17 de febrero de 2015 20:52 hs

El crédito a las familias cerró 2014 con el menor ritmo de expansión por tercer año consecutivo. Aunque todavía se encuentra por encima del crecimiento del gasto en el consumo privado, las personas se mostraron más cautelosas a la hora de solicitar financiamiento. La mayor debilidad en el dinamismo se debió por parte de las administradoras de créditos que mermó su expansión a casi la mitad en relación al año anterior y a los bancos privados donde los préstamos destinados al consumo mostraron una leve reducción.

En la vereda opuesta, el financiamiento por parte del Banco República (BROU) fue el único que se aceleró. El menor crecimiento del salario real y un menor optimismo de la población, seguramente hayan incidido en la desaceleración del crédito.

Según el Índice de Financiamiento al Consumo de El Observador (IFC-EO), en el promedio de los 12 meses del año pasado, el crédito a las familias se expandió 6,4% medido en pesos constantes –esto es, descontando el efecto de la inflación–. Así, el volumen de créditos vigentes destinados al consumo fue de US$ 3.659,6 millones.

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El indicador mide la evolución del financiamiento vigente otorgado no solamente por los bancos de plaza sino también por las administradoras de crédito, que tienen un importante papel en el otorgamiento de créditos, principalmente a los hogares de menores ingresos.

Por otro lado, el índice, construido a partir de información del Banco Central (BCU), no considera el financiamiento a la vivienda ni el crédito automotor.

Este aumento tuvo una desaceleración por tercer año consecutivo, tras el crecimiento de 7,9% en 2013 y de 13,6% en 2012 (ver infografía). A su vez, fue la menor expansión desde 2009 cuando el crédito a las familias creció 3,5%. De este modo, el menor nivel de consumo acompañó la desaceleración de la economía, que se encuentra más cercana a su nivel potencial (en torno a 4%), dejando detrás el boom que tuvo en años anteriores.

Aun así, el crecimiento del financiamiento a las familias continuó el año pasado por encima del aumento del consumo privado, que fue de 4,4%, de acuerdo a los datos de la actividad económica del tercer trimestre de 2014, según el último informe de Cuentas Nacionales del BCU.

Esto indica que aunque las familias se muestren más conservadoras a la hora de solicitar financiación –situación acorde a la realidad económica de menor dinamismo–, los préstamos vigentes continuaron creciendo por encima del gasto efectivamente destinado al consumo en el país.

A pesar de que la desaceleración más profunda más se vio en el segmento extrabancario, en particular, en las administradoras de crédito –donde es más frecuente que soliciten préstamos los sectores de ingresos bajos y medio-bajo entre los usuarios del crédito al consumo– también fue el sector que más creció. Allí los créditos vigentes pasaron de una expansión de 17,4% en 2013 a 8,9% en la media del año pasado.

En la vereda opuesta, los sectores de ingreso medio-altos y altos, que son los que pueden acceder más fácilmente al crédito por parte de los bancos privados, fueron los que se mostraron más precavidos a la hora de consumir, estabilizando su comportamiento.

De este modo, el crédito al consumo vigente concedido por el sector bancario privado se mantuvo prácticamente constante respecto a 2013 con una muy leve caída de apenas 0,2%. En el año anterior, el crecimiento fue de 3,5%, mientras que en 2012 tuvo una expansión de 30%.

Finalmente, el financiamiento para el consumo vigente otorgado por el Banco República (que concentra a más de la mitad del mercado del crédito a las familias) fue el único segmento dentro del sistema financiero que aceleró su crecimiento por segundo año consecutivo.

Así, el crédito concedido por el banco estatal a las familias aumentó casi dos puntos porcentuales y pasó de 6,6% en 2013 a 8,5% en el promedio anual de 2014. En 2012 la expansión fue de 2,3%.

Principales factores
Tanto el poder de compra de los hogares, como la situación laboral y la percepción que los consumidores tengan respecto al mediano plazo influyen en el comportamiento de las familias en el momento de decidir contraer una obligación financiera.

De este modo, el menor dinamismo del financiamiento al consumo en el sistema financiero se alineó con el menor empuje del salario real de los hogares, reflejando nuevamente el comportamiento prudente de las familias.

La capacidad de consumo de los trabajadores aumentó 3% interanual mostrando un menor dinamismo en dos años, ya que mientras que en 2013 el crecimiento fue levemente superior, de 3,3%, durante 2012 tuvo un impulso de 5,2%. A su vez, el poder de compra de los trabajadores uruguayos fue el año pasado el menor desde 2004, cuando creció 2,9%.

Esto se refuerza con el último resultado disponible del Índice de Confianza del Consumidor (ICC) de noviembre que elabora la Universidad Católica y Equipos Consultores, donde el indicador mostró un deterioro tras haber mantenido desde mediados de año una marcada tendencia al alza. Así, quedó en el límite inferior de la zona de “atendible optimismo”.

Por último, la situación del mercado de trabajo fue el único componente que no mostró un comportamiento que explicara la evolución del financiamiento de las familias.

Con una tasa de desempleo que se mantuvo respecto al año anterior y en niveles históricamente bajos (6,6%), junto con un aumento en la tasa de ocupación (que pasó de 59,6% a 60,4%), el mercado laboral no influyó en la desaceleración de los créditos al consumo.

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