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8 de octubre 2022 - 5:02hs

Don Bragundez se llama Juan Ángel, pero todo el mundo lo conoce como “el Pato Bragundez”. Tiene 61 años y es un productor chacarero de esos que quedan pocos: aunque un día le regalen un tractor –nunca se lo podrá comprar–, no dejará de arar con bueyes, por el amor que le tiene a esos nobles animales, dijo a El Observador.

“En enero cumplí un año como jubilado, pero me dan $ 15.000 y unos poquitos pesos más y eso no alcanza para nada, así que hay que seguir trabajando para tener un pesito en el bolsillo cuando uno sale de casa y se va para las fiestas”, contó cuando se le preguntó sobre de qué vive.

La charla con el protagonista de esta historia se coordinó sobre el mediodía de un lunes, pero se concretó recién luego de la hora 15, “porque arrancamos temprano con el trabajo y acá la siesta acá es algo sagrado”, apuntó.

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Juan Ángel es un tradicional productor granjero. Heredó un campito de “siete cuadras” –son unas cinco hectáreas– sobre el camino vecinal Taje –en Costas de Pando–, entre las rutas 11 y 86.

Allí vive solo, es soltero y la mejor compañía que ha tenido, tiene y tendrá son, afirmó, “mis queridos bueyes”.

Produce, dependiendo de qué momento del año se trate, en los rubros hortícolas cebolla, zapallito, melón, remolacha, boniato y arvejas. Todo, en gestión con un comisionista que le cobra por su servicio y el flete del camión, lo envía para la comercialización mayorista en la Unidad Agroalimentaria Metropolitana (UAM).

“Yo trabajo mucho, pero no lo voy a negar, también disfruto mucho y lo que me da gusto hacer son cosas sencillas: escuchar la radio, porque siempre ando con la cantora prendida, y además me gusta con locura ir a todas las fiestas criollas y a todos los festivales que se pueda, recién estuve en la Fiesta de la Chacra en San Jacinto, ahora acabo de volver de la Fiesta de la Agricultura en Carmelo, son lugares a los que me encanta ir porque hay un ambiente muy sano”, detalló.

Juan Ángel tiene cinco vacas y un toro. Cada tanto le nace un ternero y el destino, cuando está gordo, es la venta particular (mano a mano o en una feria de San Antonio), para obtener un ingreso extra, o carnearlo con un vecino que lo ayuda. Cuando lo hacen, se reparten la carne.

Federico López (IMC) "Pato" Bragundez, en su chacra, en Costas de Pando.

“Coronilla” y “Batalla”

Tuvo bueyes “toda la vida”. Dice que es “una cosa de la cultura del campo que alguien la tiene que seguir”, “una forma de trabajo que se pasa de generación en generación”, que espera nunca muera.

“Si un día me regalan un tractor lo uso, no voy a negar que un tractor es algo precioso, pero nunca voy a dejar a los bueyes que son mucho más que un animal de trabajo”, enfatizó.

Hace poco, como suele pasar en su predio, tenía una yunta de bueyes: “Batalla” y “Coronilla”. Al primero le puso ese nombre porque era especialmente guapo para luchar y salir del barro cuando se enterraba. Al segundo, más joven, de seis años, le eligió el nombre al recordar que así se llamaba un buey de su abuelo.

A Batalla hace poco lo vendió. Tenía 10 años, pero no lo comercializó por viejo, que es el motivo lógico para desprenderse de un buey: era medio haragán, estaba gordo porque era cruza con pampa y cuando hacía calor enseguida sacaba la lengua de cansado y buscaba la sombra.

Ahora tiene solo a Coronilla, pero está buscando para comprarle un compañero y volver a la yunta. “No es algo rápido esto, porque primero no te baja de los $ 20 mil comprar un ternerón y luego está el trabajo que da prepararlo, pero eso uno lo disfruta: alimentarlo, que gane los kilos y dejarlo listo para el trabajo, que sepa cumplir las órdenes”, indicó.

Federico López (IMC) Fiesta de la Chacra.

Ya perdió la cuenta de todos los bueyes que entrenó para el trabajo, siempre con base en algunos secretos que sorprenden: “Hay que ayudarles a que el cuerpo les genere un cayo donde calza la canga, pero no es en cualquier lugar, tiene que ser abajo de un huesito que tienen en la paleta y mientras se le va formando el cayo, para aliviarlo, yo le hago masajes con mi orina”.

Mientras tiene solo un buey, Coronilla, se las arregla para las labores camperas con un pequeño tractorcito que le presta un vecino. “Es un intercambio, el me presta la herramienta y yo le cuido el campo los fines de semana cuando el hombre no está”, dijo.

La tecnología, reconoció, “es algo muy importante y necesario”. Cuando lo usa, el tractor lo ayuda, “pero el buey para pasar entre las cebollas, por ejemplo, es muy prolijo y en el barro también responde porque está preparado, si se entierra sale solo”, comentó.

Juan Ángel usa a Coronilla para, por ejemplo, llevar el tanque de agua de un lado a otro, mover cajones con hortalizas que cosecha del campo al galpón y preparar la tierra para la siembra.

Federico López (IMC) Fiesta de la Chacra.

Federico López (IMC) Fiesta de la Chacra.

La fiesta

Para este productor la Fiesta de la Chacra, que se organiza cada año en San Jacinto, Canelones, “es una cosa preciosa, yo no falté nunca, fui a las cinco que se hicieron y siempre con un buey”.

La quinta edición se realizó en setiembre, en el Centro de Educación Rural de San Jacinto, donde mediante múltiples actividades se valorizó la cultura chacarera canaria.

Destacó que le da orgullo y emoción ir a esa fiesta, que la gente lo pare y le pregunte por sus bueyes, que los niños se quieran sacar fotos con los animales y con él, que la gente de la ciudad consulte por cada cosa que el buey tiene: la canga (sobre la cabeza) o el bornal (una especie de bozal que le permite respirar con comodidad pero evita que se ponga a comer mientras trabaja).

La gente, los gurises, no creen todo lo que el buey hace, que el buey era lo único que había cuando no existían los tractores y la fuerza que tiene el animal, para demostrarlo le puse una rastra de madera y llevé con un buey de tiro a toda una familia arriba de la rastra”, recordó.

Federico López (IMC) Fiesta de la Chacra.

Las órdenes 

 
Juan Ángel contó que ya tiene mucha experiencia en la tarea, pero que sigue disfrutando cuando agarra un vacuno nuevo y lo entrena.
“Hay que engordarlo para que tenga fuerza, por eso les doy lo mejor: avena, alfalfa, maíz y mucha agua”, dijo.
Un aspecto clave es que el buey aprenda a recibir las indicaciones: “dale” (para que arranque a cinchar); “ooooo” (para que pare); “ceja” (para que gire a la derecha); “vuelta” (para que gire a la izquierda). 

 

Federico López (IMC) Fiesta de la Chacra.

Un amigo

“El buey es un amigo, es un gran compañero que uno tiene, yo vivo solo, así que imaginate... hasta hablo con el buey, le cuento cosas”, mencionó Juan Ángel en un momento de la charla.

Cuando tiene que vender un buey, porque ya es viejo o no le sirve como lo necesita y no le queda otra, porque precisa la plata para comprar otro vacuno más joven, siente un dolor en el alma que le cuesta definir y hasta le han dado ganas de llorar. Eso le ha pasado, le pasa y la pasará, admitió.

Federico López (IMC) Fiesta de la Chacra.

Federico López (IMC) Fiesta de la Chacra.

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