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Las condenas van desde los dos hasta los 25 años de prisión.

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"Disparé el arma sin apuntar, pero hacia donde venían los de Peñarol": el detrás del asesinato de Hernán Fiorito

La Justicia dispuso la condena de 16 fanáticos tricolores por el crimen ocurrido en Santa Lucía, en setiembre de 2016

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01 de diciembre de 2021 a las 05:03

Mientras Peñarol celebraba sus 125 años y los fanáticos se habían reunido para festejar en varios puntos del país, en la plaza de Santa Lucía “se desató el infierno”.

La definición en esos términos provino de uno de los 16 hinchas de Nacional que fueron condenados por el homicidio de Hernán Fiorito –el joven simpatizante de Peñarol que fue baleado durante los festejos esa madrugada–, y consta en la sentencia del caso, a la que accedió El Observador.

Esa noche de setiembre de 2016 hubo otros dos heridos y uno fue de particular gravedad, pero sobrevivió. En este marco la jueza letrada de cuarto turno de Canelones, Marianela Melgar, dispuso el pasado 24 de noviembre la condena con 23 años de prisión para 11 de los imputados por homicidio especialmente agravado, uno consumado y otro en grado de tentativa.

A otro se le agregaron dos años porque al homicidio se le sumó el delito de tráfico de armas. Tres personas fueron condenadas además como "partícipes extraños", con la misma pena, y uno por robo, con dos años de cárcel. Sin embargo, por haberse juzgado con el viejo Código Penal, los autores no irán a prisión hasta que la condena quede firme con el fallo del Tribunal de Apelaciones.

El pedazo de tela

De la sentencia en primera instancia se desprende que el objetivo de los simpatizantes tricolores esa noche era robar banderas, algo que en el contexto de una parte de las hinchadas es considerado, dice el fallo, como  “una demostración de hombría y de amor por la camiseta”. En esta lectura, “los trapos” del tradicional rival eran, ni más ni menos, trofeos.

“Un pedazo de tela te cuesta la vida”, decía uno de los mensajes previos que se intercambiaron los protagonistas y que con las cartas vistas fue la antesala de lo que sucedió ese 28 de setiembre.

En la previa, antes de que el reloj marcara la medianoche, el grupo de hinchas de Nacional desplegó una red para captar información sobre las actividades que harían los rivales las horas siguientes. Entre ellos, algunos tomaban cerveza mientras custodiaban la sede tricolor por temor a un supuesto ataque al edificio de la avenida 8 de Octubre. Otros fumaban marihuana y algunos habían consumido cocaína, dice el fallo.

Pero la obsesión de los tricolores esa noche eran principalmente los “trapos” y en Montevideo eso “estaba bravo”, afirmó uno de los imputados. Cuando recibieron las imágenes de la reunión en Santa Lucía y vieron que las banderas “estaban a mano”, partieron hacia Canelones.

Se dieron “manija” conversando sobre incidentes previos y, según la jueza, “había un mero bosquejo de que sí o sí, sea como sea, determinadamente, había que conseguir banderas del equipo rival”. El uso de la fuerza era una posibilidad cierta y por ello varios estaban armados, pero para la magistrada no todos tenían la intención de robar las banderas si el costo era que hubiera muertos.

Los hinchas tricolores se trasladaron en tres autos hacia Santa Lucía; varios de ellos tenían armas (bates de béisbol, piñas americanas y revólveres) y estacionaron a unas dos cuadras de la plaza, en donde había entre 50 y 70 personas, entre ellos niños y mujeres. “Cuando fuimos no sabíamos que eran tantos… Fue una catástrofe”, declaró uno de los imputados.

Era la 1:30 cuando se acercaron a la plaza caminando. Aprovecharon que los hinchas de Peñarol no los veían porque había varias banderas colgadas que tapaban la visual y funcionaban como una faja a la altura de los ojos. “Ello les dio la chance que no fueran percibidos hasta estar a una distancia apremiante”, destacó Melgar en el fallo.

Apenas se metieron en la plaza, los hinchas tricolores sacaron las armas y fueron por un trapo de unos cuatro metros con la leyenda “Santa Lucía”, que estaba atado entre dos árboles en una de las esquinas. En ese momento comenzó la balacera. “Disparé el arma para adelante, sin apuntar pero para adelante hacia donde venían los de Peñarol”, señaló uno de los condenados.  “Estaba muy asustado y no pensé nada… fue como un descontrol… apreté el gatillo… hice 6 disparos con dirección hacia adelante, a abajo, no sé…”, recoge la sentencia.

En el fallo se señala que todos quienes tenían armas de fuego las usaron y dispararon; y que nadie vio simpatizantes de Peñarol armados. Sin embargo, la defensa de uno de los condenados alegó, según la sentencia, que los hinchas de Nacional escucharon detonaciones y abrieron fuego porque se sintieron atacados.

Esa noche, Fiorito, de 20 años, ingresó a una mutualista privada de la ciudad y luego fue derivado a Montevideo, donde murió. Sebastián Enciso recibió cuatro balazos y fue trasladado al CTI del hospital, mientras que un tercer herido se lo derivó al hospital local pero fue dado de alta ese mismo día.

El después

Luego del incidente, los atacantes escaparon por el mismo lugar por donde llegaron, se reunieron en los autos y se volvieron a Montevideo. La bandera que robaron se la quedó uno de los condenados y otro envolvió un arma en ella.

Al día siguiente, la persona que se había quedado con el trapo la prendió fuego para eliminar pruebas, lo que generó la condena de sus pares. “Nos llevamos el trofeo y tiró el trofeo; era el precio de la victoria, eso era lo que había que mostrar… la victoria”, dijo uno de los hinchas en un audio que se transcribió en la sentencia. "Tengo dos litros de nafta. Lo rociamos", recoge el texto sobre otro de los mensajes que se intercambiaron y que eran una presunta respuesta a la decisión de quien quemó la bandera.

Pero no fue lo único. El grave estado de salud de Fiorito y Enciso despertó burlas entre los atacantes.

En el celular de otro de los imputados se encontraron mensajes alusivos: “Defendió el trapo el hdp”; "si se salva, lo van a tener allá arriba"; "hierba mala nunca muere. Es lo que tienen los manyas"; “podría morirse uno aunque sea” y “vale reírse que para llorar están los manyas” fueron algunos de los intercambios.

Además, en las horas siguientes al tiroteo, los hinchas de Nacional empezaron a tejer especulaciones sobre la investigación que en ese momento se iniciaba. En un principio parecía haber cierto optimismo porque aún no se manejaban nombres, pero luego las conversaciones citadas comenzaron a cambiar: "Viste el video que hay, ¿Seba? Se ve bastante claro. Deben tener varios que no salen a la luz". Otro dijo: "Es un lugar lleno de comercios. Los comercios tienen cámaras. El tema es que no se pele la gallina" y la respuesta que recibió fue “si se pela estamos en el horno”.

“Acá la diferencia grande es si intervino investigaciones, inteligencia, o no intervinieron”, subrayaron en otro mensaje. La expectativa era que no hubiera muertos para que el caso se siguiera en el ámbito de la Jefatura de Canelones: “están pintados, están al óleo”, dijo uno de los imputados respecto a ellos.

Sin embargo, Fiorito murió el 4 de noviembre. Diez días antes habían detenido a los primeros sospechosos.

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