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Donald Trump pone la mira en Brasil

La negociación, y en especial la relacionada al comercio, parece darle a Trump beneficios en dos sentidos: legitimidad y cumplimiento

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08 de octubre de 2018 a las 05:00

Por Nicolas Albertoni, especial para El Observador

Tras concluir la renegociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan) y rebautizarlo como el nuevo Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá (Usmca, por su sigla en inglés), Donald Trump parece decidido a continuar usando el comercio como una herramienta para poner en práctica sus discursos de campaña.

Sucede que la negociación, y en especial la relacionada al comercio, parece darle a Trump beneficios en dos sentidos: legitimidad y cumplimiento. Dos características que necesita de forma urgente a pocas semanas de las elecciones legislativas de medio término que podrían cambiar el tablero político hasta el fin del mandato. 

El comercio se consolida cada vez más como una herramienta de buen retorno político, principalmente, para los nacionalismos: genera buenos titulares de prensa que subrayan la defensa de “lo nuestro”, pero al mismo tiempo es un área en la que el votante promedio se puede perder fácilmente en los detalles. Por ejemplo, si uno analiza en profundidad el texto del nuevo Tlcan (ahora Usmca), en términos generales, contiene aquello que el propio Trump rechazó en el marco del Acuerdo Transpacífico de Comercio (TPP), del que se retiró a las pocas horas de asumir la presidencia. Una crítica válida que podrían hacer los demócratas es que, de haber avanzado con el TPP, EEUU podría haber obtenido mejores retornos porque no solo estaría negociando con sus socios del Tlcan, sino también con las otras nueve economías que forman parte de aquel acuerdo, lo que le serviría también para hacer un contrapeso a China que no participa en el TPP. Estos detalles, para nada menores, no son percibidos por el votante promedio. Por esta razón, incluso los senadores demócratas más interesados en los temas de política internacional tampoco ponen sobre la mesa estos debates porque se diluirían muy fácilmente en la narrativa política.

Lo cierto es que, tras concretar un paso como fue el de revisar el Tlcan, Trump parece decidido a dar otro más y abrir un nuevo frente de batalla. Esta vez, con Brasil.

Hace pocos días, el presidente Trump señaló en conferencia de prensa que su próximo objetivo será Brasil, país al que definió “entre los más difíciles, tal vez el más difícil del mundo”, para hacer negocios. Y subrayó: “Es una belleza. Nos cobran lo que quieren”, aludiendo a que Brasil trata “injustamente” a las empresas estadounidenses.

¿Por qué Brasil? En primer lugar, Brasil tuvo un superávit comercial de US$ 2.060 millones en 2017 por intercambios comerciales con Estados Unidos, y sus exportaciones sumaron US$ 26.872 millones y sus importaciones por US$ 24.846 millones. 

Si uno a analiza la lista de los principales socios comerciales de EEUU, era de prever que tras concluir la renegociación del Tlcan el siguiente en la lista de países a confrontar sería Brasil. Los principales 20 socios comerciales del país del norte están compuestos por los miembros del Tlcan, Europa (con quien ya tiene un frente abierto) y países asiáticos (con quienes también ya inició la batalla hace tiempo, especialmente con China). El siguiente en la lista es Brasil. 

¿Por qué una batalla con Brasil sería diferente? 

El caso de Brasil es muy diferente a los frentes que EEUU tiene abiertos con otras economías. En primer lugar, el comercio de Brasil con el resto del mundo se da –técnicamente, más allá de las diversas “perforaciones” a la reglamentación– bajo el marco normativo del Mercosur, que es una unión aduanera que aunque imperfecta es una unión al fin. Por tanto, de generarse un conflicto comercial es bien posible que países como Argentina, Uruguay y Paraguay se vean afectados debido al encadenamiento productivo existente.

No es un escenario remoto pensar que, al detectar esta característica del comercio brasileño, Trump sugiera que entonces se revise el comercio con Mercosur. 

Es muy posible a su vez que la estrategia de poner el escudo del Mercosur surja de los propios estrategas políticos de Itamaraty para diluir la confrontación bilateral y poner a Argentina como aliado –institucional– de Brasil. De concertarse esta táctica diplomática de parte de Brasil, la cercanía de Trump con Mauricio Macri podría ayudar mucho a descomprimir esta situación.

Asimismo, habrá que ver si Argentina esta dispuesta a gastar un “cartucho” de su cercanía a Trump dados todos los frentes de economía doméstica que tiene por delante. 

En términos generales, la principal diferencia de Brasil con otros mercados con los que Trump pidió revisar el comercio (por ejemplo, Corea y Japón) es que con el país del sur no existe un acuerdo comercial vigente. Y sin un marco normativo bilateral es muy difícil sentarse a negociar.

Lo mismo le sucede hoy a China. Una de las principales razones del nulo avance de las conversaciones bilaterales entre EEUU y China es que justamente no existe un acuerdo vigente que ayude a marcar una agenda y darle claridad al debate. Con el Tlcan fue diferente, la agenda para renegociar fue el propio acuerdo. 

Ya sea desde Brasil o el Mercosur en general, se debe seguir de cerca estos movimientos hasta incluso anticiparse (como prefirió hacer India). Hoy EEUU es el segundo destino de colocaciones del Mercosur, representando en 2017 cerca del 15% de las exportaciones totales del bloque. Si es que aún no sucedió, parecería razonable que las cancillerías y sus respectivos departamentos comerciales de los países del Mercosur tomen contacto para armar un plan de ruta y anticiparse a los hechos. En estos casos, resulta clave estar preparados y negociar para después no tener que curar.

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