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Cuba amplía las importaciones personales y permite la compra de divisas a los ciudadanos

La compra de divisas a 120 pesos cubanos por dólar es el primer paso hacia un mercado cambiario que se suma a las medidas que intenta el gobierno para controlar la inflación y levantar la economía

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11 de agosto de 2022 a las 16:46

El gobierno cubano está actuando con rapidez o con lentitud, según se le mire. En solo dos semanas ha incorporado las reformas que más expectativa popular causaron cuando el ministro de Economía, Alejandro Gil Fernández, presentó al parlamento el 21 de julio un nuevo paquete de medidas para atajar la inflación y reactivar la economía.

La primera, la flexibilización de importaciones personales, fue muy bien recibida al implementarse, apenas una semana después de la sesión parlamentaria. Pero la segunda, el mercado cambiario, generó desencanto e intensas polémicas cuando Gil Fernández y la ministra-presidenta del Banco Central de Cuba (BCC), Marta Sabina Wilson, la anunciaron en televisión.

Las acciones tienen entre sus objetivos el incremento de los ingresos por exportaciones y la reactivación de la producción nacional. “Ninguna, por sí sola, resolverá todos los problemas”, apuntó el presidente Miguel Díaz Canel cuando se anunciaron las medidas y agregó que el Gobierno no se va a detener en los esfuerzos por construir un país mejor.

Importación sin fines comerciales

En momentos de severa contracción de la oferta comercial, llegan como un alivio la prórroga para importar sin aranceles alimentos, productos de aseo y medicamentos y, ahora, la flexibilización para traer bienes industriales.

El Ministerio de Finanzas y Precios y la Aduana General de la República publicaron el 28 de julio las resoluciones que abren más la puerta a las personas físicas para importar productos sin carácter comercial, como había anticipado Gil Fernández ante los diputados.

Esta legislación, que entrará en vigor el 15 de agosto, incrementa la cantidad de computadoras, tablets, celulares y otros partes y equipos informáticos que pueden traer o enviar a Cuba las personas. La ampliación incluye cámaras fotográficas, televisores, refrigeradores y otros bienes electrodomésticos, materiales de construcción, ciclomotores, neumáticos y piezas de automóviles, herramientas, instrumentos musicales, juguetes y un capítulo de misceláneas de ropa, calzado y otros.

Además de ampliar el surtido de estas listas, las resoluciones aduaneras incorporan formas más flexibles de considerar la relación entre peso y valor para aminorar los pagos de aranceles. También duplica hasta 20 kilógramos el límite de importación de los envíos sin carácter comercial y reduce las tarifas arancelarias al 30% del valor de la importación, en lugar del cien por ciento que estaba vigente.

Las nuevas resoluciones se suman a la disposición que la Aduana viene prorrogando desde el año pasado para que los pasajeros importen alimentos, productos de aseo y medicamentos, como equipaje acompañante, sin límites de valor o cantidad y libres del pago de aranceles. Esta importación solo queda sujeta a los límites de peso que ponen las aerolíneas para los equipajes de los pasajeros.

Aunque estas decisiones no incluyen la importación de materiales y suministros que piden las nuevas empresas privadas, las “mipymes” -micro, pequeñas y medianas empresas-, ofrecen un respiro a parte de los consumidores cubanos, en un escenario económico severamente deprimido después de dos años de pandemia.

La flexibilización en esta importación concitó el beneplácito de una gran parte de los consumidores cubanos. Probablemente preparó el terreno para un anuncio que, una semana después, cayó como un jarro de agua fría sobre esas mismas personas.

Mercado cambiario, otro paso

El arranque el 4 de agosto de un mercado cambiario desencantó abiertamente a gran parte de los consumidores. La mayoría esperaba una fuente de Mercado Libre de Cambio para acceder a la red de tiendas mejor abastecida, que opera solo contra cuentas y tarjetas en moneda libremente convertible.

El ministro de Economía anunció en el programa televisivo Mesa Redonda la decisión de “concretar un mercado cambiario para la compraventa de divisas a la población, con un tipo de cambio económicamente fundamentado, donde se pueda trabajar con todas las divisas incluyendo los dólares en efectivo”.

El gobierno cubano sorprendió a muchos cuando optó por oír al mercado y puso una tasa de cambio de 120 pesos por dólar, en línea con las cotizaciones del mercado informal de divisas.

Un par de meses antes, Gil había defendido la opción de un valor intermedio entre la tasa oficial (24 pesos por dólar) y la referencia del mercado, cuando anunció un nuevo sistema de asignación de divisas: “un esquema cambiario selectivo para la venta de divisas a proveedores nacionales estatales y no estatales, pactando con ellos niveles de producción y precios para su comercialización en pesos cubanos”.

En aquel momento, el ministro reconoció que había “una pieza faltante en el diseño: la venta de divisas a la población”. Pero también dijo que había “una brecha entre el tipo de cambio oficial y el informal de 1×125. No es cierto -agregó- ni podemos sacar a priori la conclusión de que el tipo de cambio informal es el tipo de cambio de equilibrio de la economía. Ese es un mercado muy finito en transacciones”.

Esa idea la reiteró Gil en la Mesa Redonda, minutos antes de anunciar la ministra-presidenta del BCC la tasa a 120. A todas luces, la intención no es permanecer en ese nivel.

El conflicto mayor, sin embargo, fue otro. El 4 de agosto los bancos y Casas de Cambio se abrieron para comprar divisas con CUP. Gil admitió que el país no tiene capacidad para vender divisas, por el momento. Apenas se trata, por tanto, de un primer paso.

“Nos estamos moviendo para construir ese mercado cambiario”, dijo Gil.

Podrá considerarse mercado cuando sea capaz de comprar y vender divisas y pesos cubanos indistintamente, con los ajustes de precios que indique el mercado. La efectividad de este primer movimiento y la velocidad de la marcha dependerán de la fecha y el alcance de los próximos pasos y de la habilidad gubernamental y bancaria, para controlar riesgos y presiones inflacionarias.

La inyección de pesos cubanos a la circulación suma razones de inflación, si las medidas en desarrollo o por venir no consiguen reanimar producciones y oferta.

En Cuba funcionó un mercado cambiario en Casas de Cambio, con tasa flotante entre 1995 e inicios del nuevo siglo. Fue evidente su contribución para frenar la inflación en los años del Período Especial. ¿Se encuentra Cuba a las puertas de retomar aquellos caminos? ¿Tendrá el sistema monetario y bancario cubano capacidad para hacerlo nuevamente?

Por lo pronto, lo que ha retornado ya es la pluralidad de tasas de cambio y de monedas, que constituyó solución en un primer momento y origen de múltiples conflictos después y de la que el gobierno se había propuesto salir cuando emprendió el primero de enero de 2021 la reforma monetaria identificada como Tarea Ordenamiento.

Con información de agencias

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