26 de septiembre de 2021 5:00 hs

Uruguay se dispone a salir del tibio nido Mercosur y ponerse a volar, cruzar los océanos y globalizar sus exportaciones en un salto cualitativo respecto que tiene una primera escala en China y ojalá una segunda escala en el Tratado Trans Pacífico. Para eso se balancean declaraciones de admiración al Partido Comunista de China con críticas a las dictaduras latinoamericanas de izquierda. Un balance propio de la diplomacia. Por qué no pensar en reavivar un Tratado de Libre Comercio con EEUU que otrora dejamos pasar.

La llevada a la práctica de una estrategia de acuerdos de libre comercio que cambien cualitativamente el potencial de Uruguay llegan en un momento peculiar tanto de Uruguay como de Asia y EEUU.

En lo local, podría esto llega en un momento en el que el sector agropecuario exportador está con  el pie en el acelerador a fondo. Para la ganadería vacuna el actual es el mejor momento de la historia. Empezando por el precio de exportación que celebró hace poco cruzar los US$ 4.000 por tonelada y que la semana pasada cruzó los US$ 5.000 por tonelada, récord absoluto.

La producción lechera va por un récord y aunque la baja de productores sigue, también es cierto que hay pequeños y medianos productores que con este precio y una perspectiva a futuro, empiezan a remarla.

El mundo se ha quedado sin aceites nuevamente las oleaginosas tienen un momento esplendoroso, vuelve el girasol, crece la colza una oleaginosa de invierno alentada por precios récord y una primavera hasta ahora más benévola en lluvias de lo que se esperaba.

Del otro lado del océano está China nuestro primer destino en este vuelo a las antípodas tan necesitadas de alimento que nunca. Más enfrentada que nunca a Australia, nuestro gran competidor en carne, trigo, sorgo y otros productos en el mercado de China.

A tal punto llega el enfrentamiento que esta semana se anunció el Aukus, un acuerdo de defensa que incorporará a Australia al exclusivo club de países que poseen submarinos nucleares. El acuerdo no solamente generó la ira de China, sino también de Francia que esperaba proveer submarinos (diesel/eléctricos).

Australia integra precisamente el Comprehensive and Progressive Agreement for Trans-Pacific Partnership (CPTPP),, la nueva versión de un tratado transpacífico que articuló Obama, y del que se retió el “antiglobalización” Donald Trump, hasta con un gaffe en un debate afirmando que no quería estar porque allí estaba China. Hasta ahora la administración de Joe Biden no ha mostrado interés en regresar.

El tratado fue diseñado justamente para contener la influencia de China, fortalecer las economías democráticas y eventualmente integrar luego a una China más democrática. Pero la China actual no para de avasallar libertades. No ya la de los Uighures, el grupo étnico musulman del oeste, sino también tantos otros sectores desde grandes empresas como Ali Babá, a niños que miran más videojuegos de los que el Estado permite, aún en la intimidad de sus hogares. Cada día una prohibición nueva, ayer mismo (viernes 24) nada menos que todas las criptomonedas.

Mientras su deriva autoritaria se acentúa en lo  político, su economía enfrente la posibilidad de una crisis importante por el posible derrumbe del gigante inmobiliario Evergrande, que debe US$ 305 mil millones y se ha quedado sin dinero en caja. Termina la semana en default tras haber incumplido un pago de bonos por US$ 83,5 millones. ¿Qué efecto dominó espera a nuestro principal cliente? La agencia Fitch ya recortó el crecimiento previsto para China el próximo año, aunque desde un muy alto 8,4% a 8,1%. Un socio tan hermético en cuanto a su información interna enfrentando la explosión de una burbuja inmobiliaria es una clara señal de que la dependencia de China es altamente riesgosa.

No menos movido está el escenario de nuestro segundo destino aperturista, el TPCPP, donde ha llegado la sorprendente solicitud de ingreso por parte de China la semana pasada.

Esa es la paradoja de las paradojas, es como tocar timbre en la fiesta de los rivales del Pacífico. Cabe interpretar que es una mojada de oreja a EEUU que tiene una inmovilidad pasmosa en términos de búsqueda de acuerdos de libre comercio, China subiendo al pedestal del comercio libre, la curiosa vuelta del maoísmo del siglo XXI, EEUU desinteresado en acuerdos, incluso en la propia América, otra curiosa vuelta de tuerca del liberalismo americano.

Tal vez la movida uruguaya despierta a EEUU y este se convierte en un tercer camino para que el trabajo de Uruguay sea pago fuera de fronteras. La concordancia de usos horarios con EEUU es ya una ventaja notoria que impulsa a la industria del software, capaz que el tren del libre comercio pasa por segunda vez y nos subimos.

Las múltiples barreras y aranceles son una de las varias mochilas que ha acarreado Uruguay y que al quedar por el camino, pueden permitir un crecimiento que pueda sostener salarios cada vez más altos sin que la desoucpación crezca. Innovar y que sean clientes globales los que paguen por el trabajo uruguayo en una alta proporción es el camino.

El crecimiento de la economía del segundo trimestre (+11,3% interanual y 0,9% respecto al trimestre anterior) hacen pensar que la economía empezará 2022 creciendo por sobre los niveles prepandemia.

Es interesante que eso ocurra al mismo tiempo que la segunda guerra fría se agudiza. El mundo que cabía imaginar a la caída del muro de Berlín, con Gorbachev proponiendo transparencia y derechos humanos o Deng Xiao Ping proponiendo que no importaba el color del gato con tal que cace ratones, ha dado lugar a una renovada disputa por la hegemonía mundial, a diferencia de la primera guerra mundial en la que la Unión Soviética y China tenían un relacionamiento frío, fruto de sus diferencias doctrinarias y estratégicas, ahora ambas potencias están unidas en el sueño de desplazar al occidente democrático

En la primera guerra fría, cuando era la Unión Soviética la que rivalizaba con Occidente, mientras China se concentraba en encontrar la llave del crecimiento fronteras adentro, era muy poco posible ser amigo de los dos bloques que disputaban la hegemonía mundial.

Hubiera sido impensado en aquellos años que cualquier partido mandara un saludo emocionado por aniversarios del partido comunista soviético.

Ahora podríamos tener una ambiciosa agenda de aperturas con China, los países del Pacífico, EEUU.

Paradojalmente un cuarto acuerdo clave, parece ser el más distante. Con la Unión Europea compartimos valores democráticos, de Derechos Humanos y de ecología. Pero nuestra integración Mercosuriana es entre tres países que talan y queman selva y nosotros, que restauramos montes nativos y plantamos bosques nuevos.  Una asimetría que ante los requisitos europeos, nos deja afuera mientras vayamos en bloque. Tal vez otra razón más para pedir la libertad a los socios de la región.
 

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