Cultivos de coca en Colombia

Mundo > Colombia

Crisis de los productores de planta de coca y de los fabricantes de pasta base en Colombia

El negocio de muchos campesinos colapsa por la caída de los precios y produce el desplazamiento y la inseguridad alimentaria para miles familias cuya actividad por décadas ha sido el cultivo de la planta y la venta del clorhidrato de cocaína
Tiempo de lectura: -'
24 de julio de 2023 a las 05:01

Los cultivos de coca no dejaron de crecer en los últimos años en Colombia. A fines de 2002, el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (SIMCI) de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) reportaba un incremento del 43 % en el área sembrada en el país, pasando de 143.000 hectáreas en 2020 a 204.000 ha en 2021. Una cifra similar se registró en 2022.

La producción potencial de clorhidrato de cocaína también alcanzó su máximo histórico con 1.400 toneladas, manteniendo la tendencia al incremento que viene consolidándose desde 2014 según la UNODC.

Sin embargo, en los primeros meses de este 2023, la producción de coca está a punto de colapso. En abril, el gobierno anunció un plan basado en la erradicación voluntaria que le permita en los próximos años disminuir a la mitad las hectáreas cultivadas con coca. Tal fue el anuncio del ministro de Justicia, Néstor Osuna. 

"Hemos pensado que en estos cuatro años podríamos disminuir las hectáreas de hoja de coca cultivadas a la mitad. ¿Cómo? Apostándole más a la erradicación voluntaria mediante acuerdos territoriales para sustitución de cultivos, tierras, proyectos económicos y reforestación en la selva", dijo Osuna en un debate de control político al Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026.

Pero eso requiere de muchos fondos y mucho tiempo. Pasar de plantar coca a otros cultivos no es un desafío sencillo en Colombia. Mientras el gobierno busca ese camino, en estos meses se produce una crisis en el sector de los cultivadores por un aumento de los precios que no les deja el rendimiento económico a los campesinos como en años anteriores.

Según estimaciones oficiales, el empobrecimiento de quienes viven del monocultivo de la coca entra en una estrechez tal que unas 400.00 familias, ya sean productores o personas vinculadas al negocio deben abandonar sus terrenos y desplazarse en busca de otras actividades. Esto sucede en departamentos de frontera como Nariño, Putumayo o Norte de Santander, entre otros. 

El diario El Espectador de Bogotá brinda estimaciones de la caída de los precios. La arroba de hoja de coca, unos 12,5 kilogramos, cayó alrededor del 30% entre 2021 y 2023, según el periódico bogotano que buscó los datos en el departamento del Cauca, sobre la costa del Pacífico.

En el sureño departamento de Nariño, en 2021 un kilo de pasta base se comerciaba en algo menos de U$S 1.000 y en la actualidad se consigue por la cuarta parte. Son datos del capítulo colombiano del centro de pensamiento e investigación International Crisis Group. Esa reducción drástica de quienes elaboran la cocaína deja a los campesinos en situación de completa incapacidad de seguir con los cultivos.

Ya no es una erradicación forzosa o un plan de cambio de cultivos con apoyo estatal lo que produce esta crisis sino una transformación del consumo de drogas ilícitas, donde la cocaína va dejando lugar a aquellas que son sintéticas y requieren mucho menos trabajo.

El presidente colombiano, Gustavo Petro, explicó el jueves durante la instalación de una nueva legislatura en el Congreso, que las exportaciones de cocaína a Estados Unidos han disminuido en paralelo al aumento de la adicción del fentanilo, un potente opioide que produce miles de muertes en aquel país, el principal consumir.

Este cambio, según Petro, es también una oportunidad para acelerar el tránsito de las regiones cocaleras, tradicionalmente marginadas, hacia la legalidad, e integrarlas a los circuitos de progreso que han experimentado otros territorios.

La analista Elizabeth Dickinson del International Crisis Group afirma que, tras la desmovilización de las FARC en 2017, la economía cocalera quedó fugazmente sin el respaldo del grupo insurgente. Los campesinos siguieron con la coca, pero empezó a mermar desde entonces el rédito de los productores.

“Eso explica la gravedad del problema. En el sur de Bolívar, en la costa Caribe, el negocio está paralizado hace seis meses. Los campesinos están bajando de la sierra, en un desplazamiento interno hacia las ciénagas, para vivir de la pesca”, dijo Dickinson a El País de Madrid.

Para hacer frente a esa crisis, muchos pasaron a la amapola adormidera, que sirve para fabricar heroína y que también sirve para el fentanilo. Es decir, una recomposición dentro de los llamados cultivos ilegales pero que sirven a esas familias para no pasar hambre.

Una explicación de esta crisis no es solo la aparición del fentanilo sino de la sobreproducción de coca entre 2018 y 2021 en Colombia. A su vez los cultivos en otros países, como Paraguay, Guatemala, Honduras o México se extendieron. 

Según Ana María Rueda, investigadora de la Fundación Ideas para la Paz, estima que el cultivo de coca empieza a declinar de modo consistente. El propio Gustavo Petro aseguró en su discurso ante el Congreso que muchos laboratorios clandestinos en los selváticos departamentos de Putumayo y Amazonas, al extremo sur del país, habrían sido abandonados.

Un informe de la agencia Reuters consigna que el Programa de Alimentos de las Naciones Unidas muestra la cara dramática de esta crisis: los riesgos para la seguridad alimentaria en ciertas regiones. Colombia vivió una alta inflación, 12,3% a lo largo de 2022, sobre todo verificada en el precio de los alimentos. Y quienes vivían o viven del monocultivo de coca deben pagar su comida con esos nuevos precios.

Eso implica que las posibilidades de los agricultores para llevar la canasta familiar o los gastos escolares se reducen más. Son un eslabón débil de la sociedad colombiana, aunque algunos crean que los cultivadores de coca son parte de un entramado millonario.

Para la socióloga Sandra Bermúdez podría tratarse de una crisis coyuntural, que el cultivo de coca y la producción de pasta base siempre opera por ciclos, y que mientras la coca se pague más que los cultivos sustitutos, “el mercado seguirá determinando su producción”. 

En esa línea de análisis, Ana María Rueda cree que las familias campesinas “están guardando casi todo”. En Tumaco y Tibú, recuerda, las comunidades han logrado incluso hacer truques de paquetes de pasta base a cambio de mercados con comida. Otros campesinos, sostiene Rueda, ya no se limitan a la siembra y adquieren insumos químicos para convertir la hoja en pasta base. 

(Con información de agencias)

Comentarios

Registrate gratis y seguí navegando.

¿Ya estás registrado? iniciá sesión aquí.

Pasá de informarte a formar tu opinión.

Suscribite desde US$ 345 / mes

Elegí tu plan

Estás por alcanzar el límite de notas.

Suscribite ahora a

Te quedan 3 notas gratuitas.

Accedé ilimitado desde US$ 345 / mes

Esta es tu última nota gratuita.

Se parte de desde US$ 345 / mes

Alcanzaste el límite de notas gratuitas.

Elegí tu plan y accedé sin límites.

Ver planes

Contenido exclusivo de

Sé parte, pasá de informarte a formar tu opinión.

Si ya sos suscriptor Member, iniciá sesión acá

Cargando...