Gillian Tett
Debería haber escuchado a Garry Kasparov con respecto a Putin
El gran maestro de ajedrez fue desestimado cuando advirtió sobre Rusia. Pero él tenía razón
El gran maestro de ajedrez fue desestimado cuando advirtió sobre Rusia. Pero él tenía razón
Gillian Tett
Hace unos años, el eminente gran maestro de ajedrez ruso Garry Kasparov vino a cenar a mi casa en Nueva York. Fue una velada memorable e intensa. Mientras degustábamos los postres, Kasparov entretuvo al grupo de políticos y financieros estadounidenses reunidos con sus opiniones sobre Rusia, país del que había huido en 2013 tras inequívocamente desafiar al presidente Vladimir Putin. Kasparov advirtió que Putin se estaba volviendo cada vez más autoritario, más aislado del Occidente y, como resultado, más predispuesto a arremeter contra vecinos como Ucrania de una manera peligrosa.
Cuando el resto de la mesa enérgicamente desestimó su catastrofismo, Kasparov se enfureció y, conforme circulaba el vino, la conversación se volvió tan acalorada que empecé a preocuparme de que los invitados se marcharan. Así que, a pesar de compartir muchos de los temores de Kasparov, decidí mantener la paz cambiando el tema al ajedrez.
Fue una de las varias ocasiones en las que vi a Kasparov correctamente predecir un inminente desastre solo para ser rechazado. Cuando nos pusimos al día por teléfono la semana pasada, él recordó aquella noche y se lamentó: "Me sorprendió la falta de voluntad de la gente en el Occidente para escuchar estas advertencias, porque yo crecí en la Unión Soviética y sabía todo sobre los acontecimientos históricos del siglo XX. Yo sabía que ustedes podían haber detenido a Hitler en 1935, 1936 y 1937 y no lo hicieron. Pero tuve mucho rechazo absoluto de lo que estaba diciendo".
¿Por qué los occidentales despreciaron tanto el análisis de Kasparov? Es una pregunta importante, dado que muchos observadores han reaccionado con total consternación ante los acontecimientos en Ucrania. Entre los mayores culpables han estado las élites occidentales con negocios en Rusia. "¡Nadie que yo conociera anticipaba que Putin realmente invadiera!" me dijo el pasado fin de semana un exdirector expatriado de una compañía rusa de materias primas, quien ahora ha dimitido. "Todos estamos simplemente incrédulos".
Kasparov cree que el problema es la tendencia a suponer que todos los demás comparten tu visión innata del mundo. La clave aquí son las ideas occidentales de motivo y racionalidad. La cultura occidental está impregnada de un "ethos" capitalista respaldado por la suposición generalizada de que el afán de lucro reina en términos de moldear los cálculos políticos, y que es "la economía, estúpido" lo que impulsa la toma de decisiones en Rusia y en otros países. El colapso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) reforzó este punto de vista, ya que parecía que los principios del mercado y los intereses empresariales globales habían triunfado.
Como consecuencia, los líderes occidentales y los grupos empresariales generalmente ignoraron los hechos cuando Putin pronunciaba discursos que claramente demostraban su agenda nacionalista y expansionista; y luego se anexó a Crimea. Peor aún, no apreciaron cuán aislado se había quedado Putin. En cambio, conforme los oligarcas rusos se convirtieron en parte integrante de los negocios mundiales, Putin fue visto como una extrapolación de este grupo. La idea de que Putin pudiera estar tan empecinado en la destrucción de la democracia y en la expansión de Rusia como para estar dispuesto a aceptar un profundo dolor económico no se tomó en serio.
"No es que sus acciones se hayan tomado en la oscuridad; todo ocurrió a simple vista", me dijo Kasparov. "Pero tras el final de la Guerra Fría hubo una especie de alergia a cualquier advertencia sobre la repetición de acontecimientos. Existía la suposición de que Putin nunca destruiría negocios porque parecía irracional que lo hiciera", él agregó.
Dada la agudeza de Kasparov para predecir los acontecimientos actuales, yo le pregunté qué creía que pudiera ocurrir a continuación. Él cree que Putin "ya ha perdido" la batalla, en el sentido de que su objetivo clave de anexarse rápidamente a Ucrania ha fracasado. "No creo que un líder ucraniano pueda aceptar nada menos que la devolución del territorio en Crimea. Esta guerra terminará con la bandera ucraniana en Sebastopol", me comentó.
Pero Kasparov ha señalado que "no está claro qué precio pagarán los ucranianos por esto", ya que sería insensato esperar que Putin retrocediera rápidamente simplemente por el dolor económico. En su opinión, la única herramienta que pudiera forzar una conclusión positiva rápida es que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) respalde una zona de "exclusión aérea" o se involucre directamente. "Putin sólo respeta la fuerza", indicó Kasparov.
¿Pudiera un golpe de Estado representar otro final? Kasparov no lo anticipa en este momento, pero la presión está aumentando. "Por la historia sabemos que uno de los ingredientes más importantes para un golpe de Estado es la derrota militar geopolítica. Eso enviaría un poderoso mensaje a todas las capas de la sociedad rusa de que el gran jefe ha fracasado, y el jefe de la mafia puede permitirse muchas cosas, excepto mostrar que es débil y que ha perdido".
Pero el miedo a parecer débil también pudiera provocar que Putin reaccione violentamente. Por eso, ha argumentado Kasparov, una de las mayores incógnitas actualmente es "si los funcionarios rusos cumplirían realmente las órdenes" si Putin intentara realizar un ataque nuclear. Kasparov lo duda. "En el momento en que un buque de guerra ruso dispare un misil nuclear táctico, la OTAN responderá, y es poco probable que haya el mismo fanatismo por Putin que hubo en Alemania con Hitler. Yo no creo que tengamos pilotos rusos kamikazes".
¿Es esto tranquilizador? No necesariamente: un estancamiento amenaza con resultar en más sufrimiento y más destrucción en Ucrania. En cualquier caso, conforme se desarrolla la tragedia, es un poderoso reproche al Occidente por ignorar los peligros de tener un pensamiento miope y de suponer que todo el mundo mira el mundo a través del prisma de una hoja de balance. La próxima vez que una idea impopular provoque una discusión en mi mesa, voy a dejar que tome su curso. A veces, hay cosas más importantes en juego que ser cortés.