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El presidente de México anunció que, si no se invita a todos los países de América, él no asistiría a la Cumbre de las Américas

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Cumbre de Los Ángeles: la exigencia de López Obrador que pone en aprietos a Biden

Expectativas por la decisión de López Obrador de ir o no ir a la reunión continental que comenzará el próximo lunes en Estados Unidos

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04 de junio de 2022 a las 05:01

El próximo lunes 6 de junio, en la ciudad de Los Ángeles, comenzará la novena Cumbre de las Américas. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) anunció que, si no se invita a todos los países de América, él no asistiría a la reunión. Se refiere a los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela a quienes el anfitrión Joe Biden dijo que no invitaría porque “no hay democracia ni estado de derecho en esos países”.

Al momento de escribir esta nota es casi una certeza que esos países no tendrán presencia oficial. Es más, el mismo AMLO dijo que no asistiría él sino que en su lugar posiblemente esté su canciller Marcelo Ebrard.

México es el segundo país más poblado de América, un socio comercial importante para Estados Unidos y la comunidad mexicana en ese país es muy numerosa. Es más, Los Ángeles no es solo la ciudad más grande de California sino la que más mexicanos migrantes –y de hijos y nietos de migrantes- en Estados Unidos.

Para Biden, el desafío resultó demasiado estruendoso. En efecto, hace un par de semanas, tras una gira que terminó en Cuba, AMLO dijo en público que sin esos tres países no asistiría a la cumbre. 

Varios países latinoamericanos se plegaron. Entre ellos Argentina, cuyo presidente llegó a plantear que iría pero promovería una “contracumbre” en Los Ángeles. Finalmente, Alberto Fernández le bajó el tono a esa idea y se allanó a participar. Entre otras cosas porque Biden envió un emisario, el demócrata Christopher Dodd, que lo persuadió para que fuera y tuviera “una bilateral” con el mandatario de Estados Unidos.

Dodd en una escala anterior hizo lo propio con el brasileño Jair Bolsonaro, público aliado de Donald Trump, quien también concurrirá a Los Ángeles con la promesa de un encuentro con Biden.

Si bien la cumbre no es un órgano decisor, serán cuatro días –hasta el viernes 10 de junio- de deliberaciones que, más allá de un temario y de diversas comisiones, permitirá poner en el tapete asuntos delicados como la pobreza y la desigualdad en las naciones de Centroamérica y Sudamérica.

Además, esas inequidades pegan en la línea de flotación a Estados Unidos, ya que el flujo de migraciones –gran parte sin documentación- en la frontera con México. Y a Biden no le faltan problemas internos como para sumar desencuentros con los mandatarios de los principales países del continente. La inflación, el precio de las naftas, la caída de su imagen al interior, la guerra en Ucrania y la creciente influencia china en la región tienen mucho volumen.

La llamada “Iniciativa de la Franja y la Ruta” lanzada en 2017 por Xi Jinping ya sumó a 20 de los 35 países del continente. Los sumó con acuerdos protocolares. Sin embargo, el dato duro es que en 2021 el comercio entre China y América Latina más el Caribe aumentó un 41,1% respecto a 2020, registrando un nuevo récord en las transacciones, por valor de US$ 451.591 millones, según datos oficiales de China.

Ni la pandemia, ni la crisis global en la cadena de suministros frenaron este crecimiento. La ecuación es simple: invierten en infraestructuras, venden productos industriales y de alto valor tecnológico y compran materias primas. Desde soja hasta litio, pasando por carnes y petróleo.

Si bien la consigna de Biden en el encuentro es promover los valores de la democracia, hay dos elementos que ponen a prueba esa noble consigna. La primera es que Bolsonaro no es ejemplo de valores democráticos. Entre otras cosas es racista, felicita a las fuerzas de seguridad ante crímenes contra habitantes de las favelas, no frena la deforestación de la Amazonía.

El segundo punto es que la mayoría de las naciones al sur del Río Bravo requieren inversiones, propuestas de desarrollo, fondos para paliar crisis endémicas potenciadas por la pandemia de covid-19 y de las consecuencias de una guerra, la de Ucrania, que no se sabe ni cómo ni cuándo terminará.

Dicho esto, quizá AMLO cambie de posición, quizá Biden distienda aún más algunas de las iniciativas tomadas con Venezuela y con Cuba que valen la pena tener en cuenta. Con la primera, conversaciones para la estabilidad institucional y para que algunas petroleras –al menos Chevron hasta ahora- puedan hacer acuerdos con la estatal Pdvsa. En cuanto a Cuba, una ampliación de los vuelos desde Estados Unidos a distintas ciudades de la isla. Hasta ahora eran solo a La Habana. Eso amplía el flujo turístico y permite que muchos cubanos residentes en Estados Unidos visiten su país y sus familias.

Por ahora, los analistas están centrados en qué mandatarios de los 35 países del continente estarán presentes. Después del 10 de junio, los observadores se preguntarán si algo va a cambiar luego de las tradicionales fotos de jefes de Estado que tuvieron las cumbres anteriores.

Será esta una cumbre desangelada si, más allá de las presencias y ausencias, Estados Unidos no impulsa que las empresas de su país y a los organismos multilaterales de crédito promuevan inversiones y aumenten el comercio con el resto del continente.

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