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Distopía: la instalación del fotógrafo mexicano Fernando Montiel Klint

Paisajes desérticos, humanos andróginos, construcciones solitarias en medio de la nada y cuerpos con dispositivos digitales son algunas de las imágenes que integran Distopía, la instalación del fotógrafo mexicano Fernando Montiel Klint, recientemente inaugurada en el Centro de Fotografía de Montevideo 

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02 de septiembre de 2019 a las 05:00

[Por Lucía Carriquiry]

Fernando Montiel Klint nació en 1978 en Ciudad de México. En su carrera como fotógrafo ha participado en varias ferias de arte y acaba de llegar a Montevideo con Distopía, un proyecto que viene desarrollando desde hace tres años, tras obtener un fondo del Sistema Nacional de Creadores de México. Gracias a este estímulo se ha dedicado a recorrer varios países de América Latina, donde produjo el 100% del material que forma parte de la exposición –que no solo incluye fotografía digital y analógica, sino también videos, sonidos y neones.

En su obra, el fotógrafo parte del individualismo que surge a través de las nuevas tecnologías y crea próximos escenarios posibles. A través de la muestra, Montiel Klint plantea un posible futuro relativamente cercano (dentro de 30 o 50 años) donde cuestiona temáticas como el cambio climático y sus consecuencias, la relación de la tecnología con el cuerpo humano y la naturaleza, los cambios en la alimentación o el aislamiento social como efecto directo de las conexiones virtuales. La reflexión sobre estos aspectos de la evolución humana, y más, deviene en el boceto de un mundo posible no muy alejado de la realidad actual, donde analiza nuevas formas de comportamiento inducidas por la tecnología.

Ojo latino

Montiel Klint propone una visión del futuro diferente a la que estamos acostumbrados a ver (generalmente proveniente de culturas hegemónicas) y desarrolla una visión latinoamericana sobre cómo será el futuro en este lugar y los humanos que habitarán el territorio. En este posible universo –que evoca virtualidad– existen seres andróginos que desdibujan los límites entre el hombre y la mujer. Se visten con ropas de plástico, se alimentan con pastillas y han insertado circuitos digitales en sus cuerpos. Habitan entre paisajes desérticos y mutados. Están solos. En ninguna de las fotografías que componen esta instalación hay dos o más personas juntas. De hecho, algunas de ellas ni siquiera parecen personas sino robots.

Es un futuro tóxico. Productos químicos y dispositivos digitales han penetrado el cuerpo humano e infiltrado la naturaleza en su totalidad. Lo orgánico deja de existir por sí solo e introduce lo artificial como modo de adaptación. Pero el aspecto de esta toxicidad es rosa, a veces brilla y es atractiva. Es un futuro tóxico, pero dulce. Y aquí es cuando surgen las contradicciones que no solo están presentes en el relato, sino que también definen la forma de esta propuesta artística. La contradicción parece ser un factor constante en la lógica del universo creado: lo bueno y lo malo, lo orgánico y lo tecnológico, lo tóxico y lo bello. La obra parte de lo dual y se instala en un escenario contradictorio: “Paisajes transformados por la industria que está destruyendo el planeta, pero que se ve sumamente bello”, comenta Montiel Klint.

El modo de presentar este futuro tóxico como algo bello es también una manera de exponer el peligro ante el cual nos encontramos. El universo proyectado es una realidad edulcorada, diseñada para gustar, creada para ser consumida. Lo interesante es que ese edulcorante no es ficticio, sino real y perfectamente consumible. Y nos gusta. Estamos entonces ante la contradicción más grande de esta propuesta y que deja en evidencia la ya instalada era de la hipermodernidad que plantea Lipovetsky. En la que entre otras cosas se define el consumo como elemento absorbente de todos los aspectos de la vida humana. El espectador termina haciéndose la idea de un futuro tóxico, sí, pero dulcemente aceptable.

El futuro llegó

El proyecto Distopía cuenta con aproximadamente 200 imágenes, entre otros materiales visuales y audiovisuales, y aún sigue en proceso de creación. La instalación expone algunas de las imágenes, sonidos y videos que componen el proyecto.

La muestra permanecerá disponible hasta el 16 de noviembre de 2019 en el subsuelo de la sede central del Centro de Fotografía de Montevideo (Av. 18 de Julio 885 entre Andes y Convención). Se puede visitar lunes, miércoles, jueves y viernes de 10 a 19:30; martes de 10 a 22 y sábados de 9:30 a 14:30. Más información disponible en www.cdf.montevideo.gub.uy

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