de nosotros aquellos que nos rodean.

Esta Semana Santa, y todo este año, será para todos inolvidable, qué duda cabe. Como se preguntaba el mismo Romera: ¿cómo queremos que recuerden nuestros esposos, hijos, padres y amigos que reaccionamos y nos comportamos ante un hito de estas características? Seguramente, si lo pensamos bien, responderemos que como personas que abordaron el reto con serenidad, con gratitud, que transmitieron paz y valentía. Y por supuesto, como personas con fe y esperanza, de que saldremos adelante y seremos mejores.

Coronavirus… una lección tributaria

Por Fabián Birnbaum
@fabobirnbaum

El coronavirus está provocando una crisis sanitaria significativa y a la fecha que escribimos el presente artículo, desconocemos la magnitud del impacto total. Como corolario, la crisis socio-económica desencadenada es de igual o mayores dimensiones al punto tal de compararse con las de las pasadas guerras mundiales.

La narración anterior no respeta fronteras, por lo que nos enfrentamos a un problema global cuya solución también lo deberá ser ya que la respuesta individual de cada país no va a ser suficiente.

En esta línea, en el año 2015 Bill Gates hace una (escalofriante) predicción de una pandemia en donde mencionaba que los principales problemas a los que nos íbamos a enfrentar eran la falta de una infraestructura global para atender una crisis sanitaria. Esto se debe a el mundo se subdivide en países que toman decisiones en forma autónoma y no siempre en cooperación con los otros.

En ese sentido, es de recibo mencionar al autor Yuval Noah Harari que explica que las naciones son realidades intersubjetivas que únicamente existen en nuestra imaginación colectiva pero que su poder es inmenso.

El mundo tributario también se subdivide en naciones por el cual cada una de ellas podía decidir autónomamente sus decisiones tributarias en aplicación del principio de soberanía. Sin embargo, podemos destacar los siguientes dos hechos que produjeron la imperiosa necesidad de reformar los sistemas tributarios:

El primero de ellos es la facilidad en la movilidad del capital financiero que derivó en una competencia fiscal entre países que, en busca de atraerlos, otorgaron aspectos como secreto bancario y/o bajas o nulas tasas tributarias. Como consecuencia, se produjo una reducción global de tasas tributarias. Esta es la génesis de los ya conocidos acuerdos de intercambio de información.

El segundo hecho refiere a que las nuevas tecnologías han modificado los modelos de negocios de las empresas, implicando esto que la lógica para evaluar la carga tributaria que utilizaban los sistemas tributarios, haya quedado obsoleta.

El relato anterior es de público conocimiento en nuestro país. Vale recordar la firma de convenios tributarios, identificación de beneficiarios final, secreto bancario, Uber, etc.

Sin perjuicio de lo anterior y de un aparente mundo tributario más globalizado, todas las acciones realizadas terminan siendo ejecutadas por cada país ya sea por motu proprio o por invitación “cordial” de vecinos como lo fue en el caso de Uruguay.

Partiendo de la premisa que los impuestos sirven para atender los fines de la sociedad, ¿qué lógica tiene que estos se subdividan en las ficciones denominadas países cuando mucho de los problemas, tales como el coronavirus, son globales y requieren acción global? Por ejemplo, en el caso de los impuestos cuya recaudación tiene fines sociales, ¿cuál sería el racional detrás de su aplicación exclusiva en un territorio delimitado?

En esta línea de razonamiento, supongamos que una multinacional accede a pagar X monto de impuestos a nivel mundial y que los países debieran de definir como atribuir ese pago global entre ellos y no hagan que cada contribuyente se tenga que enfrentar con cientos de autoridades fiscales simultáneamente. ¿No sería más sencillo y justo esto? ¿Sería viable de aplicar?

Lógicamente lo antedicho puede resultar más sencillo (aunque no lo es) de responder en un plano teórico sin embargo merece una discusión profunda ya que su aplicación práctica puede ser sumamente complicada por el mismo motivo expuesto por Bill Gates al pronosticar la pandemia. Es decir, la no existencia de una infraestructura global sumado a que los países más que cooperar tributariamente, compiten.

En definitiva, lo que el coronavirus nos podría enseñar es que existe una lógica para que nos empecemos a comportar en forma más global y los impuestos no deberían quedar exentos (vale la paradoja) de esto. Esto implica cambiar nuestros paradigmas tributarios, así como económicos hacía unos más globales.

Desde esta “pluma” pretendemos aportar un punto de vista para eventualmente trazar una hoja de ruta que nos permita aproximarnos a una lógica de pensamiento más global.

Al final del día, todos somos seres humanos y vivimos en la misma tierra… (En honor a Jaime Chaffer Z´L)

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