El porrazo no podría haber sido más duro para Peñarol Rugby. Porque era su primer partido de la historia, porque era como local, en un clásico contra un equipo chileno -sea club o selección, la rivalidad está-. Porque fue de los que se armó mejor en la previa y es uno de los candidatos al título. Hasta porque enfrente estaba Pablo Lemoine, uno de los hombres que empezó a construir todo este presente exitoso del rugby uruguayo, que hoy trata de replicar del otro lado de Los Andes. Y fue un cruel recordatorio de lo que es el rugby de alto rendimiento: los rivales ajustan, corrigen, se adaptan a las fortalezas del rival, tratan de limitarlas. Así, el equipo más débil -no por una distancia inalcanzable- observó lo que Peñarol había hecho hace una semana atrás con Corinthians. Ajustó, maniató al que en los papeles era superior, jugó el partido que venía a buscar y se llevó la victoria por 15-13, la primera de la naciente liga profesional sudamericana a de rugby.
Es muy difícil ganar cuando un equipo juega tan mal como lo hizo Peñarol hoy. Porque incluso Selknam estuvo lejos de hacer el partido perfecto, y le dio infinidad de chances a los aurinegros de volver al partido. Pero el equipo de Bouza colaboró en todo. No fueron solo los 10 penales del primer tiempo, o los más de 14 del partido; tampoco la insólita cantidad de errores de manejo. Fue la indisciplina permanente, la falta de reacción para serenarse y buscar los argumentos que más le sirvieran al equipo, los dos penales que se quedaron adentro en los momentos decisivos del partido, los 9 puntos fallados a los palos... En general, Selknam aprovechó esos regalos del local, y con sus armas, se lo llevó Esas armas del ABC de Lemoine, que tan bien aplicó Uruguay durante mucho tiempo, antes de apostar a un nuevo estilo que también le ha dado resultados. Selknam, como aquellos viejos Teros, limitó al rival, le bajó revoluciones al juego, marcó siempre arriba con agresividad y locura para el tackle y generó un caos en el breakdown. Fue sólido en el scrum, usó el pie con criterio y, recién cuando cruzó campo rival, se preocupó por traducir todas esas cosas en puntos.
Si se jugaba corriendo y con ritmo de pelota, como pasó la semana pasada con Corinthians, era difícil que la victoria no fuera a Peñarol. Pero ese juego nunca llegó. Ni siquiera se lo pudo proponer el carbonero: las liberaciones de los breakdowns, invariablemente, fueron lentas, cuando no caóticas. Desde las formaciones fijas tampoco: cuando se obtuvo en el line -quizás de lo poco positivo la seguridad de Garese en la hilera- se apostó por el maul, pero tampoco se pudo sacar ventaja por ahí. El scrum no dio plataformas claras de lanzamiento. Ni un quiebre claro en 80 minutos.
El resto, errores, varios gruesos. Por ejemplo, una inaudita cantidad de penales en el primer tiempo, 10, que le permitieron a Selknam siempre estar en partido con tres penales: alguno por tackle alto, alguno por ir de cabeza en el ruck, alguno por entrar claramente de costado. Solo la avivada de Arata a la salida de un ruck le había dado a Peñarol el único try del partido, acompañado de un lejano penal de Favaro tras una infracción chilena en el scrum, para completar el 10-9 con el que se fueron al descanso.
Difícil jugar tan mal: el debut de Peñarol Rugby fue una pesadilla
El aurinegro llegaba como uno de los candidatos al título pero en el primer partido cayó 15-13 con Selknam, jugando un partido malísimo