6 de mayo de 2023 5:04 hs

“En su exposición ante el Comité de Servicios armados del Congreso norteamericano a fines de abril, Christopher Cavoli, comandante general de las tropas de los Estados Unidos en Europa y África, afirmó, con respecto a la situación de la guerra en Ucrania, que gran parte del ejército ruso no se vio afectado negativamente por este conflicto. Una de esas fuerzas son las submarinas. Es muy difícil hablar en público sobre la guerra submarina y nuestros esfuerzos al respecto”, dijo el analista internacional Sergio Rodríguez Gelfenstein en una nota para Periodismo Internacional Alternativo.

Y agregó que “puedo decir que los rusos están más activos de lo que hemos visto en años y sus patrullas en todo el Atlántico están a un alto nivel la mayor parte del tiempo. Y esto es, como señaló Cavoli, a pesar de todos los esfuerzos que están llevando a cabo dentro de Ucrania”.

El general Cavoli dio a entender con claridad que, pese a las estimaciones optimistas que circulaban en algunos sectores vinculados a la defensa y a los círculos políticos entusiastas de la guerra, los submarinos rusos portadores de misiles hipersónicos “están rondando las costas de Estados Unidos a un nivel más alto de lo que hemos visto en años”.

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Al comentar estas declaraciones, el sitio de extrema derecha Trunews se mostró sorprendido de que los medios de comunicación estuvieran afirmando que Ucrania estaba ganando la guerra y que el ejército ruso iba a colapsar. Según los periodistas del sitio, que es conocido por sus posturas proclives a teorías conspirativas, las afirmaciones de que Ucrania estaba ganando la guerra eran mentiras, mera propaganda que ocultaba la realidad de que, pese a que Occidente haya gastado miles de millones de dólares en ayuda militar, los rusos estaban ganando.

La coincidencia entre un militar de altísimo rango y un medio de derecha, ambos insospechados de simpatizar con Rusia, muestra una visión más realista sobre el conflicto, cuya realidad los medios occidentales se empeñan en ocultar o colorear con tonos optimistas.

Rodríguez Gelfenstein afirmó que las distintas apreciaciones sobre el conflicto aparecen en un marco objetivo en el que todo indica que se está abriendo un espacio para una negociación. Incluso la tan publicitada “contraofensiva” ucraniana parece más destinada a mejorar las condiciones y ampliar el pliego de demandas para una negociación que obtener un triunfo militar que hoy se ve de dudosa concreción.

El propio secretario de Estado Anthony Blinken lo dijo con toda claridad. En una entrevista con Fox News, ante una pregunta sobre las perspectivas de Ucrania en el conflicto afirmó que, “al final, su éxito en el campo de batalla quizás el mejor y más rápido camino más rápido hacia las negociaciones que traerán una paz justa y sostenible”.

El periódico londinense The Times, propiedad del magnate Rupert Murdoch, citando fuentes de la inteligencia británica aseguró que Ucrania no estaba preparada para la contraofensiva. Asimismo, según fuentes de inteligencia de los Estados Unidos también citadas por dicho medio de comunicación, Ucrania “ya no tiene elección”, incluso sabiendo que es poco probable que consigan algo más que “modestas ganancias territoriales”.

The Times argumentó que las fuerzas armadas ucranianas carecen de una defensa antiaérea adecuada para desarrollar una campaña ofensiva, lo que las haría presa fácil de la aviación rusa. Tampoco parece probable que puedan superar el sólido sistema de ingeniería ruso compuesto por trincheras y fortificaciones construidas durante un año, el cual parece inexpugnable, de acuerdo con la información satelital.

Por su parte, el presidente checo Petr Pavel, quien antes de incursionar en la política se desempeñó como Jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas checas desde 2012 hasta 2015 y como Presidente del Comité Militar de la OTAN desde 2015 hasta 2018, manifestó que las Fuerzas Armadas ucranianas no tienen capacidad para enfrentarse a Rusia con eficacia por la “escasez crítica” de municiones, por lo cual opina que Ucrania en realidad lo que necesita son municiones para estructurar una defensa triunfante porque tal “escasez crítica” limita su capacidad para llevar a cabo una contraofensiva exitosa.

En este marco, se multiplican las iniciativas de búsqueda de una salida negociada. La llamada telefónica del presidente Xi Jinping a su par ucraniano el pasado 26 de abril, envió una fuerte señal en ese sentido, sobre todo tras el éxito de Beijing al lograr el acercamiento entre Irán y Arabia Saudí con las innumerables repercusiones que este acuerdo tuvo para todo el Asia Occidental y el norte de África, afirmó Rodríguez Gelfenstein.

China había manifestado que la única salida era el diálogo y la negociación, pero su plan partía de la existencia de condicionantes que no se observan en el escenario de un conflicto que, al contrario, camina en dirección contraria. Los Estados Unidos y la OTAN supusieron que podían obtener una victoria militar, política y económica que destruyera a Rusia para siempre y que eso podía lograrse a costa de la pérdida de cientos de miles de ucranianos que se iban a sacrificar para sostener los valores y el dominio de Occidente.

Aunque en el primer momento Kiev emitió tibias opiniones a favor de la propuesta, Mikhail Podolyak, asesor del jefe de la oficina de Zelensky, sentenció que Beijing tendría que distanciarse de la Federación Rusa para seguir siendo un jugador económica y políticamente fuerte. Podolyak, un hombre muy cercano a Zelensky, dudó de la posición china.

Afirmó que “durante un año, China no pudo decidir sobre una posición y ahora tiene que tomar una decisión: o trabaja dentro del marco definido por el derecho internacional y luego reemplaza a Rusia en el sentido completo de la palabra, o se hace a un lado y luego perderá gradualmente su influencia, incluida la económica”.

Otras iniciativas menos conocidas son las del Papa Francisco, quien durante el vuelo de regreso tras su visita a Hungría dio a conocer que el Vaticano estaba involucrado en una “misión en curso” para poner fin al conflicto, pero que todavía no era pública. El problema de este ofrecimiento, que supuestamente se está gestionando, es que una de las partes negó conocer algo al respecto. Así lo hizo saber el vocero del Kremlin Dmitri Peskov, quien de forma escueta aseguró que Moscú no sabía nada de la gestión, dejando a Francisco en una incómoda situación.

Desde otra perspectiva, también el pasado 26 de abril, el analista turco Mehmet Perinçek en un artículo publicado en el portal United World dio a conocer que Finlandia estaba mediando en conversaciones no oficiales entre Rusia y Ucrania. En este sentido, informó que la fundación finlandesa para la paz CMI Martti Ahtisaari, una organización independiente de ese país, publicó un documento a principios de abril en el que se daba a entender que Rusia y Ucrania habían “llegado a un acuerdo en ciertos puntos”, aunque advertía que este acuerdo era “el resultado de conversaciones no oficiales entre los representantes de los dos países”.

Por su parte, el presidente brasileño Lula da Silva subrayó que condena la violación de los Derechos Humanos de Ucrania por parte de Rusia pero que “no sirve de nada decir quién tiene la razón” pues a su juicio lo más importante ahora es parar la guerra. “Sólo se puede discutir y conversar cuando la guerra termine”, afirmó.

En Europa, donde la guerra comenzó a manifestarse en toda su complejidad, se empiezan a observar distintas y a veces hasta antagónicas opiniones sobre la búsqueda de las negociaciones. Desde la presidencia de Francia se dio la bienvenida al intercambio telefónico mantenido entre los líderes de Ucrania y China y se manifestó que París “alienta todo diálogo que pueda contribuir” a lograr la paz conforme “a los intereses fundamentales de Ucrania” y al derecho internacional.

También el rey de España, en su reunión con Lula, pidió una paz basada “en la integridad territorial” de Ucrania, argumentando que la defensa del “multilateralismo y el derecho internacional” son una vocación común de España y Brasil. Sin embargo, el Rey recordó que para que la paz sea duradera “debe sustentarse en el respeto a la soberanía nacional e integridad territorial”.

Rodríguez Gelfenstein puntualizó que la realidad es que hay un conflicto bélico, y las guerras se terminan cuando triunfa una de las partes sobre la otra, se firma un armisticio, un acuerdo de paz o una capitulación. Esto último es lo que los Estados Unidos, la OTAN y Europa quieren evitar a toda costa, dada la imposibilidad de dar “solución” a la situación creada por vía de la fuerza militar.

Con el comienzo de la primavera se seca el suelo y mejoran las condiciones para la anunciada contraofensiva ucraniana. Los analistas de estrategias militares se preguntan si la operación llevará a los líderes de Ucrania a la victoria, a la mesa de negociaciones o al cadalso del descrédito y la humillación.

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