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12 de marzo 2023 - 11:15hs

Este sábado, las autoridades iraníes arrestaron a más de 100 personas presuntamente responsables en el envenenamiento de miles de niñas, alumnas de centros educativos. Los arrestos se llevaron a cabo en varias provincias, entre ellas, las de Teherán, en el norte del país. Así se informó desde un comunicado del Ministerio de Interior, en el que se agrega que algunas de las personas detenidas "tenían motivos hostiles con el objetivo de crear el miedo entre la población y las estudiantes, y el cierre de los colegios para instalar escepticismo hacia el sistema islámico”.

Las autoridades, aunque no dudan en señalar a los culpables como “enemigos del país”, investigan si existe o no una conexión de los ataques perpetrados mediante un gas con el grupo opositor Muyahidines del Pueblo de Irán (Mujahedden e Khalq, MEK), un movimiento en el exilio instalado en Albania. Otra de las hipótesis que maneja el Ministerio del Interior es que "algunos de los casos de envenenamiento fueron travesuras provocadas con bombas fétidas por personas que querían cerrar las clases influenciadas por la atmósfera psicológica adversa”.

La ola de envenenamientos comenzó a finales de noviembre del año pasado en la ciudad santa de Qom y se multiplicó en la semana pasada, provocando, hasta ahora, que 5.000 alumnas de 230 centros educativos de 25 de las 31 provincias iraníes, tuvieran que ser atendidas por médicos, según los datos del parlamentario Mohammad-Hassan Asafari, miembro de una comisión que investiga las intoxicaciones.

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Las alumnas padecieron irritación de la garganta, dolores de cabeza, dificultades para respirar, debilidad, arritmias o la imposibilidad de mover las extremidades tras inhalar un supuesto gas.

En un primer momento, el Ministerio de Sanidad y el de Interior concluyeron que en la mayoría de los casos se observaba una notable "ansiedad" en las niñas y que “la sustancia irritante” era responsable de una pequeña parte de síntomas los síntomas reales" que mostraban algunas alumnas. El propio viceministro de Sanidad, Saeed Karimi dijo que "menos del 10 % de los casos presentaban síntomas reales y la mayoría están relacionado con la ansiedad".

El descontento popular, en especial entre las familias, creció ante la ineficacia de las autoridades a la hora de frenar unos ataques que parecen destinados a paralizar la educación de las niñas.

Al cruce salió el líder supremo de Irán, Ali Jameneí, quien calificó los ataques de "crimen imperdonable". Y, al conocer las detenciones, agregó que, si se prueba que los ataques fueron deliberados, “los culpables deben recibir el castigo máximo”. Es decir, la pena de muerte. Lo mismo señaló el presidente iraní, Ebrahim Raisí, al atribuir los envenenamientos a "enemigos" de la nación.

La cuestión es que comenzó a circular el rumor que vincula los envenenamientos con las protestas desencadenas en el país tras la muerte, el 16 de septiembre, de Mahsa Amini, una joven de 22 años que falleció bajo custodia de la policía de la moral, tras ser detenida por no llevar correctamente puesto el velo. Las protestas fueron fuertemente reprimidas, pero la imagen de alumnas de colegios e institutos quitándose los velos, gritando "mujer, vida, libertad" y haciendo gestos de desprecio a retratos de Alí Jameneí y del fundador de la República Islámica (el ayatolá Ruholá Jomeiní) se mantienen en la memoria de buena parte de la sociedad.

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