Opinión > ANÁLISIS / EDUARDO BLASINA

Diez mochilas y una mesa de trabajo

Si se construye una agenda de corto, mediano y largo plazo, los autoconvocados escribirán páginas memorables

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10 de febrero de 2018 a las 05:00

Al parecer, de las 10 mochilas planteadas en Durazno, hay dos que no pueden alivianarse. El gobierno ha dicho con claridad que no habrá modificaciones en la política cambiaria y por lo tanto podría asumirse que llegan para quedarse los $ 28,50, centavo más o menos, interbancario a costa de comprar cientos de millones. La mochila 1 (dólar barato) es un dato. Seguiremos con los lenguados importados de Alaska, las arvejas de Bélgica, las naranjas españolas y los pomelos Israelíes, síntomas visibles de que la competitividad está en la lona.

El dólar estará bajo presión bajista en todo el mundo, pero por alguna razón los israelíes y españoles mandan desde miles de kilómetros sus cítricos que se podrán ver caídos en un paseo por Salto. Puede que las turbulencias actuales levanten en algo la cotización de la divisa estadounidense pero nadie espera una suba relevante que alivie a los exportadores.

La segunda mochila, la de la inflación, tampoco tendrá grandes variantes. Tenemos alrededor del 7% casi que decretado, no hay economista que espere algo muy distinto. Y eso complica: cabe esperar que la inflación en dólares continúe. Y es una desventaja evidente ante los competidores de excelencia como Australia y Nueva Zelanda, donde una inflación de 7% sería inaceptable, ellos no llegan al 2% por año.

Dicho de otro modo, el tipo de cambio real para los exportadores a fin de año será casi seguramente peor, o al menos muy parecido. De las 10 mochilas, dos seguirán con un peso importante, el mayor en casi 20 años.

Por lo tanto, hay que trabajar fuerte sobre el resto de los aspectos que hacen a la competitividad y en alivios que compensen esta situación que puede llamarse atraso cambiario o desfasaje entre dólar e inflación o encarecimiento en dólares. Lo importante es que ya la vivimos dos veces en la historia reciente y las dos veces terminó en catástrofe.

Por lo tanto la mesa de trabajo tiene que pensar más allá de los productores autoconvocados que hicieron sonar las alarmas de problemas evidentes. Esto es más que un problema del agro, de tamberos, arroceros, granjeros. Es un problema de la sustentabilidad del crecimiento, de la supervivencia de la producción nacional. Es más negocio importar o contrabandear frutas y verduras que producirlas.

La mochila 3, la de las energías, es la que ya fue alivianada muy parcialmente para algunos sectores por un período acotado. Seguramente allí hay donde trabajar por razones filosóficas y prácticas: no puede usarse la energía eléctrica como un mero mecanismo de recaudación, no es favorable socialmente ni económicamente. Deberíamos ser un país orgulloso de nuestra reconversión energética y exhibirla al mundo como un galardón. Pero a este precio es imposible. Aquí debería considerarse no solo al agro sino a las industrias. Si el costo de faenar o procesar leche es más alto que en los países vecinos, el precio que se paga por el ganado o la leche a los productores locales baja. La industria traslada su mayor costo a la negociación por la materia prima.

La mochila 4, la de los impuestos, de arranque precisa garantías de que no se hará más pesada. Porque tanto énfasis puesto en una parte del gobierno en el precio de la tierra lleva a sospechar que un nuevo impuesto a quienes arriendan podría estar en el menú, lo que tendría efectos catastróficos. Pero vale recordar que si el gobierno apuesta al agro recaudará más por impuestos a la renta y eso es mucho más sano que recaudar por impuestos ciegos.

La mochila 5, de la caminería, no parece entrar en esta negociación, porque son temas de mediano plazo que ya tienen su programación. Cabe esperar una mayor agilidad de los proyectos público privados que son un ejemplo de sinergia deseable, pero que se demoran en concretarse.

La mochila 6, de los salarios, es siempre ascendente, salvo que sobrevenga una catástrofe, que es lo que se quiere evitar. Es siempre un objetivo que los salarios suban. Por eso hay que recuperar las condiciones que permitan invertir. Cuando la competitividad cae se suspenden las contrataciones y el desempleo crece. Tal vez exoneraciones parciales de aportes para programas de primer empleo podrían entrar en el menú. Si las próximas rondas de salarios no se centran en el empleo, será difícil mantener la desocupación en los niveles actuales.

La mochila 7, el costo de la tierra para los que arriendan, en la que han puesto tanto énfasis los integrantes del MPP, viene alivianándose por la fuerza de los hechos. Como siempre que las cosas van mal, el precio de la tierra va bajando y seguirá bajando. No hay mucho más para hacer al respecto, menores márgenes implican renegociar rentas, ya sucede. Pero qué bueno sería que el entorno del negocio cambiara y el precio de la tierra lo reflejara subiendo.

La mochila 8, la que generan los intereses de una deuda en ascenso, también ha sido parcialmente alivianada para los productores lecheros. Podría tal vez postergarse alguna amortización para contener la salida de pequeños y medianos productores y atenderse la situación de industrias que están en una situación de alto riesgo. Hay muchas empresas complicadas, incluso con nuevos llamados a concordato esta semana.

La mochila 9, la de las trabas a los acuerdos de libre comercio, es fundamental. Es un tremendo desestímulo a la innovación, a la inversión, a la perspectiva futura que la enorme mayoría del país quiera una lógica de apertura al mundo y una minoría que electoralmente no tiene relevancia logre frenar la salida de los productos de Uruguay en condiciones competitivas. Si seremos chicos, caros y encerrados, no tendremos futuro. Sería una gran señal que se destrabara el acuerdo con Chile, que aunque signifique poco, al menos daría una señal en el sentido correcto. Atravesar un atraso cambiario prolongado sin abrir mercados es simplemente un imposible.

Finalmente la décima mochila, la de los prejuicios, debe alivianarse desde la cultura del diálogo sincero, que es lo imprescindible de la mesa de trabajo. Si se transforma en un juego táctico para ganar tiempo y desgastar a los productores sería triste y grave. Si del otro lado es una apuesta al todo o nada tampoco se llegará a acuerdos fructíferos. Ya se demostró que esto es un movimiento espontáneo, no teñido de chicanas político partidarias, respetuoso y que en todo caso está mejorando la calidad democrática a través del control ciudadano. Ciudadanos de distintas actividades y concepciones reclamando transparencia y austeridad en el manejo de los dineros públicos.

Las medidas deben abarcar a ganadería y si se quiere que tengan impacto no deberían ser excluyentes por tamaño. No es que los grandes productores precisen una ayuda social, es la inversión la que precisa ser reactivada. Si se me permite el juego de palabras, el gobierno debe invertir en reactivar la inversión. Hay que sostener la meta de lograr 3 millones de terneros, tal vez con mecanismos que premien de alguna manera a quienes logren altas performances productivas.

Las acciones deben abarcar también a la industria para revertir la tendencia a la primarización. Cada vez se exporta más ganado en pie, lana sucia y luego vendrá la exportación del arroz cáscara. Devoluciones de impuestos, prefinanciación de exportaciones, cuanto mecanismo haya para retomar el crecimiento exportador, el agregado de valor local y que de alguna manera se verifique el traslado de precios a los productores de parte de los beneficios.

No es fácil, pero si se logra construir una agenda de corto, mediano y largo plazo que mejore los ánimos y a la vez no se desvíe del objetivo de bajar el déficit fiscal, los autoconvocados seguirán escribiendo páginas memorables para los libros de historia de las generaciones que vendrán. Para eso serán necesarias correcciones, en la caja militar, en el subsidio a la cerveza, en Alur, en el ingreso de empleados públicos que en vez de dos por cada tres que se van, podría ser uno por tres y abarcar a las intendencias.

Uruguay también precisaba una perestroika y una glasnost. Y una renovada declaración del gobierno que explicite que sí, que el desarrollo agroindustrial de Uruguay le resulta prioritario y es una estrategia de largo plazo. Si a partir del 19 de febrero eso se construye habrá un grupo de 40 productores que podrán contarle a sus nietos que a partir de un grupo de whatsapp en un enero en el que nadie lo esperaba, ayudaron a salvar la oportunidad uruguaya de un atraso cambiario prolongado que pudo terminar distinto a los de 1982 y 2002. Eso es lo que está en juego. l

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