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Dieciocho datos que no te contaron en la escuela sobre la historia uruguaya

Mitos, visiones alternativas y datos desconocidos sobre los orígenes del país actual, en base al libro La historia escondida del Uruguay, de Leonardo Borges

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18 de julio de 2019 a las 05:04

Hay una serie de datos, nombres, fechas, episodios y conceptos que todo uruguayo absorbe en la escuela y el liceo y se queda para el resto de su vida. Próceres, batallas y proclamas. Presidentes, generales y localidades. Pero todo eso es parte también de una historia condensada, procesada y decretada como parte de una construcción oficial de un relato unificado.

Así lo señala el historiador Leonardo Borges en su libro La historia escondida del Uruguay, en el que señala que la historia uruguaya está "enferma de historia oficial". Para Borges se produjo a lo largo del tiempo una mitificación de figuras, fechas, partidos políticos y movimientos que hace difícil salir de ese relato. Primero Artigas, según él, el gran mito manoseado por todas las fuerzas en el poder, luego los partidos políticos y sus movimientos, desde el saravismo hasta el batllismo, e incluso considera que los movimientos de izquierda como el Frente Amplio han generado mitos propios. 

Borges, que también critica el "montevideocentrismo" y la impronta patriarcal de la historia local, reúne en el libro estos datos que se pueden leer a continuación, basados en distintos documentos e investigaciones, que recuerdan algunas de las contradicciones y curiosidades del país que hoy existe.

1- Los charrúas no eran ni los indígenas más numerosos ni los dueños de las tierras que con el tiempo se convertirían en Uruguay. Basándose en investigaciones de Diego Bracco y José López Mazz, Borges señala que los charrúas ocupaban sobre todo las actuales provincias argentinas de Santa Fe, Buenos Aires, Misiones, Corrientes y Entre Ríos, y en menor medida el occidente uruguayo, en la zona de Colonia. Si bien con el paso del tiempo fueron empujados hacia el actual territorio nacional, los guenoas eran los más populosos, y los guaraníes fueron los más influyentes, algo que aún se aprecia en nombres como Tacuarembó, Arapey, Sarandí y Aceguá.

2- Antes de ser la Banda Oriental del río Uruguay (otro nombre guaraní), el término "orientales" abarcaba además a Corrientes, Entre Ríos y Misiones. De hecho, el libro presenta fragmentos de cartas de José Artigas, quien en 1812 habla de los pueblos de la Banda Oriental del Paraná. Borges cita al historiador Javier Ricca, quien resalta que Artigas fue primero un caudillo "oriental-uruguayo", pero que luego fue consagrado como Jefe de los Orientales, pero "orientales-paranaenses", porque luchaba también por las que hoy son algunas de las provincias argentinas.

3- La fundación de Montevideo no fue iniciada por españoles con Bruno Mauricio de Zabala a la cabeza, sino que los portugueses ya estaban comenzando un asentamiento donde actualmente se instala la capital uruguaya. Al enterarse de esa noticia, y para evitar que ocurriera lo mismo que con Colonia do Sacramento (otra "primereada" portuguesa) Zabala se prepara para atacar a los lusitanos, que huyen al enterarse, y dejan el camino despejado para que los españoles se instalen. 

4- El Grito de Asencio ocurrió sin grandes desmanes ni enfrentamientos porque los representantes del Imperio español no tenían poder real fuera de Montevideo, bastión fiel a la corona europea. El resto del territorio juró fidelidad a la Junta de Mayo de Buenos Aires. De todas formas, los sublevados robaron y cometieron desordenes mientras capturaban las poblaciones del actual interior.

5- La construcción de Artigas como prócer y "padre de la patria", aunque su lucha nunca fue por la independencia uruguaya, deriva de la necesidad de tener una figura unificadora para afianzar la identidad nacional. Artigas era previo a las luchas internas y a la división entre blancos y colorados, un "neutral" ya muerto que podía usarse a gusto para legitimar al país.

6- En la Batalla de las Piedras, las tropas de Artigas no luchaban bajo la bandera roja, azul y blanca, sino bajo el pabellón blanco de la Casa de los Borbones, la familia real española. Eso se debe a que la lucha en principio no era por la independencia de la corona, sino por la autonomía de las colonias americanas.

7- En 1819 se firmó un tratado en el que la por entonces Provincia Cisplatina pedía a Portugal la construcción de un faro en la Isla de Flores, para evitar más naufragios, a cambio de un territorio equivalente a la mitad del Uruguay actual. El tratado no llegó a ratificarse. 

8- Si bien no tiene una conexión directa con lo que terminó ocurriendo después en una cancha de fútbol, el color celeste ya estaba emparentado con el territorio nacional. Luego de la anexión de la Provincia Cisplatina al imperio portugués, el general Carlos Lecor colocó cintas celestes en los vestidos de las damas montevideanas durante los festejos, lo que fue imitado por otros asistentes. El color pasó entonces a estar asociado a la provincia, y se agregaba a los blasones lusos. 

9- Así como una vez la expresidenta argentina Cristina Fernández dijo que "Artigas quiso ser argentino y no lo dejaron", hubo un momento en el que los orientales quisieron ser portugueses, y los dejaron. El Congreso Cisplatino tuvo lugar en 1821, luego de la derrota de Artigas, y si bien sus participantes estuvieron digitados para ser afines a los nuevos conquistadores, figuras como Dámaso Antonio Larrañaga y Fructuoso Rivera aprobaron la anexión al imperio luso-brasileño por razones pragmáticas. No había forma de derrotarlos, ni de pedir la anexión a la corona española, ni a las provincias argentinas, y el país estaba en ruinas luego del período de combates. Había que ceder y anexarse.

10- Un dato que suele olvidarse es que la Declaratoria de Independencia del 25 de agosto de 1825 es la declaración de separarse de Brasil y Portugal para unirse a las Provincias Argentinas, no la de constituirse como un estado independiente. Lavalleja inicia su proclama en Soriano, unos días después del desembarco en la Agraciada con un "argentinos-orientales". 

11- Los Treinta y Tres orientales no eran 33 ni todos orientales. Según una investigación de la década de 1940, existen 16 listas diferentes de nombres y en total se menciona a 59 personas. La cifra simbólica está vinculada a la masonería, que lo considera el número perfecto y tiene esa cantidad de grados en su escalafón. Tanto Manuel Oribe como Juan Antonio Lavalleja pertenecían a esa institución, y como muchos de los orientales pertenecían a la logia, decidieron que el grupo tuviera esa cantidad.

12- El británico Lord Ponsomby fue uno de los arquitectos de la independencia oriental. Su llegada al Río de la Plata no se produjo por su astucia o su talento como negociador, sino como una suerte de exilio por un caso de adulterio. Una relación entre el Lord y una de las favoritas del rey Jorge IV obligó a la diplomacia británica a refugiarlo en el rincón más recóndito del mundo posible.

13- En 1824, el ministro británico George Canning advertía que "la América española es libre; y si no administramos mal nuestros negocios, ella será inglesa". No por conquista, sino por comercio. Es así que los británicos intervienen en la disputa entre las Provincias Unidas y el Imperio Brasileño por el territorio oriental para tener una mano en la lata del Río de la Plata, la puerta de entrada al corazón del continente. Al principio la independencia no se planteaba, sino que se manejaron opciones como pagar a Brasil a cambio de la devolución de la provincia a la futura República Argentina, o que el país pasara a ser una colonia británica. Incluso se propuso que Montevideo fuera un puerto comercial británico. Pero la solución final fue la de establecer un "tapón" entre los dos gigantes americanos e independizar a la Banda Oriental.

14- La independencia fue votada y acordada por Brasil, Argentina y Gran Bretaña en la Convención Preliminar de Paz de 1828, por lo que Borges señala que es la "verdadera" fecha patria nacional. La Provincia Oriental no tuvo participación en el proceso que definió su destino final.

15- Cuando en 1828 se acuerda la independencia de la Banda Oriental, ahora si del Río Uruguay, el país es bautizado por su ubicación geográfica (al este del río), y no con un nombre propio. Entre los nombres tentativos estaban Estado de Solís, Estado del caudaloso Plata, Estado del Nord Argentino y Estado de Montevideo. Imagínese.

16- El Himno Nacional tiene una estrofa en la que se critica a José Artigas, que en 1833 no era una figura querida ni mucho menos un prócer. No es ninguna de las frases que recuerda de memoria desde la escuela, sino que es parte de la letra completa del extensísimo texto de Francisco Acuña de Figueroa, del que apenas se entona un verso y el estribillo en dos ocasiones. Además de críticas a España, Portugal y Brasil que fueron retiradas por el autor en 1845, se incluye el verso:

Si a los pueblos un bárbaro agita,
Removiendo su extinto furor,
Fratricida discordia evitemos,
¡Diez mil tumbas recuerdan su horror!
Tempestades el Cielo fulmina,
Maldiciones desciendan sobre él,
Y los libres adoren triunfante
de las leyes el rico joyel.

El "bárbaro" en cuestión es Artigas, según Borges. 

17- Las mujeres han sido habitualmente ignoradas por la historia uruguaya, salvo contadas excepciones de figuras que trascendieron por ser las "esposas de", como Ana Monterroso de Lavalleja y Bernardina Fragoso de Rivera. Más allá de que la historia local se constituye en un período mucho más patriarcal que el actual, las mujeres también fueron parte de procesos revolucionarios e independentistas. El libro recupera un documento de Manuel Oribe de 1854 en el que destaca a Rosalía Dutra, una vecina del barrio Peñarol que "olvidando la delicadeza de su sexo" y "la timidez anexa a él", en 1832 acarreó municiones - cruzando incluso ríos a nado - para auxiliar al caudillo en su lucha contra Lavalleja. 

18- A lo largo de la historia uruguaya existieron otros feriados y fechas patrias. Hasta 1860 se conmemoró la fecha de ratificación de la Convención Preliminar de Paz de 1828; se celebraba también la Batalla de Ituzaingó, ocurrida en 1827 entre las Provincias Unidas y el Imperio de Brasil, que llevó a la Convención. Hasta el siglo XX se festejaba también el 14 de Julio, el Día de la Bastilla, una celebración francesa.

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