Ya se sabe que la realidad supera la ficción!”, escribió ayer en twitter Barby Lanata, hija del famoso comunicador que fue ingresado en la Fundación Favaloro, la misma institución donde, también ayer, fue operada la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Nadie la contradijo, sino más bien todo lo contrario.
Ni Julio Verne hubiera podido inventarse una historia tan superrealista como la que se vivió ayer en Argentina, donde de los 41 hospitales que hay en la Ciudad de Buenos Aires, los dos personajes públicos más enemistados coincidieron por unas horas bajo el mismo techo clínico. Fernández, internada desde el lunes y operada ayer por un hematoma en la cabeza. Jorge Lanata, atendido por un cuadro de insuficiencia renal. La presidenta y el “gordito golpista” separados por apenas un par de paredes y con el mismo cuerpo médico y personal auxiliar.
Así los comunicó el imaginario popular, propulsado por la irónica coincidencia. Las redes sociales explotaron en humor y sarcasmo. Estaban desde los que indicaban que el piquetero Luis D’ Elía había sido internado “en un centro veterinario desconocido” hasta los que declaraban que la hospitalización conjunta de los archienemigos era el primer milagro del papa Francisco. “Lanata y Cristina en el Favaloro. En este país a veces lo único que nos une es una patología”, escribió Nik, autor de los chistes de Gaturro. La lista podría ser interminable y en todos los tonos de humor.
También hubo varios que, apenas se conoció el quebranto de salud de Lanata, desconfiaron de la comunicación dada por Todo Noticias y aseguraron que su aparente malestar no era más que un invento para poder seguir más de cerca a la presidenta, de cuya salud la prensa argentina reclama más datos.
Los hechos, sin embargo, fueron demasiado reales como para que se tratara de una estrategia de espionaje: de acuerdo con la agencia DyN, el comunicador se sintió mal el lunes de noche y ayer no fue a hacer su programa en radio Mitre. Recién a eso de las cuatro de la tarde entró en ambulancia al Centro de Nefrología y Diálisis, con una situación que creen que pudo ser causada por los medicamentos que tomó después de una operación de hernia inguinal a la que se sometió la semana pasada.
Lo jocoso de la situación es que, mientras la sociedad argentina se maravillaba ante la coincidencia de la internación de los dos personajes y ya se imaginaba al periodista camuflado intentando escuchar a la presidenta, desde la Fundación Favaloro informaban a El Observador que nunca había existido la internación de Lanata.
En efecto, una fuente del hospital que prefirió no revelar su nombre por no estar autorizada a hablar como vocera explicó que el periodista acudió al centro de diálisis para hacerse ese procedimiento, que en su caso es regular. El lugar al que acudió es un anexo del edificio principal de la Fundación Favaloro y, de hecho, “no tiene internación”, según indicó el informante. El informante precisó que cuando un paciente es ingresado, en seguida figura en el sistema informático y esto no ocurrió en el caso de Lanata, que solo fue a cumplir con un tratamiento que para él es una rutina que se repite hasta tres veces por semana.
“Algunos pacientes se dializan en su casa y tal vez este sea el caso de Lanata. Pero lo cierto es que él siempre se trata aquí y su médico es de la Fundación Favaloro”, agregó la fuente, restándole importancia al incidente de ayer.
Sin embargo, y para sumar confusión a los hechos, al final del día de ayer Clarín informó en base a familiares del comunicador que Lanata había sido trasladado al hospital Británico e internado allí porque en el Favaloro había falta de camas. La versión es inconsistente con la dada desde el hospital -adonde habría ido unas horas por una rutina-, pero coherente con la de aquellos que se imaginaban a los dos personajes paseando por los mismos pasillos.
En todo caso, lo claro es que todavía hoy será difícil convencer a los argentinos de que la escena de Lanata y Cristina bajo el mismo techo nunca existió y, contrariamente a lo que tuiteó la hija del comunicador, fue pura ficción.