27 de mayo 2019 - 5:00hs
Empresas que cierran sus puertas, recortes de personal, vacantes sin renovar y escritorios vacíos producto de políticas de achique en el sector privado. El mercado laboral muestra su peor cara en 11 años y por más que desde el oficialismo se busca minimizar el problema, la situación pesa a la hora de renovar o no la confianza en la fuerza política en el gobierno. La herencia que deja la actual administración, puede llegar a ser la más costosa para el Frente Amplio.
 
En los últimos años, se ha hecho costumbre al referirse al mercado de trabajo mencionar los puestos de trabajo perdidos desde el pico de empleo de 2014. Si se mide en promedios anuales, hoy se llevan perdidos 44.000 empleos.
Los números absolutos tienen una clara ventaja por sobre los relativos en el terreno comunicacional. No es lo mismo hablar de una caída de tres puntos en la tasa de ocupación que de decenas de miles de empleos. Esta última es una imagen más cercana que inmediatamente da cuenta de la magnitud del fenómeno.
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Sin embargo, son las cifras relativas las que realmente permiten dimensionar el problema. Porque los números crudos suelen dar lugar a visiones distorsionadas que minimizan el problema.
Durante su discurso de rendición de cuentas, el presidente Tabaré Vázquez fue increpado por una voz desde el público por la pérdida de empleos. El mandatario reaccionó con total naturalidad y retrucó el reto: 
“Les voy a hablar de los puestos de trabajo que se perdieron. Tenés razón y nos duele en el alma. Se perdieron casi 60.000 puestos de trabajo”, reconoció, incluso con cifras aun más abultadas de las que publica el Instituto Nacional de Estadística (INE).
 
Y acto seguido, acotó: “Pero desde el 2005 a la fecha, creamos 300.000 puestos de trabajo nuevos”, y el público estalló en aplausos.
La misma respuesta se le puede escuchar a más de uno de los candidatos frenteamplistas. “Pero contame también los 300.000 puestos de trabajo que creamos desde 2005”, contestó Daniel Martínez a mi pregunta en el programa En la Mira de VTV.
 
Con esa respuesta, la pérdida reciente de puestos de trabajo parece atenuarse. Son muchos los empleos perdidos, pero durante las administraciones frenteamplistas se crearon muchos más. El saldo parece ser netamente positivo y en realidad no lo es tanto.
No lo es porque los números absolutos esconden una realidad que solo los relativos puede captar. Si bien ningún indicador por sí solo es capaz de reflejar la situación del mercado laboral, una mejora aproximación es a través de la tasa de ocupación que no solo tiene en cuenta la cantidad de uruguayos empleados sino además la población en edad de trabajar.
 
El número de uruguayos empleados, 1,63 millones de personas, se encuentra relativamente estable desde el año pasado. Y su nivel mínimo es desde el año 2013. Seis años. Sin embargo, la tasa de ocupación de 57,2%, viene en caída y se encuentra en niveles mínimos desde mediados de 2008. Once años. A mediados de la primera administración del Frente Amplio.
Esta diferencia se debe a que la población uruguaya crece y conforme crece se necesitan más empleos para sostener el mismo nivel de vida general en los hogares. Mantener el mismo número de empleos es inviable en el tiempo para cualquier sociedad con un mínimo crecimiento poblacional. Por eso resulta un mejor indicador. 
 
Hoy el mercado laboral brinda menos oportunidades de las que brindó en los últimos 11 años. Sin dejar huellas para muchos, quedaron atrás los mejores años de bonanza económica. Y quizás más grave aún para la actual administración, es la pasividad y resignación con la cual el gobierno exhibe estos números.
 
Los problemas del mercado laboral están asociados a otro conjunto de problemas que quedaron relegados de la agenda del gobierno. La pérdida de confianza de los inversores, las dificultades del dólar para acompañar la suba en países relevantes, los problemas de inserción a nuevos mercados en condiciones ventajosas, el encarecimiento de la mano de obra, de la carga tributaria y del peso de las tarifas en la ecuación de las empresas.
 
La pérdida de empleos impacta en las expectativas y en el ánimo en general. Y se hace sentir en el ánimo electoral. Los planes vinculados al empleo deberán formar parte de todas las plataformas electorales y tendrán un lugar preponderante en el discurso. Algunos optan por vender ilusiones sin fundamento. Otros por negar la realidad. Planes creíbles, fundamentados y sobre todo, que permitan calibrar las expectativas serán necesarios para generar confianza en el electorado y para viabilizar la próxima administración.
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