Este sábado, la Policía ucraniana rodeó y acordonó el Monasterio de las Cuevas de Kiev, una de las sedes eclesiásticas más antiguas y prestigiosas de Ucrania. Los medios locales confirmaron que el máximo dirigente del convento, el abad Pável, estaba bajo arresto domiciliario por la sospecha de cooperación con Rusia, mientras comunicados de las Naciones Unidas (ONU) reclaman a Kiev que ponga punto final a los ataques discriminatorios contra la Iglesia ortodoxa ucraniana.
El medio ucraniano Strana.ua señaló en su cuenta de Telegram que "la Policía acordonó el recinto de Pável en el monasterio y no se permite la entrada de fieles".
Esto no impide que decenas de fieles se reunieran frente al célebre monasterio reclamando que termine la persecución a los monjes acusados por Ucrania de estar vinculados con Moscú.
En la manifestación de los fieles frente al monasterio, un pequeño grupo de activistas proucranianos blandió banderas nacionales azules y amarillas sin que se produjeran enfrentamientos.
Pável había denunciado estar bajo sospecha de las autoridades ucranianas y que su domicilio estaba a punto de ser registrado. Dijo que le habían explicado, "en pocas palabras", que estaba acusado de "cooperación con Rusia e incitación interreligiosa".
Según los servicios de seguridad ucranianos (SBU), el abad era sospechoso de "justificar, negar la agresión armada de la Federación de Rusia contra Ucrania y de glorificar a sus participantes", así como de "violar la igualdad de los ciudadanos en función de su pertenencia racial, nacional, regional o religiosa".
Algo que confirmó la Iglesia ortodoxa ucraniana en su canal de Telegram: "El metropolitano Pável está acusado de infringir el artículo 161 del Código Penal, esto es incitación a la discordia interreligiosa. La acusación parte de las declaraciones hechas por él en relación con la Iglesia ortodoxa de Ucrania y el Patriarcado de Constantinopla en un mensaje de video llamado 'Pidiendo justicia para nuestra Iglesia'".
Ocurre que, en el último año, el gobierno de Volodímir Zelensky organizó una oleada de persecuciones contra la Iglesia ortodoxa ucraniana con la que se identifican millones de creyentes. Grupos ultranacionalistas y cismáticos aprovecharon las órdenes gubernamentales y atacaron a clérigos y creyentes mientras se realizaban registros en iglesias y monasterios. Como corolario de esa actitud, el gobierno ucraniano exigió que los monjes abandonaran el Monasterio de las Cuevas de Kiev antes del 29 de marzo. Como los monjes se negaron a abandonar las instalaciones, ese día, el peso de la ley cayó sobre el convento.
El pasado miércoles, el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) comenzó los registros en la casa del abad y el dirigente religioso confirmó en una conversación con feligreses que estaba "bajo arresto domiciliario".
"Poner al abad Pável bajo arresto domiciliario por cargos falsos es una continuación lógica, por desgracia, de la ilegalidad que perpetran hoy las autoridades ucranianas. Así es su 'diálogo' con los representantes de la mayor confesión cristiana de Ucrania", denunció el portavoz del Patriarcado de Moscú, Vladímir Legoida, en su canal de Telegram.
Luego de ser interrogado por las autoridades ucranianas, Pável fue conducido a un tribunal de Kiev para una audiencia, según señala la agencia de noticias AFP. Sin embargo, ésta se aplazó hasta el próximo lunes, ya que el líder religioso no se sentía bien.
El Monasterio de las Cuevas, fundado en el siglo XI y declarado patrimonio de la Humanidad, alberga la sede de la Iglesia ortodoxa ucraniana sometida al patriarcado de Moscú antes de la invasión rusa lanzada en febrero de 2022. Esta confesión anunció en mayo la ruptura de sus vínculos con la Iglesia rusa, cuyo patriarca ruso, Kirill, apoya la invasión. Sin embargo, el gobierno de Kiev considera que esta Iglesia sigue siendo, de facto, dependiente de Moscú.
El patriarca Kiril calificó la persecución de la Iglesia ortodoxa ucraniana de burla del principio de la libertad de culto, e instó a los líderes religiosos y a las personalidades internacionales a impedir el cierre del Monasterio de las Cuevas de Kiev.
El pasado 26 de marzo, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos publicó un informe sobre la libertad religiosa en Ucrania en el que llama la atención sobre la discriminación de la Iglesia ortodoxa ucraniana. Allí denunció que el Servicio de Seguridad interrogó a sacerdotes utilizando un polígrafo y registró sus residencias.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania, Oleg Nikolenko, criticó el informe e instó a la ONU a abstenerse de "evaluaciones políticas" de las acciones de Kiev en relación con la Iglesia ortodoxa ucraniana canónica.