No invento la gomina cuando digo que en este país pasan cosas que superan la lógica, al menos aquella que funciona con base en disquisiciones racionales porque, claro, la lógica del amor solo la entienden quienes padecen ese sentimiento caracterizado por la irracionalidad. Para el tema de hoy, habría que hablar también de una “lógica del fútbol”, no de cualquier fútbol, sino del uruguayo; de quienes lo manejan. Hay una lógica signada por lo ilógico que va más allá de lo comprensible y cada tanto impone su apabullante poderío ante la tímida intervención del raciocinio. Le gana por goleada a cualquier intento que busque encontrar sentido a lo que no lo tiene, ni en la superficie ni en el fondo. Esta vez tiene que ver nuevamente con lo que debemos llamar desorganización; al hecho de hacer las cosas en camiseta. No recuerdo cuándo fue la última vez que la selección uruguaya ocupó el quinto lugar en el ranking de la FIFA. Creo que es una situación inédita, que para lo primero que debería servir (y quizá es para lo único que sirve) es para hacer dinero por un tiempo.
Devaluando el prestigio
La selección uruguaya no está aprovechando su buen pasar deportivo