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Déficit de ideas, de oportunidades y de esperanza

Cómo salir del cepo al crecimiento, recuperar y aumentar el empleo y parar el éxodo

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19 de febrero de 2019 a las 05:03

Hace cuatro años la columna viene advirtiendo hasta el aburrimiento  –propio y ajeno– que  el largo período de populismo socialista solapado implosionaría con consecuencias inevitables: el desempleo, el déficit, el endeudamiento, la caída de la actividad privada, la falta de inversión, el éxodo juvenil. 

El reparto de aumentos salariales y otras “conquistas” sin correlato de productividad, un gasto sostenido sólo con deuda, tarifas, inflación e impuestos crecientes, el sindicalismo antiempresario y el aislacionismo económico y político en que se abroqueló la izquierda, no tenía otro desenlace posible.  Pero aún a los no afines al Frente les costó trabajo digerir lo que la ortodoxia económica dictaminaba inapelablemente.

Hoy, a medida que la frialdad de las cifras empieza a martillar verdades, se digiere la dimensión del problema que deja como saldo este experimento. 

Las advertencias que no apañan el voluntarismo irresponable son siempre tildadas de pesimismo, epíteto que la columna sufrió no sólo de parte de quienes defendían su cómodo conchabo de repartidores de felicidad con riqueza ajena, sino también de optimistas empedernidos que niegan la evidencia, como el enfermo que niega el resultado de las tomografías o las madres que niegan las vacunas a costa de la vida de sus hijos.  

Este introito no pretende ser el regodeo por un pronóstico acertado, pero triste y grave, sino que intenta recalcar los costos de la demagogia económica, más el deterioro sistemático de la educación perpetrado por el trotskismo sindical, que ha dejado a Uruguay sin esperanzas, a la sociedad sin sueños y a los jóvenes sin destino. 

El sistema dialéctico ha vaciado de ideas la discusión política, por eso las propuestas electorales son tímidas, apenas alguna de administrar mejor recortando gastos superfuos. El Frente Amplio habla de un mensaje que enamore a los ciudadanos, algo difícil para una fuerza que sólo propone aumentos de impuestos, deterioro de la educación y aislamiento comercial. 

Tal vez sea imposible cambiar el formato socioeconómico actual. No sólo porque está arraigado luego de tres mandatos, sino porque muchos de sus criterios continúan un pensamiento de hace un siglo que se ha hecho carne en la sociedad. Pero que muere en este siglo. 
Salir del actual esquema laboral, del monopolio sindical y las leyes laborales, de la agresión impositiva y de manejo fiscal, del monopolio del estado en la energía y otras actividades clave, suena utópico. Pero es posible dar un salto. Es posible crear una ventana de oportunidad, dejar lo viejo en una suerte de paréntesis, hasta que se agote en el tiempo, e intentar un nuevo Uruguay. 

La tecnología, a la que tanto se le teme –en especial los sindicatos y los políticos – ofrece esa oportunidad. Imagínese, como mero ejemplo, que se exonerara de impuestos por 10 años a toda actividad tecnológica de programación, robótica, coding, tecnología médica, de diagnóstico e investigación científica, a las empresas, a sus empleados y sus importaciones. Y que se eximieran de todo aporte sobre los salarios a empleadores y empleados por el mismo período, incluyendo las cargas jubilatorias,  y rigiera el derecho a la total libertad de agremiación incluyendo el sindicato por empresa o pactar la no agremiación en cada una. Y con un cuerpo de leyes laborales mínimas flexibles que se separen del cepo al empleo de la legislación actual. 

Una suerte de gran zona franca virtual, pero que también funcionase hacia adentro. Algo parecido a lo que se hace con UPM, pero para actividades que en vez de aumentar sólo nominalmente el PIB, crearan  gran valor agregado y un alto contenido exportable de mano de obra capacitada. Después de esos 10 años, se les puede garantizar un tratamiento impositivo moderno y mucho más bajo que el de hoy. 

El mismo método se podría aplicar a todo establecimiento dedicado a la formación técnica de los profesionales de esas áreas. Hasta se podría soñar con crear importantes y prestigiosos centros educativos regionales, trayendo docentes especializados de todo el mundo. Como se podría imaginar centros dedicados a la medicina de diagnóstico y tratamiento de alta complejidad tecnológica, todos encuadrados en el mismo régimen. 

Portugal está atrayendo mucha inversión y oportunidades laborales y de negocios con su plan de exoneración por 10 años de todo impuesto a las personas que se radican. Esta propuesta sería mucho más potente, integral y concreta que la de los lusitanos. El ejemplo de lo que sucedió con la inmigración de agricultores argentinos cuando la versión frenteamplista kirchnerista saboteó al agro del país vecino es apenas una muestra de lo que se puede lograr, pero con mucha más generación de empleo que la de la soja. (Coincidentemente, en un acto suicida, Argentina ha comenzado a gravar su exportación de software con una retención de 18%).

Sería también una buena manera en que los puestos de trabajo desplazados por la tecnología, puedan ser recuperadas por esa misma tecnología, y no que los empleos que se pierdan generen nuevos empleos en India. 

Hay dos agregados a esta idea, para completar el cambio. Declarar la esencialidad permanente de la educación y adoptar el sistema de vouchers y charter schools, y que el estado no meta sus narices en la nueva economía. Bastante tendrá con dedicarse a brindar cuidados paliativos al viejo sistema estatista y protector. 

Aquí una pausa para que los lectores digan que la idea es una utopía inviable en Uruguay. ¿No era la columna la pesimista? 
¿O será mejor esperar que cuando el Pit-Cnt permita que se firmen acuerdos de libre comercio, el Mercosur despegue y aumente la venta de manteca? ¿O hacer un Silicon Valley en un galpón caro?  

 

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