30 de agosto de 2014 22:09 hs

El Estado Islámico (EI), que hoy asuela el este de Siria y buena parte del territorio iraquí con una violencia que ha conmocionado al mundo, ha desarmado un rompecabezas para Barack Obama en la región cuya complejidad nunca había enfrentado un presidente de Estados Unidos.

La remoción de la pieza clave que en Irak mantenía a todas las demás –sojuzgadas- en su lugar, Saddam Hussein (un presente griego que le dejó su antecesor, George W. Bush), y el rompimiento con la que hacía lo propio en Siria, Bachar al Asad (una iniciativa esta del propio Obama), han generado un caos tal en ambos países que ha permitido a los yihadistas instalar su cruento califato sunita binacional.

Y en el caso de Irak, un segundo error tampoco le es ajeno al actual mandatario estadounidense, como lo fue dejar instalado en Bagdad a un gobierno chiíta, aliado de Irán, que marginó a la población sunita y convirtió al país en terreno fértil para el sectarismo que hoy lo desangra.

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Cómo detener eso ahora es la gran interrogante que desvela sueños en la Casa Blanca y el Pentágono. Obama bombardea las posiciones del EI en Irak; pero hacerlo en Siria, como le piden sus aliados en la región y varios en su propio país, es otro tema. El jueves por la noche, Obama dijo en rueda de prensa no tener un plan comprensivo para atacar a los yihadistas en Siria. Y es que hay algo que se cuece a la sombra de una diplomacia bien resguardada desde la irrupción del EI en Irak en junio pasado: las conversaciones de Washington con Irán, otrora impensables, que ya son un secreto a voces. Ambos gobiernos quieren frenar la expansión de los yihadistas en Irak; y ante la inoperancia del ejército iraquí, Estados Unidos debía asegurarse el visto bueno de Teherán antes de intervenir en el país vecino.

El Irán chiita es, a su vez, un firme aliado de Siria, y varios especulan con que algún recado ha triangulado entre Washington y Damasco en estos últimos dos meses. Algunas versiones de prensa aseguran, incluso, que Asad solo habría pedido ser consultado antes de que bombardeen las posiciones del Estado Islámico en su territorio. En buen romance, solo había que pedirle luz verde para atacar a los yihadistas en el Levante. Esto habría generado el carácter de inminente que le otorgaban algunos medios norteamericanos durante la semana a la intervención contra el EI en Siria –con evidentes filtraciones del gobierno de Washington–, tras la conmoción causada por la ejecución de un periodista estadounidense a manos de los fanáticos del califato.

Otra vez parecía muy posible que Obama ordenaría los bombardeos en Siria; aunque esta vez no en contra de Asad, sino de sus enemigos. Por eso sorprendió un poco el jueves al bajarle los decibeles a la especie. “No voy a poner la carreta delante de los bueyes”, dijo. Y citó como una de sus razones el hecho de que no podía dejar al Congreso por fuera de una decisión tan importante.

Sin embargo, la verdadera razón habría que buscarla en otra parte. Después de todo, cuando a principios de mes Obama ordenó los bombardeos en Irak, no pidió la aprobación del Congreso. Además, los legisladores están de vacaciones por estos días. Los que sí le reprocharon que los dejara afuera fueron sus aliados en la región, que dicen estar “en las tinieblas” sobre la estrategia de Washington contra el EI, en clara alusión a lo poco que se sabe de sus supuestas conversaciones con Irán, del que muchos de ellos (monarquías sunitas que por años han financiado el extremismo contra los chiitas) son enemigos acérrimos. Esos son los bueyes delante de los que Obama no puede poner su carreta.

Los gobiernos de Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Catar y Jordania (los aliados de siempre de Estados Unidos en Medio Oriente) le han hecho saber al mandatario norteamericano que no aprueban la forma en que está manejando el conflicto. Y el jueves mismo despacharon a sus voceros para decírselo al Washington Post.

Los voceros hablaron con el matutino washingtoniano a condición de reserva, pero la nota dejaba claro de qué gobiernos se trataba. Como decía un profesor de Política Internacional de Washington, cuando un líder mundial quiere comunicarle algo urgente, o llamarle la atención, al presidente de Estados Unidos, se lo dice al Washington Post. Le llega más rápido y de forma más contundente que a través del Departamento de Estado.

Y así lo hicieron estos gobiernos, que se mostraron ansiosos y preocupados por los trascendidos del coqueteo de Washington con Teherán y, acaso, con Damasco; el peor escenario para los soberanos sunitas del golfo. Obama recibió el mensaje. Fue así que esa misma noche puso paños fríos a la intervención en Siria; y dejó claro que su prioridad ahora es Irak, que lo de Siria quedaba eventualmente para más adelante, para lo que además habrá de concitar el apoyo de otros países de la región. En concreto, habló de “una coalición”.
“Vamos a tener que hacer eso con nuestros aliados”, dijo. Y por si quedara alguna duda, agregó: “En particular, con nuestros aliados sunitas”. Con los bueyes por delante.

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