¿Quién dudaría en decir que la pasión de China Zorrilla fue el teatro? Su pasión por los escenarios de tablas nació muy temprana en su vida y a lo largo de su extensa carrera desfilaron por su cara y su cuerpo autores tan diversos e importantes como George Bernard Shaw o Jean Anouilh, William Shakespeare o Tirso de Molina, Federico García Lorca, Calderón de la Barca o August Strindberg o Antonio “Taco” Larreta, entre tantos otros.
La cuestión fue así: China se iba de viaje a Londres y París cuando a su amigo, Carlos Eugenio Scheck, administrador de ese matutino, se le ocurrió pedirle que escribiera crónicas de ese periplo.
En diciembre de 2013, a instancias del periodista Miguel Álvarez Montero, Ediciones de la Plaza publicó una recopilación de aquellos artículos bajo el nombre de Diario de viaje.
El talento, la mirada atenta y el humor desbordan esas páginas donde China opina de todo el teatro que vio, pero también de costumbres y situaciones en esas capitales europeas donde la actriz se movía como pez en el agua.
La lectura de Diario de viaje es una delicia y acerca al lector a la sensibilidad de una mujer que parecía hacer todo bien.
Esperando la carroza
El dramaturgo uruguayo de origen rumano, Jacobo Langsner, escribió una obra de teatro que conmovió al ambiente montevideano en 1962. En 1985, el director argentino Alejandro Doria llevó esa obra al cine con un elenco magistral, encabezado por Luis Brandoni y China Zorrilla, y un papel histórico de Antonio Gasalla como Mamá Cora. China fue Elvira Romero de Musicardi, una mujer de mucho carácter pero a la vez con mucha comicidad, que la actriz encarnó con soltura y toques tanto de tragedia como de comedia, a tono con la naturaleza del filme. Su habilidad para el chusmerío y la construcción de estratagemas para influir en los demás, más sus ojos sobrecargados de rímel le dan a su mirada una cualidad dramática imbatible. Quizás sea esta una de las obras cumbres de China.
Elsa y Fred
El director Marcos Carnevale, gran amigo de China Zorrilla, le ofreció este papel a la actriz y le dijo que si no aceptaba no filmaba la película, porque había pensado exactamente en ella. Zorrilla no pudo decir que no y entonces nació Elsa y Fred, de 2005, un filme para recordar dentro de la carrera de la actriz. Esta historia de un amor en la edad madura, de la posibilidad de volver a recuperar sentimientos cuando estos ya parecían marchitos es la base central de la historia. La pareja compuesta por los personajes del título (China y Manuel Alexandre) conforman un equilibrio soberbio. El lado femenino decanta en una de las mejores actuaciones de la uruguaya, con un secuencia en una azotea de Roma para la mejor antología. A los 82 años, China Zorrilla dio una clase magistral frente a cámaras.
Los gauchos judíos
En 1910, el escritor argentino de origen lituano Alberto Gerchunoff escribió la novela Los gauchos judíos, sobre esta comunidad ubicada en la campiña de la provincia de Entre Ríos. En 1974, el director Juan José Jusid decidió llevarla al cine, con un gran elenco para sostener esta historia de inmigración y de adaptación a un nuevo contexto. El papel protagónico lo tenía José “Pepe” Soriano, Luisina Brando, Víctor Laplace y, por supuesto, China Zorrilla. La película, con algunos fragmentos musicales, es una crónica de la vida de esta comunidad que se organizó en colonias rurales. China encarna a Sara, una mujer que está secretamente enamorada del nuevo doctor del pueblo. Costumbrista y rigurosa en la reconstrucción de época, el filme se mantiene vigente con casi 30 años de vida.
Un guapo del 900
Un guapo del 900, de 1971, significó el debut cinematográfico para China Zorrilla. La película la dirigió el chileno Lautaro Murúa, y tuvo en el papel protagónico a Chunchuna Villafañe y Jorge Salcedo, mientras que en el resto del elenco se destacaban, aparte de China, el propio Murúa, Raúl Lavié e incluso un muy joven y todavía poco conocido actor paraguayo llamado Arnaldo André. El filme es un drama de época, a comienzos del siglo XX en un ambiente aristocrático porteño, en medio del fragor de las luchas sociales y los movimientos políticos de entonces en Argentina, así como las diferencias de clase entre los personajes. Fue una adaptación a la pantalla grande de un texto teatral del dramaturgo argentino Samuel Eichelbum. Dos años después, en 1973, China Zorrilla se exiliaría en Buenos Aires.