No fue por fallas propias del consejo directivo de Peñarol que detonó la crisis en pleno Apertura 2011-2012, cuando los hinchas aún se relamían por el vicecampeonato en la Libertadores, pero los dirigentes aurinegros no supieron resolver con la confianza que exigía una situación tan delicada.
El presidente Damiani, la figura que identifica a Peñarol fuera de la cancha, tiene que aprender de sus errores e, independientemente del resultado del domingo y de si gana o no el Uruguayo 2011-2012, tiene que evitar que Da Silva empiece con saldo negativo su recorrido la próxima temporada. No le servirá al técnico, a los jugadores, a los dirigentes ni a nadie en Peñarol. Para eso, en estos días tan incómodos para quienes conducen el club, serán necesario silencios, defender en la interna con uñas y dientes al DT y brindarle guiños para que se sienta seguro. Solo así podrá fortalecer la estructura en lugar de ayudar a debilitarla más de lo que lo hacen los puntos perdidos.
Es ahora cuando los dirigentes deben mostrar si aprendieron de sus propios errores.