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De Narváez: manejar poca información y guiarse por el instinto

El empresario Franciso De Narváez, dueño de Ta-Ta y otros negocios en Uruguay, estuvo presente en el foro de líderes 

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27 de febrero de 2019 a las 05:04

Fue el primero en sentarse en un sillón sobre el escenario para un mano a mano con el conductor argentino, Alejandro Fantino, pasadas las 10.00, cuando todavía seguían ingresando los asistentes a la cuarta edición del America Business Forum en el Centro de Convenciones de Punta del Este. 

Vestido de manera informal, con un jean azul y camisa a tono, una campera y calzado deportivo, contrastaba con la imagen de traje y corbata de Fantino. “Te pido perdón porque esto fue lo más formal que encontré, Punta del Este no me inspiró a vestirme más elegante”, dijo entre risas el destacado empresario argentino Francisco De Narváez, propietario en Uruguay de la cadena Ta-Ta y San Roque, y que recientemente adquirió Motociclo.

Se mostró como un hombre simple, hablando sobre sus puntos no tan brillantes. Dijo que es “apenas” bachiller, disléxico severo y que por eso coloca mal los acentos cuando habla. Por esa alteración, trata de leer y escribir poco.

De Narváez asegura que cuando una persona conduce una empresa, debe tener la menor cantidad de información posible, centrándose en lo indispensable. “En Argentina se discute mucho sobre la crisis económica, se habla de la inflación, del tipo de cambio, si se le puede pagar al FMI. La información relevante es en qué altura del mes los colaboradores comienzan a pedir adelantos de sueldo”, afirmó.

“Liderar esencialmente es hacer preguntas, tener dudas”, señaló De Narváez al explicar que toca vivir en un mundo sin certezas. “La gente que se estanca es porque permanentemente busca las certezas”, opinó. 

"El éxito se mide por el promedio de las buenas decisiones que se toman”.

El empresario elogió a Uruguay, y contó la historia que vincula a su familia a este país cuando sus abuelos emigraron desde Europa. “Mis abuelos y mi madre vivían en Praga. Fueron a Londres cuando empezó la guerra (1939), y estuvieron seis meses. Decidieron ir a Colombia –dónde nació De Narváez–  y a las pocas semanas llegué a Argentina”. Años después, en 1956, arribaron a Uruguay. “El síntoma que tienen las familias que han emigrado es repartir los huevos en distintas canastas.  Uruguay es un país que tiene un barrio bastante convulsionado. Brasil no es un país muy ordenado, Argentina tampoco. Admiro mucho a los dirigentes uruguayos que más allá de los vaivenes, son confiables”, explicó.

Además, dijo que en algunos países de Latinoamérica, “las leyes son sugerencias”, mientras que en Uruguay “son leyes, el que no las cumple va preso, como tiene que ser. Te da certeza, que dentro de la ley todo y fuera de la ley nada”, aseguró. Por esta razón, el empresario eligió Uruguay como país de expansión para las empresas que lidera.

Cuestiones de instinto

De Narváez consideró que el hombre nunca va a ser reemplazado. “La maquina va a poder generar una cantidad de información, pero al final del día hay una cuestión de instinto: creemos que esto sí, creemos que esto no”. Para el empresario, el instinto lleva a mantener la capacidad de sorpresa. “Es algo que te permite guiarte ante la adversidad”, sostuvo.

También se refirió a los cambios en los estilos de vida provocados por el avance de la tecnología.  “La expectativa de vida es cada vez mayor, seguramente mi hijo Antonio que tiene nueve años va a vivir cerca de 100. Tenemos más gente joven que tiende a vivir más tiempo”, dijo.

“La tecnología está generando una cantidad de formas en las cuales se reemplaza al hombre, pero el hombre va a vivir más tiempo. El principal desafío que tendremos es cómo administrar el tiempo libre de las personas para esa mayor expectativa de vida, porque no van a trabajar hasta que se mueran”, relató.

De Narváez contó qué es el éxito para él. “El éxito se mide en el promedio de buenas decisiones que se toman. Nadie toma solo decisiones correctas o solo decisiones incorrectas”.
Durante la entrevista con Fantino, dejó en claro que él prefiere hablar de colaboradores y no de empleados, y contó que en su oficina solía tener un cartel que decía “tiene un minuto”. “Si en un minuto no nos podemos decir lo que queremos decirnos, no estamos donde tenemos que estar” disparó.

Sobre su paso por la política argentina, dijo: “Yo no me fui de la política, porque una vez que estás ahí no salís, pero decidí no hablar más. Lo que intentamos hacer, no lo pudimos hacer. Tenía la ilusión de mejorar la vida de los argentinos y no lo logré”.

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