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Con el cielo en la cabeza: así trabajan las astrólogas de la televisión uruguaya

Lourdes Ferro y Verónica Lavalle repasan sus carreras, su trabajo cotidiano para la pantalla, y analizan el poder de las astrólogas 

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10 de agosto de 2019 a las 05:04

La astrología es aburrida. Es difícil. Se puede utilizar para hacer predicciones basadas en la posición de los astros día a día, pero los trabajos más completos, como las cartas astrales, llevan tiempo, y solo aplican a una persona. La versión televisiva de la astrología –o la que se encuentra en un diario o una revista– es una versión simplificada y más atractiva, y cuyas predicciones son universales. Es una astrología de masas. Una astrología pop, que convierte a sus figuras en personalidades apreciadas y seguidas con fidelidad por una audiencia que día tras día, a la misma hora y en el mismo canal, escucha las sugerencias astrales del momento.

Dos de esas figuras de la astrología televisiva uruguaya son Lourdes Ferro y Verónica Lavalle. La primera en canal 4, la segunda en canal 10, cada una con su estilo, son de las caras visibles de esta disciplina adivinatoria con milenios de historia, que la ciencia desdeña como pseudociencia y que para sus creyentes es tan necesaria para empezar el día como desayunar. Y quizá incluso más, no sea cosa que los astros digan que es un día en el que hay que cuidarse con las comidas.

Caminos paralelos

Terminan los aplausos, se abre una puerta de vidrio y madera, y salen algunas personas del estudio céntrico donde se graba Así es tu día, el ciclo conducido por Verónica Lavalle en canal 10 de lunes a viernes en dos emisiones diarias, y una los sábados. Se acaba de grabar uno de los programas de setiembre. La astróloga se enfrenta al celular de alguien del equipo, que le pide un saludo para una amiga de su madre que cumple años. Lavalle dibuja una sonrisa y cumple el pedido.

Marcando el paso con tacos altos, se encamina hacia su camarín. Busca el control del aire acondicionado para evadir el frío de la tardecita invernal, pero no lo encuentra. Uno de sus compañeros se ofrece a buscarlo y, mientras tanto, le pasa por los hombros un abrigo. Hace algunos días estuvo enferma y tuvo que postergar la grabación.

Lavalle nació en Uruguay, pero a los pocos días de vida fue llevada a Buenos Aires, donde vivió hasta los 33 años. “Yo tenía 6 años y le pedía a mi madre que me leyera el horóscopo. Y me sentaba a mirar a Horangel y los doce del signo. Miraba eso en lugar de mirar dibujitos”, dijo.

La historia de ambas tiene puntos de contacto en cuanto a sus vínculos con la astrología. Las dos, por ejemplo, ya tenían un interés por ella desde la infancia.

Lourdes Ferro está sentada en uno de los espacios que se ven cada día en la televisión, en su programa Bien con Lourdes. Enfrente tiene el libro Los 22 escalones, que está a punto de lanzar, detrás una biblioteca con libros astrológicos y a su costado una puerta decorada con motivos de tarot, su primera pasión dentro del mundo del esoterismo, gracias a su familia.

Primero, su abuelo materno, un masón con interés por ese rubro. Con él tuvo su primera aproximación a la astrología: tirarse en el suelo en Cuchilla Alta, y sin el bloqueo de las luces de ciudad localizar a Marte, a Venus y a identificar las fases de la Luna. “Él murió cuando yo tenía 9 años pero dejó una semilla muy importante”, afirmó la astróloga. “Había inquietudes en mi familia, literatura para acercarse, y cuando uno se educa en una familia donde el tarot o los libros esotéricos, los libros prohibidos –como Alta magia ceremonial, de Eliphas Levi– estaban, aparece la curiosidad. Mi primera formación fue como tarotista, soy una investigadora del tarot”, contó Ferro, que se define como “ratona de biblioteca”. Para ella, la astrología fue una consecuencia del estudio del tarot.

Después vino el estudio formal, para las dos. Ferro estudió en Argentina, pero la mayor parte de su formación es autodidacta. “Acá en Uruguay en aquel momento no había muchos lugares donde pudieras formarte. Tenías que ser autodidacta. Los libros, como hasta hoy, los vas a buscar a la librería y te dicen 'están allá, a la vuelta', casi como si fuera pornografía. Son temas que eran muy importantes en la antigüedad y son cada vez más tabú y más desdibujados”, explicó. El resultado de su estudio fue ponerle el foco a la psicoastrología, que no se enfoca tanto en las predicciones basadas en los acontecimientos celestiales, sino en dar herramientas para el autoconocimiento.

Lavalle estudió también en Buenos Aires, con la ventaja de que ella residía allí. Fueron tres años de formación y luego especializaciones, como la astrología médica. La única que le quedó, y de la que hasta hoy se arrepiente de no haber cursado, fue la económica.

Ambas astrólogas lo tenían en ese momento como un hobby. Ferro trabajó como peluquera y panadera. Lavalle bailaba y actuaba. A los 34 años, Ferro dejó su trabajo estable y se dedicó de lleno al tarot y la astrología, mientras que Lavalle volvió a Uruguay y empezó a trabajar como consultora astrológica. “Todos me decían que era buena como astróloga. Yo vine a Uruguay con la plata de la gente que me pagaba para que le hiciera la carta astral. Obviamente que nunca se las hice y me quedé acá. Los sigo viendo y no me reclamaron. Pero ya me veían el perfil. Yo lo negaba porque me gustaba bailar, pero no me daba de comer. Yo siempre digo que cuando uno hace algo que está dentro de su destino, es como que fluye solo. Vos podes tener un hobby que te encanta, hay mucha gente que ha venido a verme y me dice, por ejemplo: 'Yo soy jugador de fútbol pero no me va bien', y yo lo miro y de jugador nada, hacelo como hobby, pero lo tuyo es otra cosa. Lo mío fue igual”.

Después de la conversión definitiva en astrólogas, vino el acercamiento a la televisión. Y después los programas propios, en los que además reflejan otras de sus inquietudes y que se han ido expandiendo en duración (el de Lavalle pasó de 15 minutos diarios a una hora) y temáticos (Ferro anticipó que en las próximas semanas saldrá de su espacio actual dentro de Buen Día Uruguay y tendrá un programa propio diferente con una primera versión matutina más enfocada en la salud, y una vespertina que será como un pequeño magazine).

Lourdes Ferro dice que tiene “el cielo en la cabeza”. Lo que quiere decir con eso es que si bien prepara y produce su programa, en cuanto saca la carta del día, o tiene que pensar lo que va a pronosticar para cada signo para esa emisión, puede hacerlo de memoria porque ya sabe dónde están los astros en determinado momento del año. “Así como ves cada acontecimiento en una carta de tarot, también ves la configuración del cielo y ya sabés qué pasa con eso”, afirma en su estudio de Maroñas.

Lavalle comparte esa deformación profesional en cuanto a la preparación. “A esta altura ya no tengo preparación previa, sé donde están los planetas, a la hora que entraron y tengo todo en la cabeza. La gente me dice que soy despistada, pero es que tengo todo ahí. Pasó una mosca, me desvió y tengo que resetear el cerebro”.

El poder en sus manos

Después de que intentaron asesinarlo en 1981, Ronald Reagan y su esposa Nancy contrataron a Joan Quigley, un astrólogo que asesoró al expresidente estadounidense y a la primera dama hasta que se reveló su posición al público en 1988. Impresionados por algunas predicciones correctas, el suizo Karl Krafft fue contratado por el ejército nazi para que los astros aportaran lo suyo al esfuerzo bélico, y llegó a hacerle algunas predicciones personales a Hitler enviadas a través de su secretario. Preocupados por que los planetas estuvieran con el otro bando, los ingleses reclutaron a Louis de Wohl, que duró poco en su cargo.

La astrología trasciende épocas, géneros y edades. El prejuicio de que es algo destinado a las señoras de la tercera edad que se quedan en casa es, según Ferro, solo eso, un prejuicio. “Me peleo con el canal por eso. Al principio me decían: 'Tu público objetivo son las señoras de 60 años’, pero a las presentaciones de los libros van muchísimos adolescentes, de 12, 13, 14 años, y en las redes son mujeres de entre 25 a 34 años. Cuando hacía consultas privadas recibía la misma cantidad de hombres y mujeres", cuenta, y ahora está trabajando en un libro de astrología, astronomía y mitología para niños.

El peligro

Esa trascendencia, alcance y audiencia potencial hace que las astrólogas tengan que tener cuidado también al momento de dar sus predicciones. El gran peligro es condicionar con sus advertencias y las dos toman sus recaudos para evitar destrozar los nervios o generar miedo.

“Siempre digo 'hoy es un día en el que conviene...' o 'vas a estar de mal humor'. No te impongo, te digo que la tendencia es esta. Vos después decidís. De todas maneras hay cierto condicionamiento, si yo no fuera astróloga y alguien me dice 'cuidado con los accidentes', de repente ese día hasta que no llego a casa tengo miedo. Por eso hay que hacerlo con cuidado”, advirtió Lavalle.

Ferro, en tanto, dice que le da “mucho miedo” el poder de condicionamiento que puede llegar a tener. “Si yo digo algo negativo, en la persona va a tener incidencia. Hay que tener cuidado con lo que uno dice, porque tiene una gran influencia. Si estás mal, te voy a decir 'sonreí, ponete algo rojo y salí a ganarle a la vida'. No te puedo decir ‘vas a tener un día espantoso’. Hay astrólogos que lo hacen. Yo no puedo, trato de dar un mensaje de esperanza, el 'vamos que se puede'. Porque se puede”.

Lavalle aclara que la astrología no es un arte enfocado exclusivamente en la predicción. No busca decir lo que va a pasar, sino que advierte sobre los eventos y los obstáculos de la vida, para “moldear el mejor camino para atravesarla”.

Pero algo de predicitiva tiene. Al menos eso opina Lourdes Ferro. Aunque también tiene en claro que el destino queda siempre en manos de la persona. “Yo no digo el futuro, si lo supiera sería genial. Sí te digo que hay más predisposición a tal cosa o tal otra. Me niego a perder el control de mi vida. El control siempre lo tengo yo. No digo ‘te va a atropellar un auto’, la decisión de cruzar la calle o no es tuya. Te aviso que vas a estar distraído o que Marte te va a hacer más impulsivo y vas a cruzar sin mirar, y ahí sí te puede pisar el auto. Pero te aviso, para que en lugar de cruzar sin mirar vayas a golpear una puerta y uses ese impulso para pedir un trabajo o un aumento de sueldo. Para direccionar la energía del momento”.

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