Por ejemplo, en el sector de las agencias de viajes, se estima que 20% de las empresas no volverán a abrir. El resto lo hará en condiciones muy adversas, por lo que suponen que alguna más baje la cortina.
Con los servicios de catering la gran problemática es el endeudamiento. Según estimaciones de la Cámara de Eventos de Uruguay (CEU), cada actor del sector tiene una deuda de alrededor de US$ 100 mil. La cifra también puede aumentar cuando deban volver a estar operativos, porque en la mayoría de los casos será necesario recontratar personal.
En las empresas culturales la realidad no es muy diferente. Si bien pueden volver a abrir sus puertas, el aforo del 30% limita mucho a los teatros más pequeños. En el interior es donde se verán los efectos, porque allí las salas son pequeñas y no es viable abrir para tan pocas personas.
Sin embargo, hay otro factor que une a estos sectores disímiles: la pasión. En algunos casos, cerrar ni siquiera fue una opción. Como un árbol, que aguanta viento y tormenta, los empresarios buscaron alternativas con el convencimiento intacto de que la situación mejorará. “Siempre que llovió, paró”, repitieron varios de los consultados en diálogo con El Observador.
Reactivación a medias
Fernando Rivas, director de Hiperviajes, tenía ya planeado cómo sería el 2020 en materia de demanda. También las promociones y cuáles iban a ser los destinos que más elegirían los uruguayos, pero el 13 de marzo todo eso quedó en la nada.
Desde aquel día, en palabras de Rivas, nada fue igual. Al principio, pensaba que sería por unos meses y luego continuaría todo como antes. Pero la agonía se prolongó, y con ella la facturación cero, una liquidez que ya no alcanzaba para hacer frente a los gastos y la necesidad imperiosa de encontrar una solución para sacar cabeza.
Para Rivas, las decisiones económicas de su empresa se tomaron sin mayores problemas porque tenía claro que era necesario. Sin embargo, hay una espina que será difícil de sacar y es que tuvo que mandar a casi todo el personal a seguro de paro. “No fue nada sencillo. Porque es la gente con la que trabajás todos los días la que hace crecer la empresa, y vos te das cuenta de que ya no podés pagarle el sueldo”, reflexionó.
La mayoría de los trabajadores tienen poco margen para reinventarse. No solo porque el sector es muy técnico y requiere años de experiencia, sino también porque hay una demanda incipiente pero la cantidad de aerolíneas operativas aún no es suficiente. Rivas entiende que cuando se pueda los trabajadores volverán a sus roles, pero la gran incógnita es cuándo.
Diego Battiste
Para las agencias de viajes, aún no se está reactivando el sector
Siente que estos 15 meses han sido en realidad el doble de tiempo, porque la incertidumbre ha dejado un manto de miedo. “Hablo con mis empleados y me dan ganas de llorar”, enfatizó. Por otro lado, en la Asociación Uruguaya de Agencias de Viajes (Audavi) son conscientes de que se ha reactivado parcialmente el sector pero están lejos de las cifras del 2019.
Rivas fue en la misma línea y consideró: “Existe la sensación de que todo se está reactivando, pero los números dicen lo contrario”. Desde enero hasta junio del 2021, Hiperviajes tuvo una facturación del 10% de lo que facturó durante el mismo período de 2019.
Los ingresos no son suficientes para volver a estar al 100%, lo que da la sensación de que aún están en stand by.
¿Riesgo de quiebra?
El panorama de futuro es bastante mejor en comparación con lo que vienen dejando los meses anteriores, sin embargo, los empresarios deberán ser cautelosos. Carlos Pera, presidente de Audavi, explicó que es fundamental que se extienda el seguro de paro para que el rubro no quiebre.
Agregó que muchas de las agencias volverán con menos personal, hasta que los números mejoren y tengan la seguridad de que pueden seguir operativos. Entiende que no pasarán de 0 a 100 en un par de meses, sino que será de cara al 2022.
Para transitar este período, Audavi está en conversaciones con el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) para considerar posibles subsidios. Pera fue claro: “Sin una inyección económica, estos meses van a seguir siendo catastróficos”.
Con respecto a la demanda que existe, tanto Rivas como el propio Pera se refieren a una “reactivación maquillada”. Es decir, hubo una serie de factores que dieron la sensación de que el rubro comenzaba a operar con normalidad, pero en los hechos no es así.
Pera puso como ejemplo el ciberlunes, una semana en donde las agencias inundaron Internet con ofertas de todo tipo. Sin embargo, fue una inversión a futuro, dado que la mayoría de las operaciones serán concretadas recién en el 2022. “Eso no significa reactivación del sector. Vamos a poder hablar de algo como tal, cuando la gente compre paquetes y empiece a viajar de inmediato”, explicó.
Con la cámara de frío prendida
Cuando los eventos se suspendieron, hubo una serie de negocios alrededor de ellos que también pararon. Uno de ellos son los servicios de catering, un sector que –en líneas generales– está trabajando a pérdida.
Cuando comenzó la pandemia, lo primero que hizo Roberto Barcos, propietario de una empresa de catering, fue cerrar. Entendía la gravedad del asunto, pero todo indicaba que serían un par de meses, que luego se transformaron en 15.
De las 25 personas que trabajaban con Barcos, hoy en día hay solo tres en actividad. El empresario fue sincero y comentó que las mantiene porque son “gente joven que recién empieza”.
A diferencia de las agencias de viaje, el sector del catering pudo tener algo de actividad gracias a algunos eventos virtuales que se llevaron adelante. Barcos explicó que estos significaron una porción muy pequeña de la facturación y enfatizó que en su caso están trabajando a pérdida desde hace más de un año.
Sin lugar a dudas, lo más sencillo en este caso hubiera sido cerrar las puertas, porque incluso desde el punto de vista económico resulta mejor. Pero Barcos prefirió mantener abierto y buscó alternativas “para tener la cámara de frío prendida”.
En los servicios de catering, el endeudamiento preocupa
En este sentido, comenzó a vender parte de su producción en algunos negocios, como supermercados o almacenes de barrio. Eso le dio la oportunidad de mantenerse activo, aunque siempre fue consciente de que el dinero que ganaría sería insignificante.
Reinvención y deudas
El personal de los servicios de catering y eventos sí tuvo margen para reinventarse. Esto significó que muchas personas emigraran hacia otros rubros, lo que les permitió tener un trabajo estable y obtener ingresos. Esto hizo que las empresas del sector debieran emplear personal nuevo, y asumir los costos de capacitación.
El presidente de CEU, Germán Barcalá, comentó que es una de las preocupaciones que tienen de cara a los próximos meses. Desde marzo del 2020, se cancelaron y postergaron alrededor de 2.400 casamientos y cumpleaños de 15. Esto implica que muchos quieran comenzar a festejar a fin de este año o en el que viene, por lo que será imprescindible contar con empleados. Barcalá agrega que se suma el endeudamiento que tienen muchos empresarios del sector.
Al tener que sobrevivir 15 meses prácticamente sin trabajar, debieron acudir a préstamos bancarios para hacer frente a los costos fijos. En promedio, los empresarios debieron pedir alrededor de US$ 100 mil para mantener abierto el negocio.
Barcos fue más allá y aseguró que esa cifra seguramente crezca cuando deban volver a estar a pleno. “Abrir un local significa comenzar a pagar gastos. Hoy en día, casi nadie tiene el dinero para hacerlo porque no se generan ingresos desde hace meses”, dijo.
¿La vuelta?
El sector de la cultura también se cuenta entre los que han resistido embates durante la pandemia.
Las idas y vueltas que debieron afrontar estos meses dejaron de herencia pocas certezas sobre el porvenir. El director del teatro El Galpón, Héctor Guido, contó que si bien están conformes con que vuelvan los espectáculos públicos, necesitarán meses de preparación para estar en condiciones de tener una oferta atractiva.
El hecho de que las obras lleven tiempo de ensayo, preparación de vestuario y planificación de aspectos técnicos impide que se reactiven de un día para el otro. “Si bien es complicado, necesitamos tener todas las cartas sobre la mesa para saber más o menos cómo seguimos”, dijo Guido. En general, la reapertura tomó al sector por sorpresa, porque, si bien eran conscientes de que estaba cada vez más cerca, pensaron que sería más cerca de la primavera.
En El Galpón, se reinventaron y construyeron un set de televisión, en donde están rodando piezas de publicidad y películas. Guido comentó que, por el momento, los planes son seguir con esta iniciativa hasta tener un panorama un poco más claro. “Ya aguantamos 15 meses así, no creo que se pueda empeorar mucho”, dijo cabizbajo.
“Indigencia”
Volver a poner en marcha una sala de teatro o una obra implica tener personal capacitado, que actualmente está en seguro de paro.
Guido comentó que en la mayoría de los casos no es viable que vuelvan porque no existe dinero para pagar los salarios. “Estamos en la indigencia absoluta, porque si no hemos tenido ingresos durante más de un año, ¿cómo se quiere hacerle frente a una apertura?”, se preguntó el director.
PABLO PORCIUNCULA / AFP
Los teatros necesitan tiempo para tener oferta
La realidad varía dependiendo del departamento que se mire. La presidenta de la Sociedad Uruguaya de Actores (SUA), Alicia Dogliotti, explicó que en cada ciudad la situación es distinta pero igual de complicada.
En el interior, al tener teatros pequeños, volver a abrir las puertas con un aforo del 30% es inviable porque los gastos superarían los ingresos económicos. Por otra parte, la mayoría de los ensayos han sido virtuales, lo que implicó que se perdiera parte de “la magia que tiene eso de vernos las caras frente a frente”.
Por todo eso, Dogliotti entiende que no habrá “un aluvión inmediato” de oferta en el sector de la cultura. Lo que rescata como positivo es que no se perdió mano de obra, dado que es difícil reinventarse para el sector. De igual modo, hubo teatros que vendieron su vestuario para generar ingresos, lo que dificulta aun más la vuelta al ruedo. “La situación de muchos rubros es como la de un auto con poca nafta, es difícil que encienda por más que uno lo intente”, sentenció Guido.