El celular estaba en el bolsillo del pantalón y como por arte de magia cayó en el inodoro, la piscina o en un vaso. Se resbaló de una forma inexplicable y el crack contra el piso sentenció la rotura del cristal o simplemente dejó de funcionar. Son dos segundos en los que puede pasar el accidente y, una vez que ocurre, no hay vuelta atrás. Después de ese momento decisivo solo queda meter las manos en los bolsillos y pagar el arreglo; y cuanto más moderno es el celular, más cara la reparación.
De celulares, bolsillos y corazones rotos
Los smartphones pueden solucionar la vida de una persona en varios aspectos, pero si se caen, se mojan o dejan de funcionar se transforman en un dolor de cabeza cuya cura es casi tan cara como un nuevo teléfono


