Ahora todos nos piden el voto. Bueno, es tiempo entonces de nosotros pedir compromisos irrenunciables de los candidatos en cuanto a qué van a hacer, tanto si ganan (desde el Ejecutivo), como si pierden (desde el Legislativo). Esa promesa constituye una plataforma electoral que debe basarse en pocos principios, claros e irrenunciables.
En primer lugar, Uruguay como país chico y exportador debe ser abierto; esto quiere decir como Chile y no como Argentina. Estamos en el Mercosur pero podemos pasar de miembro pleno a miembro asociado, como Chile, que pertenece al Mercosur, comercia con arancel cero con todo nuestro bloque, pero tiene 90 TLC con todos los países importantes del planeta.
En segundo lugar, las inversiones son el motor del crecimiento futuro y no hay que desestimularlas; en este sentido, hablar mal de los extranjeros, hablar todos los días de nuevos impuestos, cambiar las reglas del juego modificando leyes importantes, etc., etc., le hace mal al país.
En tercer lugar, las instituciones y las leyes deben ser estables y los derechos se deben respetar: el derecho de un titular de una fábrica o de un campo de disponer de su bien, sin ocupaciones sindicales que avasallan el derecho de propiedad, es importante. No sirve prohibir ocupaciones en lo público y alentarlas en lo privado o cambiar reglas del juego o amenazar hacerlo a cada rato.
En cuarto lugar, la política salarial debe proteger los derechos de los trabajadores pero no promoviendo subas de salarios por encima de la productividad y con prepotencia sindical. Y la productividad del trabajo en Uruguay es bajísima; mejorarla cada día le sirve a todos, empleados y empleadores.
En quinto lugar, a la sociedad no le sirve un Estado grande y gordo, que se cree que el país vive en emergencia y saca más y más de los que se esfuerzan y producen para darle más y más a los que no se esfuerzan y no producen. Aquí hay que reducir impuestos (que en Uruguay son altísimos para todos) y gastar e invertir muy bien esos recursos.
En sexto lugar, los monopolios, sean públicos o privados, le sirven mucho a los empleados de esos monopolios (que son unos pocos miles) porque exigen y consiguen, pero no le sirven a los 3 millones de uruguayos, que pagan servicios caros y malos. Es cierto que esos pocos miles presionan fuerte, pero se debe gobernar siguiendo el interés de todos y no de los que gritan.
En séptimo lugar, el país necesita resultados muchísimo mejores en educación, especialmente en los sectores de menores ingresos. Con una educación decadente por centralizada, ideologizada y carente de controles y estímulos asociados a resultados, el país se nos cae a pedazos.
En octavo lugar, en materia de seguridad necesitamos un giro de 180 grados. Hay que volver a poner las cosas en blanco y negro: hay buenos y malos, sí, así de simple. Hay que proteger a los buenos y castigar sin lástima a los malos. El sistema de justificar a los pobrecitos malos porque no es su culpa dedicarse a golpearnos, lo que es equivocado e injusto, solo puede llevarnos a donde estamos en materia de seguridad. Mano firme (que no es mano dura o sea golpear a mansalva) es lo que se precisa desde la Suprema Corte hasta el último policía. Se van a precisar más cárceles, que al fin son edificios que un país puede construir sin andar dando vueltas.
En noveno lugar, el país necesita que una parte sustancial de los impuestos recaudados se vuelquen a inversiones como rutas, puertos, trenes, comunicaciones y energía abundante y barata, y no se gasten en rubros que nada dejan.
En décimo lugar, Uruguay necesita como política de Estado, tener una posición internacional clara y estable, en defensa irrenunciable del interés de todos los uruguayos, nada más; no importa la simpatía política con gobiernos extranjeros o la falta de la misma, lo que importa es el interés de los uruguayos. Si se tiene eso claro, no se puede oscilar en las relaciones exteriores, desatendiendo países claves y estratégicos para aliarse con países intrascendentes.
Estos 10 mandamientos son importantes, a ver qué dicen ellos.