Con el final de Game of Thrones tan cerca, HBO empezó a pensar. ¿Qué hacer para mantener la atención de millones de personas en todo el mundo que siguieron durante años las aventuras de los Stark y los Lannister y que, de repente, se van a quedar huérfanos? La respuesta, claro, era sencilla: crear otra serie lo suficientemente atractiva. El reto no podía tomarse a la ligera. Al igual que Game of Thrones, la nueva serie tendría que partir de viejos preceptos (el medioevo o el lejano oeste) y presentarlos bajo un encuadre algo novedoso (cuestiones políticas, inteligencia artificial). También tenía que tener personajes seductores, lo suficiente para que los espectadores se vincularan a ellos y decidieran seguir sus historias semana a semana en época de maratones de streaming. Y sobre todo, tenía que generar debate, teorías que mantuvieran en vilo a sus seguidores al final de cada capítulo. Las respuestas a esas interrogantes las trajeron Lisa Joy, Jonathan Nolan y J. J. Abrahams. El paquete que traían abajo del brazo, su propuesta, tenía el rótulo "Westworld".
Cuatro preguntas que dan vueltas en la cabeza de los seguidores de Westworld desde 2016
Este domingo se estrena la segunda temporada de la serie de HBO, en la que intentará responder algunas de las grandes interrogantes de su primera entrega
