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Deborah Colker: "No parar de trabajar ni de crear es mi resistencia"

La bailarina y coreógrafa brasileña vuelve a Uruguay con su compañía en el marco del Festival Internacional de Artes Escénicas y trae su espectáculo ganador del Benois de la Danse en 2018 

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20 de julio de 2019 a las 05:02

Algo la une a Uruguay desde que es adolescente. Es como uno de esos vínculos de amistad que nacen en la efervescencia de los primeros años de la juventud y que luego, con el paso del tiempo y la distancia, maduran y se vuelven un tanto fundamentales. De vez en cuando le gusta regresar al agite de los 19 años en Río de Janeiro y la imagen la conecta con esa relación inconsciente que recién estaba formando con Montevideo.

Deborah Colker –59 años, brasileña, bailarina, coreógrafa multipremiada en los cinco continentes– tuvo una primera maestra uruguaya. Esa primera maestra se llamaba, se sigue llamando, Graciela Figueroa. Fue a finales de la década de 1970 que Colker la conoció en una de sus primeras incursiones en la educación formal dentro del mundo de la danza. Terminaron trabajando juntas por casi una década hasta que naturalmente tomaron caminos separados.

Pero su vínculo, que resume la relación de Colker con Uruguay, se mantiene intacto a pesar de los años. La coreógrafa visitó nuestros país muchísimas veces. Como bailarina, como coreógrafa, como amiga, como amante y como aprendiz. Dice que de tanto en tanto le gusta volver.

El 14 y 15 de agosto volverá una vez más. Y lo hará a lo grande, porque trae su último espectáculo al escenario del Auditorio Nacional del Sodre. Cão sem plumas (Perro sin plumas) es grande por su naturaleza artística y también por el reconocimiento que alcanzó en diferentes puntos del globo. El año pasado se llevó en Rusia el premio Benois de la Danse (sí, el mismo que reconoció a María Noel Riccetto en 2017) a la mejor coreografía del año. Un espectáculo latino de danza contemporánea que se abrió paso entre la rigidez de los clásicos europeos y se sintió como un reconocimiento inmenso a muchos años de trabajo.

El montaje del show, que involucra a 14 bailarines arriba del escenario y es mezcla de estilos de danza con técnicas audiovisuales y destrezas narrativas, significó para Colker y su compañía tres años de trabajo exigente; de repensar las formas, de acomodar las reglas.

El Cão sem plumas está inspirado en un poema del escritor y diplomático brasileño João Cabral de Melo Neto, un hombre que, dice Colker, tenía una mirada muy particular y que escribió el texto en 1950, pero que mantiene intacta su vigencia y universalidad. Lo que la coreógrafa quiso fue traducir cada palabra en un movimiento corporal. Para eso se basó en su pilar más fundamental: la experimentación. Eso mismo fue lo que la llevó a crear, 10 años atrás, Ovo, el espectáculo del Cirque du Soleil que días atrás pasó por el Antel Arena. 

A pesar de tener casi 60 años –que en el mundo de la danza son un montón–, Colker sigue creando. Es una fuerza que la excede, que no la deja parar. Desde un estudio de grabación en Brasil donde prepara la música de su próximo espectáculo y del que todavía ni ella conoce todos los detalles, habló con El Observador en un portuñol improvisado sobre romper los esquemas que la enmarcan y armar otros nuevos. Habló, en definitiva, de hacer arte.

En la danza, ¿qué reglas le gusta seguir y cuáles romper?

Me encanta romper las reglas, pero siempre siendo consciente de que tengo que ir creando otras. Por ejemplo, en mis espectáculos suelo subvertir las reglas de espacio. Los coreógrafos tenemos un escenario que es horizontal, pero por qué no generar uno vertical. Cuando uno quiebra reglas de espacio, cuando experimenta alternativas, tiene que encontrar otras maneras de bailar y siempre mantener el equilibrio. También me encanta mezclar estilos de danza y utilizar técnicas distintas, desde el ballet clásico hasta la danza contemporánea y los bailes de la calle. Mi regla es la experimentación. Experimentar, experimentar, experimentar. Encontrar algo que tenga significado y sentido. Que tenga poesía y sentimiento. Que hable de la verdad, de algo que está pasando y sacarlo afuera, mostrárselo a todos.

El cuerpo es su herramienta, pero a las personas siempre es algo que nos genera conflicto en algún punto, ¿para usted es todo inspiración? 

El cuerpo es conflicto e inspiración. El conflicto está todo el tiempo porque el cuerpo es puro contraste. Es frágil y fuerte; violento y delicado; tenso y relajado; rápido y lento. Esos contrastes y dinámicas están todo el tiempo presentes porque hacen a la naturaleza física del hombre. Eso se ve en mis espectáculos.

A nivel interior, ¿qué conflictos propios usa para dar forma a sus creaciones y pueden verse sobre el escenario?

Son muy profundos. Mi conflicto interno más grande ahora es entender cómo hay cosas que no tienen cura. Para mí todo tendría que sanar, pero no es así. Estoy en ese camino de aprender a aceptar la muerte como una parte de la vida. Y también entender la vejez, dejar atrás la fuerza de la juventud y abrazar la sabiduría de la madurez.  

¿Le da miedo la vejez?

No, no me da miedo.

¿Qué valoración hace de lo que está pasando en el ámbito social en Brasil con la llegada de Bolsonaro al poder?

Creo que el mundo está viviendo un retroceso. Teníamos conquistas adquiridas a nivel de derechos humanos, de libertad, del respeto al individuo como quiera ser o como necesita ser, pero estamos yendo para atrás. Trump es el mejor ejemplo de cómo las derechas están de nuevo tomando espacios en todo el mundo. Ya estábamos más adelante. Bolsonaro es muy nuevo en Brasil y tenemos que estar muy atentos a lo que pueda pasar. No fue mi elección, yo quería otro camino para Brasil. A él no le gustan mucho la cultura ni la educación, y yo creo que son algo básico. La creatividad es el oro que tenemos, es lo que nos hace humanos.

¿Usa su arte para manifestarse en contra de eso?

Sí, yo trabajo todos los días para eso. No parar de trabajar ni de crear es mi resistencia. Trabajo para el bien, para la evolución del hombre.

Colker llega a Uruguay en el marco del Festival Internacional de Artes Escénicas 2019 que se realiza en Montevideo entre el 13 y el 24 de agosto. Las entradas están a la venta en Tickantel y hasta el 31 de julio son bonificadas. 
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